Coronavirus

Un año sin aficionados en el Sadar

El viejo Sadar vivió el 8 de marzo su último partido con público. Las medidas que se tomaron aquella mañana contra el coronavirus con 15.737 espectadores fueron anecdóticas

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Un año sin aficionados en el SadarJesús Caso
Un año sin aficionados en el Sadar

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Fernando Ciordia

Actualizado el 08/03/2021 a las 06:00

Nadie podía sospechar que era la última vez que visitaba el viejo Sadar, hoy transformado. Ha pasado exactamente un año desde entonces. Osasuna recibía al Espanyol en la mañana del 8 de marzo y lograba una victoria fundamental por la permanencia. La fiesta fue plena. Era un día señalado. No se han podido celebrar más. La pandemia lo cambió todo.

Se registró una buena entrada con 15.737 espectadores. El estadio dio la impresión de estar lleno. En el diccionario no existían las palabras mascarilla o distancia de seguridad. Se oía hablar del coronavirus, que días antes había entrado en Navarra, pero desde ninguna instancia se propusieron medidas restrictivas.

Las que se tomaron fueron anecdóticas. La operadora de televisión Mediapro quitó las esponjillas de sus micrófonos para las entrevistas postpartido. Además, azafatas que comprobaban acreditaciones y carnés se colocaron guantes. Nada más. El tsunami fue creciendo durante las semanas posteriores.

El Sadar vibró con una victoria de un Osasuna reconocible que llegaba a los 34 puntos con once jornadas por disputar, a nueve del descenso. Roberto Torres anotó con maestría y clase a lo Panenka desde el punto de penalti en el minuto 51. Se lo dedicaba a su mujer ante el próximo nacimiento de su niña. La infracción la había cometido Víctor Sánchez por mano. El Espanyol se hundía en la tabla.

ATMÓSFERA ÚNICA

Hubo cientos de abrazos en la grada como era de esperar. Aquella mañana estaba siendo especial. El club había regalado la bufanda del Centenario, por lo que se creó una atmósfera comparable a Anfield o Celtic Park cuando se cantó el Riau-Riau para dar inicio. En los prolegómenos, el Chimy Ávila se dejaba ver entre aficionados apoyado por sus muletas. Poco más de un mes había transcurrido de la primera operación de la rodilla. Hubo saque de honor, a cargo del boxeador David Infierno Soria.

El Día Internacional de la Mujer tuvo su espacio en El Sadar. Que se lo digan a Rubén García, que se pintó la uñas de morado. Oier portó un brazalete especial con los colores rojo y azul, además del símbolo de la mujer. Los jugadores se hicieron la tradicional foto del once titular exclusivamente con niñas, mientras El Sadar iba subiendo de decibelios.

Hace tiempo que no hacíamos un partido así en El Sadar, estoy encantado”, dijo un efusivo Arrasate. No se pudo pedir más en el día en que Kike Barja se ganaba a la afición y salía del campo con una lesión muscular. El Espanyol acababa con el central Cabrera como portero. Con los pericos estuvo Calleri, que dejó buenas sensaciones.

La entrada y salida de los espectadores fue como siempre, en masa. También, el contacto de los medios de comunicación con los jugadores. Ese fin de semana ya habían prohibido algunas ruedas de prensa, como las del Valencia. En Osasuna seguía todo normal.

Al día siguiente comenzaron los nubarrones en torno a la actualidad del equipo, en consonancia con la sociedad. Se suspendió todo esa semana. Osasuna no volvería a jugar hasta el 14 de junio, tres meses después de aquella fiesta.

Hoy, un año después, la grada sigue vacía. Los socios esperan a saber si se podrán abrir las puertas en las últimas jornadas. El Sadar ha cambiado su cara. Y el fútbol, sin afición.

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