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Fútbol

Abde, un remate en El Sadar por la integridad

Abde Oukhira es un marroquí que hoy será protagonista en el ‘Lactugol Solidario’. Después de salir de su país, y agarrarse a la supervivencia, llegó a Pamplona hace seis meses en busca de oportunidades

Ampliar Abde, este viernes, dando toques en la Vuelta del Castillo
Abde, este viernes, dando toques en la Vuelta del CastilloJ.C.CORDOVILLA
Publicado el 14/01/2023 a las 06:00
Estudiante de Derecho Público, Abderrahmane Oukhira (Tinghir, 1997) dejó hace tres años Marruecos en busca de una vida mejor. Se las ingenió para recorrer los 705 kilómetros que separan su pueblo natal de la ciudad costera de Tánger y, en los bajos de un camión, se agarró a la supervivencia hasta llegar a Cádiz. Parecía que lo más difícil ya estaba hecho, pero no. “Me fui a Almería donde pasé un año y medio. La vida era muy complicada porque no conocía a nadie. Mi idea era ganar un poco de dinero para viajar hasta Bilbao, pero solo me llegó para venir a Pamplona”, relata el marroquí en un castellano que perfecciona cada día a base de horas de estudio.
Abde lleva seis meses en la capital navarra y, la mitad del tiempo, ha vivido bajo condiciones extremas. “Los comienzos siempre son difíciles. He estado tres meses durmiendo en la calle y, después, en un albergue. Conocí a Johan Björkström y empecé a entrenar en el equipo de fútbol de ‘París 365’. Me considero buena persona y eso ayuda a poder conseguir lo que quieras”, narra ante la presencia de su mentor, un sueco afincado en Navarra desde los 80.
Este hecho le ha permitido que este sábado, Abde, sea el protagonista del ‘Lactugol Solidario’, el juego del descanso que ha regresado esta temporada y consiste en anotar desde el centro del campo sin que el balón bote. “Confío en mí mismo, como siempre he hecho”, bromea. “No me eligen por ser mejor que los demás del equipo, porque todos somos iguales, sino que estas semanas hemos ido probando quién anotaba más goles y yo metía bastantes. ¡Algunos tiros hasta me he pasado!”, afirma orgulloso.
Además de entrenar con el equipo de fútbol del comedor social ‘París 365’, Abde también lucha por echar raíces en Navarra, pero siempre con la ilusión de poder regresar a su país para visitar a sus padres, su abuela, sus dos hermanos y sus dos hermanas. Por suerte, mantiene un contacto diario con ellos. “Me fui porque, aunque tenía estudios, es muy difícil conseguir un trabajo allí. Necesitas a un superior, a una persona con poder que te pueda ayudar a lograr un trabajo. Aquí estudio castellano porque el idioma es muy importante para conseguir oportunidades aquí. Me gustaría también hacer un curso y sacarme los papeles de residencia para poder trabajar y volver a Marruecos. Quiero recoger mi título de la Universidad porque hice una carrera de Derecho Público”, comenta en la Vuelta del Castillo, el lugar donde comenzó a entrenar bajo las órdenes de Johan y Mikel Lizaso. Ahora, gracias a la solidaridad, pueden estar en las instalaciones de Larrabide.
ILUSIÓN POR SU COMPATRIOTA
Abde hará hoy un paréntesis en su rutina para calzarse las botas y saltar al terreno de juego durante el descanso del partido. No será la primera vez que acuda a El Sadar, ya estuvo en el Osasuna-Valladolid. “No estoy nervioso. Me gusta el fútbol. Disfrutaré de la experiencia”, reconoce. Más allá de tratar de meter gol desde el centro del campo, la idea del marroquí es poder saludar a algunos jugadores: “Me gusta David García y Rubén García, también Abde”. Con su compatriota no ha tenido la oportunidad de estar todavía y le hace especial ilusión verle.

"Abrir la puerta para que entre luz", con París 365

Dentro de los proyectos de París 365 también existe un equipo de fútbol formado por una docena de usuarios que se apoyan en el deporte para integrarse en la sociedad navarra. Los entrenadores son Mikel Lizaso y Johan Björkström. “El proyecto de París 365 con el fútbol es para hacer una labor de integración a los compañeros y compañeras. Tenemos dos opciones. Abrir la puerta para que entre luz y crezca algo o cerrar la puerta e impedir la integración de los chavales. No solo hablamos de fútbol, sino de muchas cosas: cómo les va en el curso de fontanería, cómo van con sus clases de castellano... Veo honradez y esperanza. Saben que tienen que comportarse mejor que uno nacido aquí, pero tienen muchas ganas”, reconoce el sueco.
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