Gol anulado
Inexplicable
El árbitro anula un gol de Osasuna por falta inexistente, con luz verde del VAR, en una actuación calamitosa que indigna a los rojillos


Publicado el 29/09/2023 a las 05:00
Increíble. Injustificable. Surrealista. Una decisión esperpéntica del árbitro Martínez Munuera y González fuertes en el VAR privó a Osasuna del 1-1, obra de David García. Una de las mayores injusticias que se recuerdan en la época reciente. El colegiado señaló una supuesta falta en ataque de Aimar a Witsel en una cadena de forcecejeos. No había nada punible. Para colmo, y lo prueban las imágenes, el balón aún no estaba en juego. Lejos de corregir el claro error, la jugada se resolvió con amarilla al canterano.
Ver para creer. El Sadar enfureció. También Jagoba Arrasate, que pidió explicaciones y acabó expulsado, al igual que Chimy Ávila y Morata en un final muy caliente y con el público mostrando pañuelos blancos.
Y EL BALÓN NO ESTABA EN JUEGO
Era el minuto 75. Osasuna coleccionaba méritos para poner las tablas ante su gran bestia negra con esos ataques en oleadas. Y consiguió empatar en un córner. El remate inapelable de David tenía que haber subido al marcador. En primera instancia, Martínez Munuera pitó falta en ataque porque Witsel estaba en el suelo. Curiosamente, la señaló cuando el balón entró en la red. Los rojillos no se percataron de la decisión y el de Ibero festejaba el gol por todo lo alto. Con razón porque había sido completamente legal.
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Los decibelios tapan esa mano en alto en señal de falta. El Sadar se echaba las manos a la cabeza. Incredulidad absoluta. Las imágenes no ofrecían dudas. Witsel había caído al suelo. ¿Pero dónde estaba el contacto? Aimar le había tocado después de haber salido rebotado tras el empujón de Giménez. Quedaba encomendarse al VAR, en manos de González Fuertes, que presumiblemente se encontraba en la sala VOR. Resulta inexplicable su inacción para avisar al árbitro de que fuera a ver la acción al monitor porque en ningún caso había falta. Tampoco se percató que el balón ni siquiera estaba en juego.
TRES EXPULSIONES
Pasaron los segundos y mantuvo su decisión. Falta y amarilla. Un esperpento. Jagoba Arrasate no se lo podía creer y dijo desde la banda que no había sido nada. Vio la tarjeta roja por ello, desmesurada a todas luces. “Qué fácil”, se le vio decir cuando se decretó la falta. Su cabreo representaba el sentir general del osasunismo. En el acta reflejó que había “protestado de forma reiterada”.
El Sadar echaba humo. “¡Competición, manipulación!”. No era para menos, con el recuerdo de otros arbitrajes muy contrarios la temporada pasada. Llovía sobre mojado cuando el Atlético, en boca de su consejero delegado Gil Marín, venía de asegurar esta semana que el Real Madrid adulteraba la competición.
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Lejos de rebajarse la tensión, el pique entre el Chimy Ávila y Morata acabó con expulsión de ambos. El delantero colchonero se ganó la doble amarilla y el argentino le pisó mientras peleaban por un balón en la esquina. El partido había entrado en ebullición. El Atlético marcó la sentencia. Daba igual. El Sadar era un clamor. Osasuna se marchó indignado.