Getafe 1-0 Osasuna
La celebración más extraña
Osasuna comparte el alivio con un grupo pequeño de aficionados en una noche tensa


Publicado el 24/05/2026 a las 08:33
La alegría de Osasuna, pese a la quinta derrota seguida, fue casi en soledad en Getafe ante la falta de entradas visitantes por las obras del Coliseum, visibles en tres de las gradas. Una jornada de emociones a flor de piel que tuvo final feliz, con un suspense tremendo, y que estuvo acompañada por los ánimos de la hinchada fuera del estadio. Hubo aficionados sin entrada dando el último aliento, algunos residentes en Madrid, e Indar Gorri protagonizó un recibimiento sorpresa en Barajas. Osasuna no estuvo solo, pese a las dificultades, un tanto surrealistas teniendo en cuenta que se jugaba la vida. Al otro lado, un ambiente de gala en Getafe, que casualmente celebra sus fiestas.
La mecha que se prendió el viernes en El Sadar tuvo continuidad ayer. Aroma de día grande. Recibieron apoyo en Noáin y a su llegada al Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, donde hubo una representación de Indar Gorri.. “Había que hacerlo y se ha hecho”, difundieron. Se desplazó toda la plantilla, incluido el lesionado Víctor Muñoz y el sancionado Iker Muñoz.
Entradas y camisetas rojas
Pese a que no se remitieron entradas por las obras del estadio habrá una mínima representación de osasunistas en la grada, aunque en condiciones normales se habría vivido un desplazamiento masivo como ocurre siempre en grandes ocasiones. Osasuna tratará de evitar el descenso en la última jornada en una noche de emociones fuertes.
En un día marcado y con el ambiente eclipsado por la falta de localidades, la única forma de estar en el Coliseum fue a través de las entradas de cortesía remitidas al club, una vía que Osasuna intentó ampliar sin éxito. Las gestiones para intentar obtener entradas tuvo una respuesta negativa, ya que el Getafe cuenta con más abonados que localidades por los trabajos. También hubo quienes se hicieron con una entrada por su cuenta, pese a que la entidad azulona anunciara que expulsaría a los abonados que cedieran o vendieran su asiento. El partido había sido declarado de alto riesgo. Hubo avisos policiales de que los osasunistas no podían entrar con su camiseta, pero se vieron en la grada a cuentagotas.
El punto álgido se vivió con la llegada de los autobuses. El de Osasuna llegó entre los gritos de un grupo pequeño de seguidores y los jugadores golpeaban los cristales en señal de ánimo. Al bajar, gestos de concentración y puños en alto. En Getafe hubo movilización para recibir a su equipo y el pasillo al autocar, entre bengalas y papel higiénico.
La cuenta atrás terminaba para dar paso a una noche de esas que se quedan para siempre en el imaginario colectivo de Osasuna. Sufrimiento por bandera. La espera viendo el Girona-Elche queda para la historia. Salvación agónica que no se había ganado con al menos un punto en Getafe. Las lágrimas fueron de alivio.