Reconocimiento

Pepe Alzate: "El homenaje de El Sadar supone mucho para nosotros"

El director de un equipo legendario, el de los ‘indios’, recuerda con emoción el sentido reconocimiento de la afición antes del Osasuna-Betis y los hitos de una época clave en el salto y asentamiento del club en la elite

Pepe Alzate, en el centro de la imagen, junto a aquel equipo histórico, homenajeado este domingo en El Sadar
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Pepe Alzate, en el centro de la imagen, este domingo en El Sadar. A su derecha, Mina, Martín e Iriguíbel y a su izquierda, Echeverría y BayonaJ.C.CORDOVILLA
Pepe Alzate, en el centro de la imagen, junto a aquel equipo histórico, homenajeado este domingo en El Sadar

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Gorka Fiuza

Actualizado el 13/04/2026 a las 21:34

De traje y corbata saltó el domingo al césped de El Sadar Pepe Alzate en un día señalado, con las emociones a flor de piel por el homenaje del osasunismo a sus ‘indios’, aquel equipo que logró un ascenso en 1980 que cambió la historia posterior del club. El homenaje puso en valor el salto a la elite que se ha disfrutado después. A sus 83 años desprende energía, nostalgia por un pasado “maravilloso” y agradecimiento por la ovación que dedicó el estadio a quienes fueron sus jugadores y a él por ese ciclo desde 1979 a 1983. Alzate, que ve “muy bien” al actual Osasuna tras una “crisis” inicial, guarda como oro en paño en la cabeza su método revolucionario y, desde el domingo, el merecido abrazo de la afición.

¿Qué siente después del homenaje? 

Fue un exceso de emoción. Esto nos coge con 83 años y supone recordar un tiempo pasado bueno. Tengo amistad con todos los jugadores, tengo a todos a favor. No terminábamos de darnos abrazos, de recordar anécdotas. Este reconocimiento supone mucho para nosotros.

¿Qué se le vino a la cabeza? 

El recuerdo de cuatro años con ellos maravillosos. Fue una etapa extraordinaria. Aparte de estar en Primera conseguimos el cariño de la afición. Generamos una gran conexión. Fue un reconocimiento que salió del alma, noté que no era por compromiso. Salió ese espíritu osasunista en su máxima expresión. Sentí la gran ovación, se le tiene un gran cariño a aquel equipo.

¿Ha cambiado mucho El Sadar a pie de campo? 

El Sadar de ahora es mucho mejor, antes se escapaba el ruido. El público es muy favorable siempre, es incalculable lo que produce. Yo lo he vivido con 32.000 personas, pero con la estructura tendría el doble de sonido.

¿Le recuerdan mucho la etiqueta de los indios? 

Siempre me lo han dicho, pero el domingo fue en masa. Fue una alegría enorme que todo el campo lo reconociera y que todo el mundo disfrute de ese pasado.

¿Qué tenía aquel equipo de los indios de Alzate? 

Trabajábamos dos o tres sesiones diarias. Estuve un año (en el final de la temporada 75-76) antes de esos cuatro posteriores y fue un fracaso enorme. Se puso enfermo el entrenador (Luis Ciáurriz) y me tuvieron que poner a mí porque por contrato ponía que tenía que ser yo el entrenador. Y bajamos a Tercera División, claro. Había una mala forma de trabajar en todos los sentidos.

¿Cuáles fueron sus cambios? 

Sobre todo reeducar a los jugadores. Quité las concentraciones, que en realidad eran descentraciones. En el hotel había muchas distracciones y tenía incidencia en el rendimiento deportivo. Me hicieron caso. Había que tener una formación para el que estudiara y ser profesional.

¿Qué legado dejó el equipo? 

Muchas cosas positivas, sobre todo una economía saneada. Se hizo Tajonar gracias a ello. El presidente (Ezcurra) me preguntó qué fichajes quería y le dije que lo necesitaba era campos para hacer jugadores. Educarlos con la filosofía osasunista, con el estilo del norte e indetectable para el contrario. Movernos como los indios no era una casualidad, era algo trabajado durante la semana para distraer al adversario. Siempre teníamos la iniciativa. Los equipos grandes eran muy superiores pero los desorientábamos nosotros. No lo ganábamos todo pero nuestra premisa era tener la iniciativa.

Fueron muy fuertes en casa. 

El Sadar es especial, reconoce el esfuerzo y empuja al jugador. Es que no hace falta pedirles ayuda, lo provocas desde el juego. El público llegaba con dos horas de antelación porque es que podíamos marcar en cualquier momento. Siempre había resultados con goles.

Aquel ascenso cambió la historia de Osasuna. 

Totalmente. Siempre he dicho que fue un antes y un después. Cuando llegué impuse que cada jugador tuviera su balón, que no tuvieran que gestionar eso. ¿Cómo vas a jugar al primer toque si no hay balones suficientes? Y se debía trabajar el aspecto físico con balón. Otro ejemplo: cuando jugábamos contra los grandes les decía que quien se sintiera inferior que me lo dijera. Si no es que estaban dispuestos a dejárselo todo. Teníamos juventud y experiencia, pero muy bien trabajado.

¿Cómo fue entrenar al mítico tridente Echeverría, Iriguíbel y Martín? 

Para mí todos eran iguales. Mi mayor virtud era entender al que no jugaba. Al protagonista le das lo que quiere pero al que se queda en el banquillo le tienes que ayudar, si no te va a odiar.

¿Recuerda algún momento especial? 

Ganarle a los grandes. Un 3-2 al Barcelona y era campeón si empataba, al Real Madrid también le ganamos. Ponía énfasis en llevar la iniciativa. Nuestra táctica eran esos cambios de posición. De ahí la denominación de Paquito, que parecíamos los indios en la pradera y aparecíamos en los altos y en los bajos. Me quiso seguir la táctica para combatirme y no le dejaba. Era compañero en la Escuela Nacional de Entrenadores. Él me pedía con cariño que le contara la táctica. No se lo podía decir.

Aquello era una fórmula secreta. 

Era muy difícil. Había que arriesgar y convencer a los jugadores. Cada jugada tenía una evolución diferente. Si el balón lo tenía el portero y el último saque del adversario era por la izquierda empezábamos por la derecha a toda velocidad. El lateral derecho ya se desmarcaba rápido. Iba a ser el primero en recibir. Íbamos al sitio más anormal, eran engaños. Y yo les decía a mis jugadores que dijeran que estaban cansados y que hablaran mal de mí. Entonces no había cambios.

¿Cuánto ha cambiado el fútbol? 

Muchísimo. Veo más partidos ahora que cuando era profesional. Lo veo todo. Hay mucho que mejorar. Por ejemplo las áreas en los córners. Es un desastre. Muchos equipos son un espectáculo. Hay dos o tres penaltis, hay que poner una norma para controlar esos contactos. Cada jugada es una guerra. Se está rompiendo la belleza del fútbol.

¿Le gusta este Osasuna? 

Sí, mucho, también digo que en mis manos sería muy diferente. Pero no estoy para trotes. El delantero, Budimir, es una verdadera joya. Y hay muy buenos jugadores. Pero con mi sistema estoy convencido de sacarle más rendimiento, a este equipo y al de otros años.

¿Cree que es aplicable ese método al fútbol actual? 

Sí. Desorientaría mucho. Ahora están jugando todos igual. Los entrenadores a veces convierten el fútbol en una guerra entre ellos y el jugador. Se castiga el error y el fallo es inherente al juego. El Barcelona es el único que juega con alegría en ataque, son los que mejor lo hacen.

¿Qué jugador del actual Osasuna se adaptaría mejor a los indios de Alzate?

Cualquiera, todos se adaptarían. Pero es un sueño, una hipótesis. Todos son disciplinados. Pero al futbolista también hay que dejarle tomar decisiones, que disfrute, el fútbol es para disfrutar. Y traté de inculcar una mentalidad de pensar en el gol, desde el delantero hasta el portero.

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