Vestuario

El otro Nacho Vidal en Osasuna

El ahora jugador del Oviedo, que está dejando una buena impresión, explica cómo trataba de aportar cuando era suplente en su época rojilla

Nacho Vidal, el día de su despedida en Osasuna. En la foto con Kike Barja. Detrás, Raúl y Torró
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Nacho Vidal, el día de su despedida en Osasuna. En la foto con Kike Barja. Detrás, Raúl y Torró
Nacho Vidal, el día de su despedida en Osasuna. En la foto con Kike Barja. Detrás, Raúl y Torró

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Fernando Ciordia

Publicado el 27/02/2025 a las 05:00

Un vestuario es un mundo propio, con sus códigos, vivencias y secretos. Allí se cuece todo. La tensión y la relajación. El aficionado se queda con lo que ve los domingos, pero detrás hay un grupo que necesita cohesión.

Nacho Vidal se marchaba en enero de Osasuna rodeado del afecto de sus compañeros, lo que indicaba la huella que dejaba ahí dentro. Sin minutos las dos últimas temporadas, algo habría hecho bien para ser reconocido de esta forma. Era la cara desconocida para el público de un jugador que trataba de aportar siempre.

Así lo relata a La Voz de Asturias. “La temporada pasada, cuando jugaba poco o nada en Osasuna, veía menos fútbol en casa. Me quería abstraer y ver fútbol me generaba sensaciones encontradas (...) Buscaba otras maneras de aportar en el vestuario”, expone desde Oviedo, donde ha encajado en su nuevo equipo.

“Estaba muy pendiente de la gente que había tenido un mal partido o del compañero que se había lesionado. Pasan los años y cada vez te fijas más, eso para mí tiene mucho valor en un vestuario. Un compañero lo está jugando todo, llega un fichaje en enero y el primero deja de jugar, ahí intento tender mi mano y ayudar en lo que pueda. Evidentemente no lo haces con los 25 compañeros, porque no llegas a todos y con unos conectas más y con otros conectas menos, pero con los que conectas y a los que llegas más fácil me gusta estar encima, me gusta mandarles un mensaje preguntando cómo están…”.

Lesiones le frenaron, además de la competencia. “Llegó Jesús Areso y lo hizo muy bien (...) Hay jugadores que no logran entender que hay una competencia y que igual en ese momento son mejores para el equipo que tú. Mi manera de afrontar esas etapas es intentando ser el mejor en los entrenamientos. En mi carrera he visto dos perfiles de futbolistas. Uno que deja claro que está enfadado y que se hace notar para mal en los entrenamientos. El otro, día tras día, intenta demostrar a su entrenador que se está equivocando. Siempre he sido el segundo, por respeto a mis compañeros, porque entiendo mi profesión así, porque creo que, a la larga, el míster te dará más oportunidades y, por último, porque si tienes que salir del club en busca de oportunidades estarás preparado para aportar desde el principio”.

Sobre los que se enfadan si no juegan, cree que son comportamientos humanos aunque no los comparta. Y explica: “Hay que ser empáticos y, lejos de criticar, intentar ayudar y acompañar en el proceso a ese compañero”.

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