Un victoria inolvidable para Osasuna Femenino
Gran triunfo del equipo rojillo ante el Espanyol en un Sadar volcado


Publicado el 12/05/2024 a las 23:20
Empecemos por el final. Quien no quiera saber de antemano qué pasó, que no lea, que hay muchos spoilers. “No me lo creo, no me lo creo”, exclamaba exhausta y eufórica Maite Valero al salir a la zona mixta. Poco después, la pivote rojilla ofrecía su primera rueda de prensa en El Sadar, rodeada de periodistas. Tan suelta ante los micrófonos como en el campo, la centrocampista de Osasuna acababa de decantar la eliminatoria del playoff de ascenso del lado del equipo de su corazón. A veces la realidad supera los mejores sueños. Una joven de la Rochapea, con el 10 en la espalda, estudiante de INEF, que va y viene todos los días de Vitoria, que jugaba al waterpolo cuando era niña mientras destacaba en el fútbol con una precocidad asombrosa, que ha mamado la pasión por el deporte de su familia, una navarra jovial, responsable, comprometida y, sobre todo, rojilla, había marcado el gol que pone por delante a Osasuna en su final frente al Espanyol.
No se lo creía Maite, y eso que meter goles -lleva seis esta temporada- no debería ser su prioridad. Sus compañeras salían del vestuario contagiadas por las enseñanzas de Josu Domínguez: corazón y cabeza, corazón y cabeza. Habían ganado, pero seguían entonando el “no hemos hecho nada todavía”, “es un resultado corto”. Sonriente, aliviado, orgulloso, el técnico asumía que su discurso ha calado en un vestuario unido, concienciado y convencido de que el sueño es posible. Y han aprendido, a base de palos, de llegar a la orilla, de no obtener el premio, a gestionar sus emociones, a disfrutar del camino, a no darse por vencidas, a tener paciencia, a creer en ellas mismas.
Todas estas sensaciones se produjeron después de vibrar en un Sadar de nuevo abierto a su primer equipo femenino, que no resultó un escenario intimidante sino todo lo contrario. Los 90 minutos largos de partido fueron de una intensidad preciosa entre dos equipos parejos pero en los que Osasuna tiene una ventaja: va con la flechita para arriba.
Cuando las rojillas se clasificaron para el playoff de ascenso, el mayor reto era superar esa primera criba ante el Alhama, y con ello la presión, los nervios, el miedo a quedarse a las puertas. La segunda fase, la que iniciaron este domingo frente al Espanyol, se presentó de entrada de forma bien diferente.
Con la misma alineación que goleó al Alhama en tierras murcianas y con Ainhoa Guallar, titular en la vuelta, de nuevo en el banquillo, Osasuna comenzó apretando y pisando área. En cuatro minutos, Carmen Sobrón ya había probado su magnífico disparo y Maite Valero había disparado a la madera. Declaración de intenciones. Las rojillas eran conscientes de la grandiosidad de un rival históricamente mejor, con grandes futbolistas como Caracas, Ángeles del Álamo, la ex osasunista Mar Torras o, sobre todo, Lice Chamorro, pero al que en este momento no tienen mucho que envidiar.
SOBRIEDAD DEFENSIVA
Con una grada que, en su mayoría, no las conoce, pero que se mostró entregada a la causa, las rojillas no sólo no se achantaron sino que se vinieron arriba. Dirigidas por la magistral Valero, con una línea defensiva sobria y sin fisuras, las futbolistas dirigidas por Domínguez capearon el temporal cuando el balón pasó a dominio perico. Chamorro y Torras probaron fortuna, sin que Maitane Zalba siquiera estrenase los guantes.
Avanzaba el crono y la calma reinaba en el verde. Respeto mutuo y una evidencia: hay partido de vuelta. Con esa idea metida entre ceja y ceja, Osasuna y Espanyol tardaron en romper hostilidades. Y cuando lo hicieron fue a base de tiros lejanos o a balón parado, donde las rojillas son maestras. Merche Izal, que lleva tres goles de falta directa, lo intentó en el minuto 36 y casi sorprende a Salvador. Su homóloga de Osasuna,Maitane, evitó el susto visitante a continuación con una gran parada ante Hernández.
Terminaron los primeros 45 minutos de tanteo con la sensación de que el Espanyol era un gran bloque, pero al que se le podía batir metiendo un poco más de picante al partido. Así que nada más salir, Carmen intentó otra falta y Iara sirvió una gran asistencia que no encontró rematadora.
La sangüesina se multiplicó en tareas defensivas y de ataque, faceta en la que su mejor opción terminó en el lateral de la red. Osasuna ya era claramente mejor en el césped de un Sadar que las alentaba sin cesar.
Probó Domínguez un refresco del equipo dando entrada a Guallar y Valej, a quien ubicó durante unos minutos como jugadora más adelantada. Ni con nuevo dibujo perdió el norte Osasuna. El Espanyol desaparecía por completo y sólo faltaba la guinda.
Valero, incansable, con un poderío insultante, remataba con el hombro una falta de Yiyi. No quería entrar. Tampoco la nueva falta de Merche Izal. Y todavía más clara fue la ocasión en la que Miriam pudo adelantar a su equipo. Le puso corazón la emblemática jugadora navarra en esa llegada tirándose en plancha, pero su cabezazo se fue. Un gol de la 7 rojilla habría sido la locura.
El reloj de acercaba al 90 y el partidazo de Osasuna no encontraba premio. Pero este equipo está tan bien trabajado que no tiró la cuchara. Y entonces llegó la jugada decisiva. La empezó Maite Valero en acción defensiva apoderándose de un balón entre tres rivales en la medular, combinó a la perfección con su inseparable compañera de dupla, Celia Ochoa. La riojana abrió a la izquierda para la incorporación de Merche Izal. La cirbonera levantó la cabeza y vio a la 10 rojilla que ya había avanzado al corazón del área y levantaba el brazo pidiendo el balón.
Dicho y hecho, la bola le llegó perfecta. El remate de coronilla fue sutil y se bombeó por encima de Salvador. Las manos en la cara, sus compañeras encima de ella, la felicidad máxima.
“No me lo creo”, repetía minutos después. Creételo Maite, tu gol acerca al equipo de tu corazón a esa gloria que tanto merecéis.
