Análisis
Hora de tomar decisiones: ¿debe seguir Lisci en Osasuna?
Al técnico italiano le queda un año de contrato, pero su gestión le ha hecho ganarse el suspenso: no ha conectado con una afición que está pidiendo su salida


Publicado el 24/05/2026 a las 08:49
Llega el momento de tomar decisiones en un Osasuna que ha visto seriamente comprometida su permanencia y, con ello, su proyecto deportivo y económico, amén del daño emocional que hubiera supuesto a una hinchada que ha estado muy por encima del rendimiento del equipo. El salvavidas de liberación fue el Elche después de una vergonzosa actuación en Getafe.
La primera incógnita que debe resolverse es el futuro de Alessio Lisci, al que le queda un año de contrato y que está muy marcado después de lo ocurrido no solo ayer sino durante el desarrollo de la temporada. Sus ideas no cuajaron en la primera vuelta, se remontó el vuelo en la segunda con un estilo más propio de lo que ha sido Osasuna siempre y, una vez que creyó que tenía la permanencia en el bolsillo, el declive ha sido tremendo.
Nueve puntos de los últimos 39 después de haber ganado al Real Madrid y cero de los últimos 15 es la lamentable cosecha de un equipo que entró en caída libre sin que su entrenador supiera hacer nada. Su mensaje no ha llegado a una afición que ya está pidiendo su salida y parece que su conexión con el vestuario se ha tambaleado viendo el escaso apoyo público con el que ha contado. Encontrar ayer una imagen suya abrazado a algún jugador no era sencillo.
A Lisci le han superado los acontecimientos. En el campo, su campaña fuera de casa ha sido un despropósito. No hay que darle más vueltas. Al equipo le ha salvado en buena parte El Sadar, que le ha dotado de los estímulos y adrenalina que no le llegaban desde el banquillo. La plantilla, de poca rotación durante la temporada, ha terminado desgastada de fuerzas mentales y físicas.
En la sala de prensa tampoco ha estado acertado, entre quejas arbitrales que no han tenido seguimiento por parte parte de nadie y mensajes equivocados, como el que daba por hecha la salvación hace un mes, el que le gustaban las emociones fuertes para vivir el fútbol antes de recibir al Espanyol o, el último, el que su deseo era haber perdido tiempo en Getafe para terminar más tarde que el partido de Girona. Ahí se vio la confianza que tenía en sus jugadores. En definitiva, la autocrítica no ha existido entre palabras vacías, sin olvidar que ha sido el entrenador que menos ha tirado de la cantera desde los tiempos de Diego Martínez.
Lo que en otras situaciones hubiera sido una permanencia para celebrar, por ese dramatismo con final feliz, esta vez toca emplear el tiempo en explicar qué le ha pasado a un grupo que por nivel estaba llamado a quedar más arriba y ofrecer otra imagen. Otro capítulo será abordar la regeneración necesaria, pero antes que nada el club debe considerar que Lisci no puede seguir siendo el entrenador. Es mejor hacerlo ahora que en noviembre.
El futuro inmediato debe pasar también por cerrar la renovación de Kike Barja, que en esta situación dramática, también en el campo, ha sabido interpretar con sentimiento su osasunismo. Capitanes como él, o como Alejandro Catena, acertado igualmente con sus palabras, deben sostener un vestuario necesitado de líderes para tirar del carro en situaciones adversas.