OSASUNA 3-3 VALENCIA

La fe de Osasuna rescata un punto

El equipo rojillo jugó el mejor partido de la temporada en el estreno de Vasiljevic e igualó hasta en tres ocasiones las ventajas del Valencia

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Javier Iborra

Actualizado el 10/01/2017 a las 11:25

Osasuna ejerció por primera vez en toda la temporada de buen fajador y supo encajar golpe tras golpe del Valencia, para acabar rescatando un punto en el descuento. Hasta en tres ocasiones los rojillos igualaron un marcador obstinado en ponerse en su contra y, en el descuento, en un ejercicio de fe, lograron el mal menor, un punto, en el duelo de urgencias entre dos conjuntos que estrenaban entrenador en Liga -Vasiljevic los rojillos; Voro, los valencianos-.

3 - Osasuna: Mario; Unai García, Oier, Iván Márquez; Alex Berenguer, Imanol García, Roberto Torres (De las Cuevas, m.74), Causic, Clerc; Sergio León (Jaime, m.80) y Oriol Riera (Kenan Kodro, m.80).

3 - Valencia: Alves; Montoya, Mario Suárez, Mangala, Siqueira (Lato, m.46); Parejo, Enzo Pérez; Munir (Sito, m.88), Soler, Santi Mina; y Rodrigo (Nani, m.71).

Goles: 0-1, m.2: Munir. 1-1, m.6: Oriol Riera. 1-2, m.46+: Oriol Riera, en propia puerta. 2-2, m.62: Roberto Torres. 2-3, m.73: Montoya. 3-3, m.92: Clerc.

 

Con el director deportivo en el banquillo, Osasuna mostró su mejor imagen de la temporada. Cometió fallos, sobre todo defensivos, y caros le costaron, pero presionó, mordió y achuchó cuando le tocó defender, lo esperado de un equipo humilde -en el buen sentido del término- como el rojillo. Pero no se quedó ahí la mejoría, ya que en fase ofensiva movió el balón con una velocidad y sentido inéditos en partidos anteriores, tanto en los de Martín como los de Caparrós.

Averiguar los motivos de esta reacción exceden al propósito de esta crónica: eso sí, parecen confirmar que un vestuario de fútbol no es precisamente una legión romana de los tiempos de la República o del Imperio. En esa época, cuando la moral de los sufridos legionarios estaba por los suelos debido a una dura derrota, los generales (los buenos) aplicaban siempre la misma receta: endurecían la disciplina, redoblaban la carga de trabajo cotidiano e imponían (también a sí mismos, era clave dar ejemplo) un régimen de frugalidad en el campamento. Es decir, mano dura. Y según nos dicen los historiadores o incluso el propio Julio César, obraba maravillas.

El fútbol actual, en cambio, es hijo de su tiempo y por lo visto al puño de hierro hay que vestirlo de guante de seda para que dé los resultados deseados. Y no cabe duda de que Vasiljevic, poco amigo de decir una palabra más alta que otra, se ajusta al perfil que puede sintonizar con el vestuario.

En lo puramente futbolístico, Osasuna tuvo que remar siempre a contracorriente. Se encontró con un gol en el minuto 2 y otro justo antes del descanso. Entre medio, gracias a un error de la zaga del Valencia, Oriol Riera había logrado el momentáneo empate a 1 y Sergio León, tan voluntarioso como poco acertado, había perdonado una ocasión de oro para poner a Osasuna por delante.

Este nuevo Osasuna de Vasiljevic hizo honor al cántico y no se rindió nunca: salió enrabietado tras el descanso y obtuvo premio. Roberto Torres marcó un auténtico golazo con la zurda y lo celebró con besos al escudo y abrazo al técnico. Más significativo, imposible.

En un partido convertido en una ruleta rusa, ya que el perdedor quedaba abocado al abismo, los últimos minutos fueron un delirio: marcó primero el Valencia un gol inverosímil, surrealista, culminado desde la banda izquierda por el lateral derecho; luego Mario detuvo un penalti a todo un especialista, Parejo; y finalmente, en el descuento, un Carlos Clerc inmenso, que subió la banda compulsivamente durante todo el choque, tuvo arrestos para hacer una postrera cabalgada, plantarse dentro del área y batir a Diego Álves con un disparo cruzado.

Osasuna, al menos, obtuvo el premio a su insistencia, aunque mereció más y mostró el camino a seguir de aquí a final de temporada. Jugando así, con esta fe, el equipo no tiene asegurada la permanencia, ni mucho menos; sí en cambio el cariño de sus aficionados, que celebraron el empate como si se tratara de una victoria. Un punto que en fríos términos clasificatorios es por desgracia insuficiente, pero que sirve para insuflar aire e ilusión a la sufrida familia rojilla.

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