Suplemento Osasuna
Del Sadar a presidente de Liberia
Hace 25 años, Osasuna se enfrentó al Milan de Weah


Publicado el 15/08/2021 a las 06:00
Cuando George Weah daba patadas a un balón roto en el barro de Clara Town, uno de los suburbios más pobres de Monrovia, no sabía que existía una ciudad llamada Pamplona y que su equipo de fútbol era Osasuna. Tampoco imaginaba triunfar en Europa y convertirse en un icono tras pasar por PSG, Milán o Chelsea, entre otros. En aquella época, el niño de origen humilde, al que sus padres enviaron a la capital desde una de las regiones más pobres de Liberia para vivir con su abuela, tan solo tenía pasión por la pelota y anhelaba debutar con la selección de su país. “Prefería jugar a comer o dormir”, declararía años después. Pero en 1988, Arsene Wenger, entonces en el Mónaco, voló a África y decidió dar una oportunidad al joven de 21 años que se fogueaba en la liga camerunesa.
Delantero rápido y de golpeo inverosímil dejó grabado en las retinas de millones de personas uno de los mejores goles de la historia hace un cuarto de siglo. Empujando la pelota desde su área y atravesando el campo en 15 segundos sorteando rivales, termina batiendo al meta del Verona con un disparo raso. Weah era ya el icono de un país en guerra, tras convertirse en el primer y único africano en ganar el Balón de Oro.
Un mes antes de aquella exhibición física, el 7 de agosto de 1996, el liberiano aterrizó en Pamplona con el A.C. Milán para enfrentarse a Osasuna en un amistoso organizado por la Caja de Ahorros de Navarra. Era el 75º aniversario de la entidad bancaria, el estadio todavía contaba con grada de pie y las características vallas verdes que cercaban el césped. Al club le quedaban tres años para el ascenso a Primera División y un ‘desconocido’ Rafa Benítez dirigía un banquillo en el que duró nueve jornadas de liga. Eran otros tiempos.
“Ya están aquí. Sólo nombrarlos ya suena a película de ciencia ficción, pero su llegada ayer al aeropuerto de Noáin, despeja toda duda: Franco Baresi, Paolo Maldini, George Weah, Demetrio Albertini, Roberto Baggio, Zwonimir Boban, Dejan Savicevic, Edgar Davids... están ya en Pamplona”, recogía Diario de Navarra a la llegada de los italianos. Aquel conjunto lo completaban otros grandes nombres como Reizeger o Alessandro Costacurta.
En frente, un puñado de jóvenes navarros en la veintena: López Vallejo, Mateo, Yanguas, Lacruz, Palacios o Nagore, y algún extranjero como Jerry Simons o Dimitri Kuznetsov que no llegaron a cuajar en el club. Con un 0-4 al descanso y sin moverse más el marcador, el encuentro fue una exhibición para el aficionado en una noche fría de verano en Pamplona.
El partido, que puede encontrarse íntegramente en el canal de Youtube Huy Minh TV, se inició con tres grandes intervenciones de López Vallejo en los primeros diez minutos. Sin embargo, al cuarto de hora, la triangulación Baggio-Savicevic-Weah terminó con el liberiano colando la pelota entre las piernas del guardameta pamplonés, al que el Milán quiso fichar tres años antes por 500 millones de las antiguas pesetas. El africano también asistiría a Boban en el tercero.
Un ídolo en un país azotado por la pobreza
Considerado el mejor futbolista nacido en el continente negro, los éxitos futbolísticos de Weah pusieron a su país en el mapa. Fue embajador de UNICEF y siguió haciendo historia lejos del verde. Hace cuatro años, reemplazó en el poder a Ellen Johnson-Sirleaf, premio Nobel de la Paz, en la primera sucesión de poder democrática del país. Pero su popularidad también está relacionada con su origen indígena y de clase baja. Exceptuando un dictador que dio un golpe de estado en 1980, el exfutbolista es el primer presidente de Liberia que no desciende de esclavos liberados que EEUU transportó hasta la república más antigua de África en el siglo XIX.
En aquella visita a Pamplona fue esquivo. “Estoy concentrado en el partido”, diría a una periodista de este periódico. Eran meses en los que su país se desangraba en las calles de la capital por un conflicto que corresponsales de la época definirían como “una escuela de asesinos” y que dejó alrededor de 250.00 muertos.
25 años después, con la reactivación del conflicto entre 1999 y 2003, la crisis del ébola y la pandemia continúa siendo uno de los 15 países más pobres del mundo. El PIB per cápita es inferior a 550 euros y menos del 2% de la población está vacunada. El último revés está estrangulando las arcas del país y reduciendo la popularidad de un candidato que confía salir reelegido en las presidenciales de 2023.
En la calle, muchos critican su gestión, pero cuando recuerdan que George Manneh Oppong Weah creció junto a las aguas pantanosas de Clara Town y muchos días no tenía nada que llevarse a la boca, los ojos les delatan. Quizá no sea el mejor preparado, quizá su estrella se apagó al bajarse las medias, quizá ya no sea pobre, pero es uno de los suyos.
El delantero continúa siendo un ídolo, especialmente en las zonas rurales y barrios desfavorecidos, aunque la gesta de dar la vuelta a un país azotado por la pobreza se precia más complicada todavía que la remontada rojilla aquella noche de 1996.