Análisis

Rock and roll en El Sadar

Osasuna-Getafe, jornada 28.
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La celebración del gol de Osasuna al Getafe en el último partido en El Sadar
Osasuna-Getafe, jornada 28.

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Javier Belloso Ezcurra / José Miguel del Moral Janín 

Publicado el 04/04/2025 a las 05:00

Hubo un tiempo en el que los partidos en El Sadar comenzaban a golpe de AC/DC, poniendo decibelios al deseo de presenciar un partido con Osasuna volcado al ataque, vibrando entre uys y celebraciones. Sobre todo en la portería de los goles (la de graderío sur). Los veteranos de los años 90 saben a qué me refiero, el “Osasuna de los Indios” que bautizó el difunto Paquito. Éstos aparecían por todos lados, ¡que vienen los indios! Hoy lo traduciríamos por no ser previsibles ni detectables. Pero no se podía estar así todo el partido y la cosa tenía truco.

Lo más parecido al fútbol moderno es lo de la presión alta, la presión tras pérdida y la adaptación al fútbol total que enseñó Johan Cruyff en sus tiempos de la naranja mecánica. Pero si se juega a ese ritmo y el gol no llega, es probable que el equipo que lo hace acabe cansado y quede a expensas del contrario. Y si este ha sido inteligente, aparece descansado y preparado para atacar cuando su contrario se ha desgastado sin recibir premio. Porque lo de presionar por todo el campo está al alcance de pocos, y no todo el rato. Lo pueden hacer aquellos que suelen meter gol pronto y cambiar a otros escenarios.

Y los equipos lo saben y esto ha ocurrido en varios partidos de Osasuna, sobre todo en Balaídos, Anoeta y en El Sadar ante Valencia y Getafe. El Atlético de Madrid también hace lo de entregar la primera parte para conseguir la mayoría de sus goles en la segunda. El empuje rojillo dura hasta el minuto 30 y luego el equipo se muestra cansado. La visita del Getafe a El Sadar nos dejó suficientes argumentos para desechar la idea de atacar todo el tiempo mientras el cuerpo aguante, no es conveniente ni individualmente ni como equipo, y más vale actualizarse. El truco de los Indios era que la consigna de atacar por todos los flancos duraba quince minutos al principio de cada tiempo.

No sé si es cansancio o que el equipo se entrega por la frustración de no marcar. Además, llegan las últimas nueve jornadas y no hay nada que guardar. Así que cuando note apatía en el césped disfrazada de cansancio empezaré a tararear el Thunderstruck de los Australianos. Primero “a lo bajini” porque el canto no es lo mío, pero si me oyen los de alrededor igual se animan, y empezamos “a lo altini”, que siempre hay alguien que tiene buena voz. Y si se unen unos cuantos más, hasta puede que nos oigan los del verde y se contagien, y se olviden de los minutos jugados y de las rotaciones, y los goles esperados, y la temporada que viene dónde estaré… y entonces comiencen a atacar arriba y abajo, a derecha e izquierda. Todo el rato. Como los Indios. Estaría bien.

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