Eurocopa 2024

Los Merino, padre e hijo, unidos por un banderín

El 5 de noviembre de 1991, Miguel Merino marcó en Stuttgart y lo celebró en el córner; ayer, Mikel fue el héroe en el mismo lugar y repitió la historia

Los jugadores españoles acuden al córner a celebrar con Mikel
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Los jugadores españoles acuden al córner a celebrar con Mikel el 2-1
Los jugadores españoles acuden al córner a celebrar con Mikel

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María Vallejo

Publicado el 06/07/2024 a las 05:00

Stuttgart, siempre Stuttgart. Dos hombres, tres fechas, una familia marcada por la gloria. Mikel Merino pasó este viernes 5 de julio a la historia del fútbol español al anotar con un cabezazo típico suyo el gol más importante de su vida. No podía ser de otra forma, ni en otro sitio. El estadio de la ciudad alemana, entonces Neckarstadion y ahora Stuttgart Arena, será para siempre el escenario preferido de una de las familias más queridas del fútbol navarro, los Merino Zazón. Una casualidad increíble se ha repetido en tres ocasiones: 1991, 2000 y 2024. Siempre Stuttgart, siempre Merino.

Miguel Merino Torres inició el idilio con este campo el 5 de noviembre de 1991. El madrileño anotaba el segundo gol de Osasuna ante el conjunto teutón para contribuir a un legendario 2-3 en la Copa de la UEFA. Más icónica fue aún su celebración, dándole la vuelta al banderín de córner en un gesto que, sin ser consciente de ello, dejaría huella en alguien que todavía no había nacido. Su hijo Mikel venía al mundo el 22 de junio de 1996, era el primero de los tres hijos que tendría con la pamplonesa Maite Zazón. Durante muchos años, Mikel fue el hijo de Miguel Merino. Hasta que su carrera se hizo gigante.

El 3 de septiembre de 2020, Mikel debutaba con la selección absoluta. ¿Dónde? En Stuttgart. “Si llega a marcar, cuadran los astros. Habría dado la vuelta al banderín como yo”, aseguraba entonces Miguel, orgulloso padre.

La increíble cuadratura del círculo se produjo el 5 de julio de 2024. De nuevo Stuttgart, de nuevo la gloria esperaba a los Merino. Un salto de leyenda, un cabezazo impecable, un gol de ensueño. Mikel corrió eufórico al córner y dio la vuelta al banderín. El homenaje a Miguel, que estaba en la grada con Maite, se hacía realidad en el momento más inolvidable, cuando Alemania había estirado el partido media hora más y el navarro miraba al reloj para pasar a la historia.

Mikel había salido en el minuto 79 al campo y había pasado el mal trago de ver cómo una dura selección germana empataba el partido en el 89. Pero Mikel es mucho Mikel. Les quitaba a los niños el balón porque quería ser futbolista. Ya se echó con 19 años el equipo a la espalda en el ascenso de Osasuna de 2016 y se forjó como futbolista en dos experiencias en el extranjero -Dortmund y Newcastle- que le curtieron antes de sobresalir en la Real Sociedad, equipo del que se ha convertido en capitán. Se casó antes de la Eurocopa en Pamplona con Lola Liberal y, sin luna de miel, se marchó a Alemania a seguir forjando su brillante carrera. “Se lo merece porque es un luchador”, decía el padre orgulloso ayer en la SER. Un orgullo extensivo a una afición navarra que saltó de alegría con él. Gracias a Mikel Merino, España está en semifinales.

Aquel chaval que ascendió a Osasuna con 19 años

El ascenso de Osasuna en la temporada 2015-16 lleva con letras de oro el nombre de Mikel Merino. Aquel chaval risueño, responsable y comprometido que con sólo 19 años daba el salto de lleno al primer equipo dirigido por Enrique Martín -aunque ya había debutado en 2014- y, con un papel cada vez más crucial, enfilaba la promoción de ascenso a Primera. Aquella fase fue un paseo militar y goleador para Mikel, originario del colegio Amigó, canterano de Tajonar, rojillo hasta la médula. Cumplió el primero de sus sueños al ascender con Osasuna pero tuvo que salir al Dortmund para sanear las arcas del club por 5 millones de euros y progresar en su prometedora carrera.

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