Tribuna

¿Qué han hecho los romanos por nosotros?

Corresponde al nuevo míster que el equipo siga alimentando el Risorgimento y consolide el idealismo unificador de un Osasuna confortablemente asentado en primera y con aspiraciones europea

Alessio Lisci, este sábado en Tajonar
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Alessio Lisci, este sábado en Tajonar
Alessio Lisci, este sábado en Tajonar

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José Francisco Alenza García

Publicado el 14/07/2025 a las 05:00

Dos mil cien años después de que Cneo Pompeyo fundara Pompaelo civitas llega a nuestra ciudad el primer entrenador italiano de Osasuna. ¿Qué puede hacer el romano Alessio Lisci por Osasuna? Para responder esa cuestión me voy a guiar por las principales aportaciones que Italia ha dado a la civilización.

Como enseñó la película La vida de Brian, hasta los más radicales opositores al dominio romano de Judea reconocieron que Roma había hecho muchas cosas (acueductos, alcantarillado, carreteras, enseñanza, sanidad, baños públicos, orden público, vino…). En Pompaelo, o ciudad de Pompeyo, también se construyeron todas esas cosas de romanos (alcantarillado, foro, baños públicos, carreteras). Sin embargo, el mayor legado que Roma ha dejado a la civilización occidental ha sido su Derecho, pues permitió una próspera organización social basada en una ciudadanía con derechos y, también, con deberes hacia la República y el Imperio.

Corresponde a Lisci, como primera misión, lograr una organización sólida del equipo, en el que las individualidades puedan desarrollarse con libertad, pero siempre al servicio del bien común. Orden y estructura harán más eficientes los esfuerzos de los jugadores, reducirán el riesgo de las rachas de resultados negativos y potenciarán el acierto de nuestros más brillantes jugadores.

El humanismo y el Renacimiento también son creaciones esencialmente italianas. Revalorizaron la dignidad del ser humano. Propiciaron la confianza en la inteligencia humana, secularizaron el conocimiento e impulsaron el compromiso cívico de los ciudadanos. Además, crearon una nueva sensibilidad artística, generando un insuperable concepto de belleza como forma elevada de la expresión humana.

Me gustaría que el Osasuna de Lisci desarrollara un fútbol con valores humanistas; que defendiera la identidad navarra con orgullo, sin ser excluyente; que destacara por la deportividad y el respeto a los rivales; que fuera elegante en la victoria y tolerante en la derrota (todo lo contrario de quienes presumen de señorío y de seny). Y, en la medida de lo posible, que todo ello se reflejara en un juego con cierta estética, que no fuera resultadista y no olvidara que el fútbol es, ante todo, un juego para divertir a quienes lo juegan y a quienes lo ven. En definitiva, que no se ensucie la pelota, ni dentro ni fuera del campo.

Otra destacada aportación italiana fue el Risorgimento: el movimiento cultural e ideológico que impulsó la unificación italiana, con un nacionalismo moderno basado en las ideas de libertad, igualdad, justicia y una soberanía popular que implicaba a los ciudadanos en el gobierno y la administración del nuevo Estado.

Osasuna ha tenido su propio Risorgimento. Tras el saqueo de las arcas del club por Archanco y compañía que lo dejó al borde de la desaparición, Osasuna no ha dejado de crecer institucional y deportivamente. Corresponde al nuevo míster que el equipo siga alimentando ese risorgimento y consolide el idealismo unificador de un Osasuna confortablemente asentado en primera y con aspiraciones europeas.

Una de las creaciones italianas del siglo XX fue el cine neorrealista que enalteció la dimensión social de la vida cotidiana y dignificó la lucha del hombre común. Osasuna es uno de esos clubes que representa una crítica neorrealista al fútbol moderno de marketing y postureo, sometido a los clubes-Estado, que impone horarios insufribles y calendarios manipulados, para finalmente ofrecer un fútbol espurio y sin identidad. Osasuna encarna el tipo de club modesto que lucha por sobrevivir honestamente en ese contexto hostil dominado por los fondos de inversión, las plataformas televisivas y las organizaciones internacionales de corte feudal. 

Debería Lisci inspirarse en el espíritu neorrealista. Debe saber que los aficionados rojillos valoramos el fútbol auténtico y sincero; que sabemos encontrar belleza en el juego honrado; que somos comprensivos con los errores, y que premiamos el esfuerzo y el compromiso más allá del resultado.

Otra notable contribución italiana ha sido un diseño industrial de estilo elegante, innovador y funcional. Ya nos hemos beneficiado de ese diseño italiano al relevar la desalmada, indolente y despersonalizada Adidas por la más empática, original y singular Macron que, desde Bolonia, está acertando al incluir en las camisetas de Osasuna diversos motivos identitarios. Ojalá Lisci sepa inculcar al equipo un estilo atractivo que, si bien no podrá ser opulento ni lujoso —no nos da para Ferraris y Versace—, sí puede resultar divertido, elegante y funcional como una Vespa o… como Macron.

Gnaeus Pompeius fue apodado el Grande (Magnus) por sus destacadas victorias militares en África, que le llevaron a ser el hombre más joven en celebrar un triunfo (a la edad de Aimar Oroz). A una edad igualmente temprana (la de Sergio Herrera) fundó Pompaelo civitas tanto por motivos tácticos como políticos (era una muestra de prestigio personal que evidenciaba que además de potestas gozaba de auctoritas). La victoria en Hispania le sirvió para llegar muy pronto al consulado (con la edad de Budimir) y convertirse posteriormente en uno de los hombres más poderosos de Roma.

La llegada del entrenador romano a Osasuna ha sido tan celebrada como la de Pompeyo a Hispania. Su atractivo y valiente estilo de juego, su perfil de entrenador formativo que confía en la cantera, y su juventud y expresividad han generado ilusión y optimismo en la afición. Ojalá se confirmen esas buenas sensaciones y nuestro imperator llegue a ser conocido, por las victorias logradas con Osasuna, como Alessio Lisci Magnus.

José Francisco Alenza García es Catedrático de Derecho Administrativo de la UPNA

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