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Artículo de opinión de Nacho Vidal: "De actividad extraescolar a profesión"

28/02/2019 a las 06:00
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El pasado 24 de marzo de 2018, el periódico El Mundo elaboraba un especial sobre colegios en el que se publicó un artículo de opinón de Nacho Vidal. El lateral jugaba entonces en el Valencia, antes de recalar en Osasuna.

DE ACTIVIDAD EXTRAESCOLAR A PROFESIÓN

No lo negaré. Siempre he querido ser futbolista. Desde bien pequeño lo tenía claro, no había nada que me gustara más. De hecho, mis padres siempre recuerdan que, cuando salía a pasear con ellos por Campello, cualquier cosa que se me cruzara en el camino me parecía buena para darle unas cuantas patadas.

Con 4 años empecé a ir al colegio (C.P. Pla de Barraques) y ya entonces, sin levantar casi un palmo del suelo, esperaba con ansia la hora del recreo para poder jugar con la pelota. Se podría decir que esa fue mi primera cantera. Y es que no hay nada mejor que el patio de un colegio para iniciarse en el mundo del deporte. ¿Cuántos niños y niñas habrán descubierto su verdadera pasión entre los muros de sus escuelas? ¿Cuán de importantes han sido muchas veces las actividades extraescolares en la vida de muchos deportistas de élite? Yo mismo probé también el judo o la natación al terminar las clases. Aunque desde siempre mi preferencia estaba clara y era tal mi insistencia con el fútbol que, con tal de no oírme más, mis padres decidieron apuntarme al equipo del pueblo, el C.D. Campello. Tenía 7 años y era el más pequeño de todos los niños. Ahí comenzó mi aventura en el fútbol federado.

Sin embargo, desde el inicio, la prioridad en casa quedó definida: había que estudiar. Se selló un pacto que ninguno de los tres rompió nunca. Yo me comprometía a compaginar estudios y deporte, por su parte ellos me daban permiso para ir a entrenar las tardes que fueran necesarias —hasta el momento en el que las notas dijeran lo contrario—. Por esa misma razón, poco a poco, el estudiar se fue convirtiendo en un hábito, ya que para mí la idea de dejar de jugar al fútbol no era ni mucho menos una opción.

Al principio esto no fue un problema. Todo era relativamente sencillo: por las mañanas no faltaba a clase y por las tardes, como un clavo, me presentaba a entrenar. Al llegar a casa siempre había tiempo para hacer los deberes pero, poco a poco, la dificultad se fue incrementando. Por un lado, los cursos avanzaban; la exigencia era mayor. Por otra parte, pasé de jugar en el equipo del pueblo, al lado de casa, a jugar en el Hércules CF —a unos 20 kilómetros de distancia— por lo que el tiempo invertido en el ámbito futbolístico también se incrementó. Esto supuso un mayor esfuerzo tanto para mí como para mis padres, pues en aquel momento invirtieron gran parte de su tiempo en mi formación deportiva. Siempre les estuve muy agradecido. Y, quizás también por ello, no me permití defraudarles a la hora de seguir con mis estudios.

Pero aún quedaba el paso más grande. La prueba de fuego. El Valencia CF me fichó siendo cadete y me trasladé a vivir a la residencia de la Ciudad Deportiva de Paterna. Esto también me obligó a cambiar de instituto y a empezar a convivir en un ambiente futbolístico más profesional. Había más distracciones, más ganas/presión por llegar a la élite, más repercusión mediática… Era fácil perder el rumbo. Pero una vez más tuve suerte ya que Gabri, mi compañero de habitación, apostaba tanto por los estudios como yo y juntos se hacía más sencillo echarle horas. Nos animábamos mutuamente. Hoy en día es ingeniero biomédico y, aunque a veces parece que ser futbolista despierta más admiración entre la gente, es para estar muy orgulloso.

Del IES Benimàmet di el salto a la Universitat de València. Me decanté por la carrera de Fisioterapia porque, pase lo que pase, es una forma de permanecer ligado al mundo del deporte en un futuro y esa es una de mis prioridades. No sé cuánto tiempo voy a poder vivir del fútbol, si me respetarán las lesiones o no… Pero el hecho de saber que, si algo pasara, podría seguir viviendo desde dentro todo lo que envuelve este deporte, me da tranquilidad. Al fin y al cabo, el fisioterapeuta es uno de los principales pilares de un deportista de alto nivel. Es la persona que aborda su recuperación tras una lesión —desde el primer día hasta que vuelve a pisar el césped— pasando por muchos días grises dentro del proceso. Además, es la figura dentro del cuerpo técnico/médico con el que más confianza tiene el deportista, con el que habla de otras cosas más allá del fútbol. Por lo tanto, con el que se establece una gran relación personal.

No voy a mentir. Sacar la carrera y llegar a Primera División no ha sido tarea fácil, aunque tampoco imposible. Has de ser muy organizado, ya que el tiempo escasea, y también muy sacrificado. A veces cuesta salir de entrenar e ir corriendo para llegar a una práctica en lugar de ir a casa a descansar. En época de exámenes tienes que poner en una balanza si respetar las horas de sueño necesarias para cumplir con lo que es más adecuado para un deportista de élite o, por el contrario, dormir menos tiempo para evitar que el temario se te eche encima. Y es que cualquier minuto libre es bueno para intentar llegar al examen medianamente preparado. En mi caso desarrollé una capacidad desconocida hasta el momento: estudiaba en las concentraciones, en el autobús del equipo etc. Todo ello con música, ruidos de consola y conversaciones de fondo —a veces bastante más divertidas que lo que yo estaba leyendo—. En definitiva, en unas condiciones no muy favorables.

Sin embargo, no me arrepiento para nada de haberlo hecho. La universidad me ha dado la oportunidad de conocer a gente maravillosa que, probablemente, serán muy buenos amigos para toda la vida. Además, es una experiencia que te hace tener los pies en el suelo, que te saca de esa burbuja en la que viven los futbolistas y es algo que me hace valorar mucho más todo lo que tengo.

El fútbol lo es todo para mí, pero no quiero jugármelo todo a una carta. He tenido que dejar muchas cosas en el banquillo por cumplir en las dos facetas, pero quiero pensar que cuando cuelgue las botas forzada o voluntariamente todo habrá merecido la pena y una nueva vida profesional me esperará para no ser un jubilado de treinta y pico años.

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