Historia de Osasuna
El partido que paralizó Pamplona hace 100 años
Se cumple un siglo de un acontecimiento que convulsionó la ciudad. Osasuna jugó en San Juan un encuentro amistoso contra Boca Juniors con motivo de una gira de los argentinos, ya por entonces en la primera magnitud internacional


Publicado el 17/04/2025 a las 05:00
Rebobinando un siglo atrás por estas fechas, el aficionado de Osasuna sentiría el gusanillo de asistir a un encuentro de fútbol que marcó un hito en la historia del club. La gira de Boca Juniors hacía parada en Pamplona, que se volcó para recibir a los argentinos primero y asistir al amistoso en San Juan después.
“Era de ver el gentío inmenso que desde las dos y media de la tarde empezó a fluir por el Paseo Sarasate, Calle Mayor y cuantas vías conducen al pintoresco barrio de San Juan. En coches, autos, a pie, en fin, toda nuestra afición se dirigía al terreno osasunista, anhelosa de apreciar el gran juego que según sus admiradores poseía el team (sic) argentino y la labor de los rojillos frente a tan temibles rivales”.
Así se contaba en estas páginas cómo transcurrieron las horas previas a un partido jugado el 19 de abril de 1925 que terminó con victoria por la mínima de Boca Juniors. “La animación era tanto o más grande aún” que en cualquier partido de Osasuna, que competía entonces dentro de la Federación Guipuzcoana y tenía menos de cinco años de vida.
LA LLEGADA TRIUNFAL
Las crónicas reflejaron que llegaron aficionados de Tafalla, Tudela, Estella, Aoiz o Logroño. “Las inmediaciones del coso de nuestra primera sociedad presentaban un brillantísimo aspecto”, se contaba como prueba de la convulsión que hubo por un deporte que iba creciendo. Sonó por las calles la música de la Pamplonesa, entre marchas y pasodobles.
Boca Juniors llegó el miércoles 15 de abril. Una representación municipal y de la sociedades deportivas de Pamplona les recibió en la estación del Plazaola.


Dicen las fuentes escritas que se formó una comitiva de coches vistosa, lo que en aquellos tiempos era un espectáculo, para llegar a la casa consistorial. El alcalde en funciones era Eugenio Lizarraga les dio la bienvenida, a los que respondió con agradecimiento “el señor Decap”, representante de Boca y que había gestionado los partidos en España. Como curiosidad, él se encargó de dirigir el partido en San Juan, no sin polémica por algún penalti que escamoteó a Osasuna.
Hubo aperitivo y ovación para los argentinos en ese recepción, más todavía cuando se abrieron las puertas del balcón y vieron la multitud que había ahí abajo. Como si de un 6 de julio se tratara en los años posteriores.
Al día siguiente hubo entrenamiento en San Juan, antes de visitar la Catedral y otros edificios. Por la tarde presenciaron un partido de remonte en el Euskal Jai. Y a la noche, se les ofreció en el Gayarre una función en su honor.
En la víspera del partido, el sábado, el vicecónsul de la Argentina en Pamplona, Francisco Astiz y López de Goicoechea, entregó al equipo bonaerense, como recuerdo de su visita, una copa con esta dedicatoria: “Al Boca Juniors, en recuerdo de su brillante actuación con Osasuna”.
COLAS POR LAS ENTRADAS
Las entradas se despachaban “en el salón limpiabotas del señor Soler”. También se adquirían en la caseta que, frente al Iruña, se utilizaba para vender localidades para los toros. El domingo por la mañana se vendieron en los locales del club. Hubo colas para conseguirlas. “Esto está que arde. No ya en las peñas deportivas, sino allá donde se reúnen varias personas, el tema predominante de sus conversaciones es el importantísimo partido”, decían los crónicas sobre aquel acontecimiento.


En San Juan, La Pamplonesa interpretó el himno argentino “con todo el público en pie”. “La ovación a los platenses tanto al aparecer en el terreno de juego como al terminar la banda el himno de su patria es de las grandes. Esto se reproduce al presentarse los jugadores del C.A. Osasuna a los acordes de la Marcha Real”, relataba Diario de Navarra en su ejemplar del 21 de abril de 1925.
Los capitanes fueron Elli y Juanito Urquizu. El de Boca le dio al rojillo un ramo de flores y en dirección contraria, “un artístico banderín de seda bordado con las insignias del club”. Urquizu se dirigió a la grada con el obsequio y se lo dio a María Altadill, entusiasta admiradora de Osasuna. ¿El partido? Ganó Boca 0-1 y no fue una tarde para frotarse los ojos.
El meta rojillo fue el abuelo de Unai Emery
Osasuna se reforzó aquel día con dos jugadores del Real Unión, equipo poderoso de la época. En la portería jugó Antonio Emery, uno de los mejores guardametas de aquellos años y abuelo de Unai Emery, técnico del Aston Villa. El club solicitó también la participación de Gamborena dentro de un once en el que daba sus primeros pasos el mítico Seve Goiburu. Osasuna jugó con Emery, Juanín, Abascal, Ariz, Gamborena, Ochoa, Muguiro, Gurucharri, Miqueo, Goiburu y Urquizu.