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Opinión

Roberto Torres, más que un mago

Sus cualidades con el balón le han marcado como futbolista, pero sin su trabajo y crecimiento a lo largo de estos años nunca habría llegado a conquistar estas cifras mareantes con las que se despide

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Roberto Torres, el pasado jueves en uno de sus últimos entrenamientos con OsasunaMIGUEL OSES
Actualizado el 30/12/2022 a las 20:46
Se podría agotar la tinta hablando de susvirtudes futbolísticas. De ese potente golpeo teledirigido tan característico con cualquiera de las dos piernas para dar un pase, lanzar un córner o ejecutar una falta. De esos gestos técnicos en un espacio reducido o de esa forma de colocarse a 90 grados para sacar con precisión académica el balón parado. De hacer fácil un control, una pared de tiralíneas, un penalti a lo panenka, una conducción con visión periférica o un cambio de juego con esa capacidad de armar la palanca como si nada. Pero a Roberto Torres también se le debe reconocer la capacidad de sacrificio que le ha llevado a alcanzar números de primerísimo nivel: 353 partidos (séptimo del ranking) y 60 goles (en Liga solo le mejoran Iriguíbel, Echeverría, Vergara y Sabino). De Tajonar no ha sido frecuente ver un perfil así, alejado del molde tradicional. Pero con esas cualidades ha llegado lejos. Por eso se explica que el de Arre haya sido mucho más que un mago. Durante su carrera ha sabido conjugar el talento con ese trabajo que nunca dejó de lado, porque sabía que solo así iría cumpliendo sus sueños. Cayó de maduro del árbol del Promesas años después de que dejara su sello con el reciente semifinalista de la UEFA de Ziganda en un amistoso en El Sadar siendo juvenil. Mendilibar le abrió la puerta al mundo profesional y aprendió con Javi Gracia antes de padecer el traumático descenso mientras se despedía su referente, Puñal, del que heredó el número 10. Sufrió el año de Sabadell y se levantó con Martín para firmar una campaña gloriosa, de la que le quedó la lesión en el pubis, cuando también dolía que Osasuna no estaba a la altura en Primera. El club cedió, lo mismo que él antes con su contrato. Un paso atrás para más tarde avanzar en lo que vendría. La vida. Arrasate le hizo recuperar la sonrisa perdida con Diego Martínez. Convertido en capitán, deslumbró en aquella temporada memorable de Segunda. Crecía el equipo, crecía él. Seguía siendo importante en Primera. No ha parado de trabajar por su cuenta. Hasta su último día de rojillo. Ese progreso de este Osasuna que pisa la zona noble es el que ha hecho estar a un lado estos meses. La exigencia hace la selección natural. Roberto Torres se marcha con el honor de haber firmado unas cifras mareantes pero, sobre todo, con la plenitud de no haberse quedado simplemente en un jugador técnico. Su carácter inconformista le ha traído hasta aquí. Aprendió lo qué es Osasuna y ha sabido transmitirlo como un eslabón sólido en la cadena centenaria. Golpeos de compromiso y de lealtad, además de balón. Irán degustará su caviar. No irá de turismo.
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