OSASUNA 3-1 VALENCIA
Recital de Osasuna de principio a fin con un 3-1 que se quedó corto frente al Valencia
Rodrigo, autor del 0-1 en la única llegada ché, fue expulsado en el minuto 29 en un partido con un ritmo local vertiginoso


Actualizado el 28/10/2019 a las 08:22
Osasuna firmó sin duda alguna su mejor actuación de la temporada en una noche para enmarcar. No ya por igualar el récord de partidos invicto en Pamplona, que también, sino por el nivel superlativo que alcanzó para desarbolar a un rival de Champions. Desplegó su estilo en todo su esplendor, con un derroche de ambición en busca constante de la portería contraria a pocos toques y un sentido extraordinario de la presión cuando había que robar. El empacho de goles pudo ser mayor por el caudal de juego ofensivo y ocasiones tan rico.
Fue todo de principio a fin. Jugaron los de Arrasate a tumba abierta, sin caer en esas fases de incertidumbre cuando el contrario también se pone a funcionar. Osasuna alargó su estado de gracia prácticamente a todas las fases, exceptuando el gol del Valencia que llegó en una acción solitaria sin aviso previo ni continuidad para lo restante. Lo reclamaba Arrasate en la previa y sus deseos superaron las expectativas. Poco más se puede pedir.
Rodrigo había derribado el muro en el minuto 13 empujando a placer un centro de Gameiro desde línea de fondo tras limpiarse a Navas, debutante en El Sadar. El paréntesis se abrió y se cerró en esa misma jugada. Señal de la mentalidad de este grupo. Osasuna había cuajado una salida portentosa al campo, maniobrando en terreno valenciano con unos automatismos que forman parte de su ADN. Fueron ataques en tromba pero bien lanzados, profundos por banda, con la pelota por el piso y siempre hacia adelante, sin retrovisor, lo mismo que en las acciones defensivas. Nadie recula. No se abusó del juego directo al Chimy. Las combinaciones a esa velocidad engancharon a la grada. Para qué pisar el freno. No estamos ante un equipo que solo corre, ganas las disputas y saca centros como recurso principal. Osasuna tiene más páginas en su libro que rompen tópicos. Todas hablan de un buen fútbol, tan nítido en su identidad. Si está a pleno rendimiento, es difícil hacerle parar.
Así empezó Osasuna y así siguió hasta el minuto 90 tras ese lunar del 0-1, al que respondió con un remate de Rubén García casi pegado al palo tras un centro de Torres que le atropelló. El vendaval se propagó con más fuerza con la expulsión de Rodrigo, que se enzarzó en una disputa con Estupiñán, a quien le propinó un codazo cuando caía al suelo ante los ojos del linier. La grieta entre los dos equipos ya no tuvo retorno.
29 REMATES, 14 A PUERTA
La estadística resultó demoledora: el doble de pases que el Valencia, 29 remates contra 3, de ellos 14 a puerta por 1 en contra, el del gol. Es un récord de Primera de la temporada. Osasuna empezó a recoger su premio. Oier marcó el empate pasada la media hora. Se metió como una centella el capitán en el área y cazó al vuelo el centro templado de Rubén García, suspendido en el aire y con tiempo para cruzar el remate.
Siguió el asedió con un disparo de Nacho Vidal, profundo en su costado al igual que un meteórico y preciso Estupiñán por el izquierdo. En el centro del campo brilló Darko Brasanac por su sentido natural para ocupar los espacios y dar siempre un apoyo para mover al equipo. Es difícil ver a un jugador que acierta tantas veces en el lugar que debe estar. Tiene esa cualidad. Creció conforme se desarrolló el partido y en el box to box fue el primero en recuperar y el primero en llegar al remate. Se conjuntó con Oier, guardaespaldas para todo el día sin Mérida.
En tres cuartos, Rubén García dio su mejor versión de la temporada. Tuvo esa movilidad continua que le hace ser tan partícipe y volvió a sacar ese talento para generar situaciones ventajosas con su pierna izquierda. No paró de pedir y dar. Quién lo diría pero su gol, el del 2-1 nada más comenzar la segunda parte, fue de cabeza. La pelota se la puso desde la derecha Roberto Torres y el de Xátiva se anticipó a un indolente Correia.
EN BUSCA DE OTRO GOL
Osasuna siguió desatado. Entienden los de Arrasate que la mejor forma de gestionar un marcador a favor es seguir azotando con el mismo látigo. El Sadar lo pide. El Valencia se pasó todo el segundo tiempo incrustado atrás como si fuera ganando en el marcador. Parejo se desesperaba y su pareja de centrales no paraba de achicar balones. Fue un equipo sin plan de juego, dio la impresión de que sus futbolistas llegaron a estorbarse. No pudo combinar nunca en equipo. Parece que era la primera vez que algunos jugaban juntos. La imagen fue desoladora para un plantel que vale cuatro veces y medio más que el navarro. El único susto lo dio Gameiro cuando marcó en jugada anulada por fuera de juego y que el colegiado no cortó hasta que no terminó. No pasaba el Valencia de la divisoria. Aridane y Navas apuraban bien con la línea adelantada.
La gran noche pudo ser más redonda. Se cerró con el gol de Estupiñán con su derecha tras un centro de Lillo, otro lateral, que despejó mal Domenech. Pero antes, la avalancha había dejado un disparo de Cardona al poco de salir que rozó el palo, y un lanzamiento de Vidal que se fue ligeramente desviado. Osasuna acabó como lo estuvo en todo el partido. Había piernas y corazón. Hubo tiempo para el merecido retorno de Iñigo Pérez, que recibió los coros de la grada. Estaba arriba en busca del cuarto gol, que bien pudo ser de Cardona en el descuento. Se le marchó fuera la ocasión.
El equipo selló de una de sus mejores noches de su época más reciente en Primera División. Con el mismo estilo de la temporada pasada, con cambios en su alineación y contra un rival de entidad. Nada se pone por delante cuando se juega siempre a lo mismo. Y más en un lugar que se está convirtiendo en leyenda, El Sadar.