C.A. Osasuna

No se puede sufrir más

  • El equipo pamplonés obró el milagro en el minuto 91 con un histórico gol de Javier Flaño
  • ​Los rojillos repitieron los mismos errores endémicos de toda la temporada, se complicaron la vida en Sabadell y estuvieron durante una hora en Segunda B

Osasuna, no se puede sufrir más
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Osasuna, no se puede sufrir másMIGUEL CIRIZA
Osasuna, no se puede sufrir más

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JAVIER IBORRA. PAMPLONA.

Actualizado el 08/06/2015 a las 06:00

Quizá la temporada no podía terminar de otra manera. Quizá los jugadores de Osasuna, con su desfile de mediocres actuaciones, no se merecían un último partido tranquilo, un paseo que dulcificara lo que ha sido una campaña para olvidar. Quizá el club, castigado por una suerte de justicia divina, necesitaba sufrir un calvario para expiar sus numerosos errores del pasado. Quizá el fútbol es el deporte rey en casi todos los rincones del mundo porque alberga momentos mágicos en que se hace difícil no creer en milagros -el segundo de Martín Monreal- ni en 'capotes' de santos. Lo que parece una certeza es que no se puede sufrir más de lo que sufrieron este domingo los aficionados navarros, los más de dos mil que abarrotaron el fondo sur de la Nova Creu Alta de Sabadell  y los que se quedaron en casa, comiéndose las uñas y tragándose la rabia de ver que 95 años de historia iban, allá por el minuto 90 de partido, directos al sumidero.


Pero Javier Flaño, un canterano, un jugador que se tuvo que marchar en la mejor época del club y regresó cuando pintaban bastos, marcó en el descuento el gol de su vida, el que permite a Osasuna mantener la categoría y ver la luz un día más, ojalá una temporada más, ojalá otros 95 años más. Otro canterano, David García, y el guardameta Asier Riesgo también ascendieron ayer a los altares rojillos: el central, gracias a su gol, un tanto de cabeza en el minuto de 77 que abrió la puerta a la esperanza; y el portero, el eterno segundón, merced a dos felices intervenciones que impidieron que el Sabadell diera la puntilla al partido. Especialmente memorable, por su estética y su trascendencia, fue la estirada del guipuzcoano en el minuto 89, que le permitió desviar al palo un balón que se colaba derecho a las mallas. Parada que, a la postre, fue la antesala del glorioso 2-2.


Osasuna llegó a ese momento de agonía por la misma senda que ha recorrido a lo largo de toda la temporada, repitiendo errores ya endémicos y a base sobre todo de una fragilidad defensiva que se ha demostrado inmune a las diferentes soluciones ideadas por Urban, Mateo y Martín. Fue la pasmosa facilidad para encajar goles de Osasuna lo que convirtió un presumible empate a cero entre un equipo descendido y otro al que le convenía ese resultado en un partido a mitad de camino entre el 'thriller' y el cine de terror. Collantes y Aníbal Zurdo hicieron los tantos del Sabadell, pero se deben anotar más en el debe de los rojillos que entre los méritos del conjunto catalán.


Con 2-0 en el marcador, primero llegaron a Osasuna los nervios y la desorientación más absoluta. Luego, la fortuita lesión del líder silencioso, Nikola Vujadinovic, echó más sal en la herida y obligó a buscar en Albacete las buenas noticias que se negaban a aparecer en Sabadell. Pero el Racing marcó y Osasuna virtualmente se convirtió en equipo de Segunda División B, en carne de liquidación. Sólo quedaba una salida: remontar.


Cuando los de Martín recuperaron el foco y buscaron los dos goles que necesitaban, entonces apareció un invitado inesperado: De Navas, portero suplente del Nauzet Alemán que en la primera vuelta se doctoró en El Sadar, quiso darse el gustazo de disfrutar de una tarde de gloria y encadenó paradas inverosímiles a cada remate de los jugadores rojillos.


Los minutos pasaban y la verdadera dimensión del drama se reflejaba en las caras de los aficionados rojillos en el fondo sur. Entonces, Martín echó todo el carbón en la caldera con cambios eminentemente ofensivos: ya Cedrick había entrado por Vujadinovic en la primera parte y Merino y Berenguer hicieron lo propio en lugar de Echaide y Roberto Torres en la segunda.


Así, durante el tramo final, la zaga rojilla se convirtió en una línea difusa y permeable, por la que el Sabadell transitó a placer cuando se atrevió a salir a la contra y que brindó a Riesgo la ocasión de vestirse de héroe y redimirse. No obstante, ese amontonamiento de jugadores en ataque permitió a Osasuna bombear balones al corazón del área, merodear la portería rival, forzar córners... Y dos de ellos, dos saques de esquina, fueron el pasaporte hacia los goles, hacia el empate, hacia el punto ansiado, hacia la vital permanencia en Segunda División que permite soñar en un futuro para el club, uno más halagüeño que este presente y, sobre todo, menos agónico que una temporada que -afortunadamente- por fin se puede decir por todo lo alto que ya es pasado. Y que no vuelva.

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