Osasuna
Un vestuario liberado
La reacción de Osasuna se explica desde diferentes claves, entre ellas que los jugadores no hayan dado la espalda a Lisci


Publicado el 22/12/2025 a las 05:00
Alivio. Es la palabra que podría definir la sensación que ha quedado en el vestuario y en el club tras haber ganado al Alavés. El triunfo era necesario y hacerlo así ha inyectado una dosis de tranquilidad para el parón navideño. Se ve de otra forma. El descenso no aprieta tanto, pero por encima flota la creencia en un bloque que ha podido reaccionar en un momento clave.
Ese sentimiento de respiro se manifestaba en cómo fue la celebración: a pie de campo, con Sergio Herrera como punta de lanza; en el vestuario, como atestiguó el vídeo del club, con Braulio en la puerta repartiendo felicitaciones; y sin salir de ahí, con la foto de grupo para las redes sociales, una imagen que hacía tiempo que no se tomaba. Las caras de felicidad marcaron esos minutos de emociones en El Sadar. Hacía una década que no se conquistaba un triunfo tan holgado en casa.
RECUPERACIÓN DE LOS JUGADORES LESIONADOS
No había tenido Osasuna suerte con los problemas físicos en una temporada en la que cambiaba el método con la llegada de Lisci. Aimar Oroz y Rosier estuvieron fuera un tiempo largo, lo que obligó a perder a Moncayola para el centro del campo. Budimir y Torró, dos hombres capitales, también atravesaron problemas. De los llamados titulares, solo faltaba Boyomo en la última jornada.
EL AJUSTE TÁCTICO DE CORTAR LAS TRANSICIONES
Se había detectado un problema que el propio técnico no ocultaba en sus comparecencias. Este era el alto número de goles que se estaban recibiendo en las transiciones defensivas. Osasuna ha querido ser un equipo más agresivo en este sentido y no quedarse tan expuesto. Mientras, se ha mantenido la fortaleza para defender el área, también a balón parado.
DETALLES QUE CAÍAN SIEMPRE EN CONTRA
El sábado, Toni Martínez falló el mano a mano con Herrera, que estuvo providencial. Hubiera sido el 0-1. Pero esta vez la moneda salió cara. La temporada venía torcida en esos pequeños detalles. Para recordar, las ocasiones que falló Catena contra el Espanyol, la de Budimir que salvó Oblak en el Metropolitano o el penalti que marró el croata a lo Panenka contra el Celta para haber ganado. Tampoco anduvo Raúl afinado el día de la Real. Con los arbitrajes, tampoco hubo fortuna: roja a Bretones injusta en el Bernabéu; penaltis no pitados a Víctor en Cornellá y a Raúl en La Cerámica; el discutido que a Boyomo en Mallorca tras una clara infracción previa a Aimar; o el gol anulado a Herrando en el Camp Nou tras una rigurosa falta de Catena que dio que hablar. También hubo errores propios muy groseros.
UN VESTUARIO QUE HA ESTADO CON LISCI
Lisci ha pagado el peaje sin que el equipo funcionara como él quería. No sacar resultados positivos agarrotaba sus planteamientos, con ese miedo a la derrota. Aparecieron las dudas. Pero el vestuario nunca le ha dado la espalda. En los partidos importantes se ha demostrado la ambición por salvar la situación: así se explica la reacción tras el 2-0 en Mallorca o las salidas en tromba en El Sadar contra el Levante y el Alavés. La imagen contra el Barcelona fue también positiva. Se ha recuperado la autoestima para creer en las ideas del entrenador.
LA COPA ACTIVA A TODOS LOS JUGADORES
El técnico romano ha apostado en Liga por un bloque de jugadores, dentro de una plantilla corta. Pero la Copa ha revitalizado a todos aquellos que estaban contando con menos oportunidades. Enchufar a todos es una misión importante para superar los baches más complicados. Osasuna ya ha pasado tres rondas y está en octavos.
ROMPER EL MURO DE LAS SEGUNDAS PARTES
Los fantasmas no dejaban de aparecer. Osasuna estaba en puntos de Champions sumando solo los primeros 45 minutos, y luego sus números eran rojos. Se producía ese declive en todos los sentidos: anímico, físico y táctico. El sábado caía ese muro con un equipo más intenso que produjo más ocasiones y marcó tres goles.
SIMPLIFICAR EL JUEGO: MÁS CENTROS AL ÁREA
Cada maestrillo tiene su librillo. Lisci vino con una idea y trabaja muchísimas horas al día en Tajonar para mejorar el rendimiento de los jugadores y analizar a los rivales junto a sus ayudantes. Pero hay un aspecto importante que tiene que ver con la identidad de Osasuna. El equipo había bajado su producción de centros esta campaña y en los últimos encuentros se ha recuperado esa seña de identidad. Presionar alto despierta la adrenalina de la grada, que aprieta cuando el equipo embotella a su rival. Así ha sido siempre, con esos inicios en cada periodo que están marcando territorio.
RECOBRAR EL CARÁCTER: CATENA Y HERRANDO
Osasuna siempre ha sido un equipo de raza y para eso se necesitan jugadores en el campo que la tengan. El sábado contra el Alavés Catena y Herrando sacaron esa vena para poner las cosas en su sitio con jugadores rivales y contagiar a sus compañeros y grada.
DE HERRERA A BUDIMIR: EL VALOR AÑADIDO
Lo que ha distinguido a Osasuna todos esos años ha sido el bloque, que de nuevo emerge para tirar del carro. Pero también las individualidades cuentan. Que Herrera y Budimir aparezcan es fundamental para los éxitos del equipo.
La celebración, desde dentro: Herrera vuelve a tomar el mando
La euforia se desató a pie de campo entre los jugadores de Osasuna, en la victoria más contundente e importante de la era Lisci. Sergio Herrera llevó la voz cantante en el centro del campo para agrupar a sus compañeros, como ya hizo hace un mes para organizar una especie de conjura cuando el equipo parecía haber tocado fondo al perder contra la Real. El sábado la plantilla volvió a hacer un círculo y el portero tomó la palabra. “Hay que seguir igual, chicos. Enhorabuena a todos, a disfrutar de la familia y de los amigos. Nos lo merecemos”, expresó uno de los pesos pesados del vestuario, tal y como quedó reflejado en unas imágenes difundidas por el club. “¡Bien hablado!”, gritó Alejandro Catena, uno de los que se mostró más enérgico durante el partido, mientras miraba entre carcajadas a Kike Barja, el capitán. El extremo fue uno de los que buscó enseguida Herrera al grito de “capi” para compartir celebración. Era un día marcado en rojo en el calendario y la liberación mostrada por los jugadores evidenció la necesidad de triunfo. Al tradicional cántico de “Somos un equipo” no faltó incluso el lesionado Iker Benito, quien va dando pasos en su recuperación. Fue la primera gran alegría de esta temporada.