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MI CUADERNO

El viaje de un profesor en excedencia

Bittor Alkiza y Jagoba Arrasate.
Bittor Alkiza y Jagoba Arrasate.
ARCHIVO
  • Jagoba Arrasate
Actualizada 24/05/2020 a las 14:23

Artículo que ha sido publicado en The Coaches’ Voice

Mi madre me dice que vuelva a la docencia. “Así trabajas de lunes a viernes, fines de semana libres y puedes estar con los niños. Mucho más tranquilo”. Ahora mismo soy un profesor que está en excedencia.

Ejercía la profesión de tutor de sexto de Primaria -niños de once años- y entrenaba al equipo del pueblo, el Elgóibar. Luego llegaron etapas diferentes en distintas categorías, la Real Sociedad en el fútbol base y después me incorporé al primer equipo en el verano de 2012 para trabajar en el cuerpo técnico de Philippe Montanier. En ese momento tuve que dejar de lado la docencia y dedicarme entonces exclusivamente a entrenar.

Sé que a mi madre tampoco le gusta mucho el foco en el que te coloca el fútbol profesional, pero entiende que es mi pasión.

En la escuela, por ejemplo, en el tiempo del recreo de los chicos aprovechaba para preparar los entrenamientos de la tarde y los partidos. También en los viajes de dos horas cada día cuando me tocó ser profesor lejos de casa. El entrenador lo es las 24 horas del día y esa soledad del coche me servía.

Era muy feliz con lo que hacía. No soñaba ni me imaginaba llegar algún día a entrenar en Primera. Para mí era más que suficiente que los chavales lo pasaran bien e intentar pelear por un ascenso, como lo logramos. Fue igual también en los equipos de Tercera y Segunda B por los que pasé después, Burgos y Marino de Luanco.

La llamada de la Real llegó de Bittor Alkiza, ahora mi segundo. Vino a verme a mi casa junto con Luki Iriarte, los dos eran responsables de las categorías inferiores.

Yo no sabía para qué querían verme, pero esa reunión fue importante porque ya me demostraron que me habían seguido, y hablaban con propiedad de cosas que habían valorado. “Vemos tu figura dentro del último periodo de formación de los jugadores, el equipo juvenil. ¿Qué te parece?”.

Para mí era un paso adelante. Más allá de entrar en la Real, con todo lo que supone, entendía que para mi futuro eso iba a ser enriquecedor, como así fue luego.

DEBUT EN LA REAL Y A LA CHAMPIONS LEAGUE

Cuando estás entrenando en equipos más modestos, te acostumbras a conseguir los objetivos con otros medios. El entrenador es casi el único responsable de todo. Pero en un club tan grande como la Real, donde tienen una metodología propia, más allá de imprimir tu sello te tienes que adaptar a muchas cosas. Formas a los jugadores, y cuando hablo de formar no solo hablo de lo táctico. Hablo también de lo humano. Pero cuando estás dispuesto a mejorar, a reciclarte cada día, todo acaba siendo mucho más sencillo.

Después de hacer dos años en el juvenil, el club, a través de su director deportivo, Loren Juarros, me propuso entrar en el primer equipo. Entendían que podía aportar y podía ser positivo para mi futuro, formarme dentro de lo que es la estructura del fútbol profesional.

Fue un año increíble. Más allá de que el equipo hizo una gran temporada y quedó cuarto, me quedo con el día a día de una metodología muy diferente, como es la escuela francesa de Montanier.

Diferente en los entrenamientos, en las tareas, dándole muchísima importancia a la técnica, más incluso que a la táctica… Y, además, cuando eres un tercer entrenador y ves los toros desde la barrera, te fijas en más cosas. Para mí fue una introducción al fútbol profesional, aprendiendo muchísimo porque era algo diferente.

Después de esa temporada, por lo que sea, el club no llegó a un acuerdo con Montanier y ahí surgió la opción de poder tomar yo el mando. Me reuní con el presidente, Jokin Aperribay, y el director deportivo varias ocasiones. No dije nada a nadie, ni a mi mujer, ni mis padres hasta después de la tercera reunión, cuando hubo acuerdo.

En casa me acuerdo que fue un impacto grande para todos, porque más allá de felicitarte y alegrarse mucho, entendían que mi vida iba a cambiar. Pasas a estar en los focos, a ser ya una persona mediática… Yo creo que ellos se fijaron más en esas cosas que en la ilusión que me podía dar ese paso tan grande. Superado ese primer impacto en la familia, llegaron emociones fuertes desde el primer día con el equipo.

La preparación estaba condicionada por el calendario, porque en agosto teníamos la previa de la Champions League 2013/14 contra el Lyon. El desplazamiento a Francia fue precioso, con mucha gente de la Real en las gradas.

Un momento inolvidable, porque al final más allá de la alegría que supone pasar esa eliminatoria, era cumplir con el deber que me habían asignado. El año fue muy positivo. La pena fue perder el último partido contra el Villarreal. Optábamos al quinto puesto y terminamos séptimos, que no estaba mal, pero teníamos que jugar la previa de la Europa League, que luego acabamos perdiendo. En la Copa, mientras, llegamos hasta las semifinales, cerquita de la final.

Había sido mi primera temporada como entrenador en Primera, pero, si digo la verdad, no lo pude disfrutar. Cuando tienes tantos partidos es imposible. Todo viene tan rápido que no tienes tiempo de pararte a pensar. El siguiente partido te va comiendo cada día.

La siguiente -2014/15- estuvo condicionada por el calendario. Esta vez incluso más pronto, con las dos previas de la Europa League desde la primera semana de agosto, con todo lo que eso supone.

Empezamos con el pie torcido, sin poder darle la vuelta desde entonces a la dinámica. La sensación, sobre todo, era de frustración. Cuando las cosas no salen, y en esto creo que somos muy parecidos todos los entrenadores, le das a todo mucho más vueltas. Analizas mucho más, pones más vídeos, incluso trabajas más tiempo en el campo… Sin embargo, eso tampoco es sinónimo o garantía de que la cosa vaya a cambiar.

Por un cúmulo de circunstancias o porque no has dado con la tecla, el equipo no termina de funcionar como tú quieres. Pero ¿quién está libre de que no le pase eso?

Al final de esas experiencias también se aprende. Siempre que analizas cosas te sirven sobre todo para mejorar en el futuro.

Mi salida del equipo llegó después de la jornada 10. Me junté con el presidente y me señaló que veía importante que el equipo tuviera un cambio en el primer equipo, pero que también le gustaría que siguiera en el club, aportando en otros ámbitos de lo que es el organigrama de la Real.

Agradecí esa confianza en mí, pero decidí tomar otro camino. A mí lo que me llenaba era ser entrenador y no tenía sentido quedarme por quedarme. Me fui con la familia tres meses. Quería evadirme de lo que es el fútbol y su entorno. Y tampoco había tenido mucho tiempo de estar con ellos ese último año y medio.

DE SORIA A PAMPLONA PARA TRIUNFAR

Fue un tiempo diferente, de convivir juntos, olvidarnos un poquito de todo y estrechar lazos también. Al final, cuando estás en un equipo como la Real y una temporada tan apasionante y cuando tienes que viajar tanto, no es que dejes de lado la familia, pero igual no llegas a todo lo que tienes que llegar.

Pasados esos tres meses, ya en frío, empecé a pensar en lo que quería. También lo que yo era como entrenador y dónde podía estar mi futuro. Llegaron varias opciones, entre ellas la del Numancia. Me decidí, aunque gente cercana a mí no lo entendiera.

Pasaba de la Champions a Segunda, pero era lo que quería. Más allá de proyectos ambiciosos, necesitaba un sitio estable y un vestuario sano. Y, sobre todo, personas. Gente que creyese en las personas, y así me lo trasladaron.

Por eso no le di mucha importancia a la categoría, al proyecto ambicioso y al tema económico. Desde el primer minuto me sentí feliz. También mi familia. El tiempo demostró que tomé la decisión acertada, tres años inolvidables.

Estoy seguro de que sin esta etapa no habría vivido nada de lo que ha ido pasando después. Una semana antes del ascenso a Primera División con Osasuna, en mayo de 2019, nació mi hijo Nico.

Y tengo una anécdota que es increíble. Mi mujer había roto aguas y salimos corriendo al hospital. Pero según íbamos llegando, la gente me paraba el coche: “¡Venga entrenador, que ya queda poco!”. Sí, quedaba poco para el nacimiento de mi hijo, pero la gente obviamente no me hablaba de eso. Se referían al ascenso, algo muy importante para todos. Toda la ciudad se enfocó en ese objetivo junto al equipo. Y es verdad, como dice mi mujer, que Nico nació con un pan debajo del brazo en forma de ascenso.

La sensación que tuve es que volvía a Primera de otra manera. Más curtido y, no sé si es la palabra correcta, pero yo lo siento así, con más merecimiento.

Había cerrado el círculo.
 

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