Tribunales

Las claves del caso Rafa Mir: la confesión del acceso carnal, gol en propia puerta

El futbolista del Elche admitió ante la jueza que pese a estar la joven "enfadada", la tiró al agua y le introdujo los dedos en la vagina

Rafa Mir celebra uno de los goles contra el Girona
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Rafa Mir celebra uno de los goles contra el Girona

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Agencia Colpisa

Publicado el 27/05/2026 a las 18:03

Todavía no ha pitado el árbitro -en este caso el magistrado de la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia- el comienzo del partido que se celebra en los tribunales este mismo jueves contra el futbolista Rafa Mir por la presunta violación a una joven de 21 años en su casa de la urbanización Torre en Conill de Bétera, y el exvalencianista y actual delantero del Elche C. F. ya va perdiendo el encuentro que puede marcar su vida deportiva tras haberse metido un gol en propia puerta al admitir durante la fase de instrucción el acceso carnal con la denunciante.

Su defensa, ejercida por el prestigioso abogado Jaime Campaner, aportó dos vídeos a la causa como gran baza para tratar de acreditar que las relaciones sexuales fueron consentidas, tesis que mantiene el futbolista: "Todo fue fluyendo y sin ninguna presión ni nada". Las Provincias ha tenido acceso a los mismos y lo único que corroboran es la actitud jocosa y burlona del presunto agresor sexual y los dos amigos que estaban con él, sin ser claramente conscientes de la gravedad de lo ocurrido, tras la primera de las agresiones sexuales que relata la víctima. En las imágenes la segunda denunciante, que acusa a su vez a Pablo Jara -amigo de Rafa Mir- por tocamientos en la piscina y propinarle un puñetazo en la boca, también tiene una actitud distendida e incluso bromea con ellos. En ese momento la joven de 25 años no sabe que su amiga ha sido víctima presuntamente de una violación ni tampoco ha sido todavía agredida por el coacusado.

De hecho, en las grabaciones -que más que exculpatorias confirman la versión de las denunciantes- se escucha el timbre, ya que como explicó la víctima de Rafa Mir en su declaración, tuvo que volver a entrar a la vivienda a por sus cosas al haberse olvidado el bolso en la cocina cuando sale enfadada tras el primer incidente en la piscina. El propio futbolista admitió ante la jueza que la joven estaba "enfadada" sentada en una silla y la tiró al agua vestida. De repente, se le pasó el enfado y le introdujo los dedos en la vagina y le realizó tocamientos, según él consentidos.

En el segundo episodio violento, según declaró la joven ante la jueza, Rafa Mir la cogió del brazo -las marcas que presentaba acreditan la fuerza ejercida por su presunto agresor- y la metió en el baño. Allí la vuelve a agredir, introduciéndole los dedos, hecho que confirma también el propio futbolista aunque según su versión, entró para hablar con ella y comenzaron a besarse y a tocarse mutuamente, siendo un tanto confuso en su declaración de cómo se produjeron dichos tocamientos supuestamente mutuos. "Yo ya no podía ni hablar, estaba llorando, le pedí que parase", relató la denunciante, que siempre ha mantenido la misma versión.

Diez años y medio de cárcel 

Rafa Mir se enfrenta a una petición de pena de diez años y medio de prisión. La Fiscalía solicita concretamente nueve años por el delito de agresión sexual agravada con acceso carnal y otros 18 meses de cárcel por el delito de lesiones. Así como una indemnización de 64.000 euros para la víctima, que sufre "un trastorno de adaptación con ansiedad mixta y estado de ánimo deprimido".

Para el otro acusado pide tres años de prisión por la agresión sexual a la otra joven, a quien realizó tocamientos en los pechos y por encima del tanga hasta en tres ocasiones dentro de la piscina, pese a la negativa de esta. Y una multa de 1.350 euros por el puñetazo que presuntamente le propinó en la cara, mientras las echaban de la casa semidesnudas, las llamaba "niñatas" y les tiraba la ropa por encima de la valla.

Versiones casi idénticas 

Si bien las defensas de ambos acusados solicitan la libre absolución para sus representados, las versiones de unos y otros sobre lo ocurrido la madrugada del 1 de septiembre de 2024 no difieren tanto como podría parecer. A grandes rasgos tanto acusados, víctimas y testigos cuentan lo mismo, pero cada uno desde su perspectiva y posiblemente sin ser conscientes de que lo que ocurrió en la vivienda del futbolista sea constitutivo de una o varias agresiones sexuales.

Se conocen en una discoteca 

La fiesta comenzó en una zona VIP de una conocida discoteca de Valencia, en la que se encontraba Rafa Mir con otros tres amigos, entre ellos otro futbolista del Valencia C.F, Jesús Vázquez. Fue este compañero de equipo quien le presentó a las víctimas. Ya en el local de ocio el delantero intimó con la que posteriormente le denunciaría por agresión, bailando con ella y besándose, hecho que la propia joven ha contado desde un primer momento. Rafa Mir va más allá y en su declaración judicial incluso aseguró que en la discoteca ya le introdujo los dedos en la vagina, pero de forma consentida, como si este primer encuentro -que no está acreditado- le diera permiso para repetir dicha acción posteriormente en su casa cuando la joven ya se había enfadado por haber tenido sexo con su amiga.

El incidente del taxi 

Cuando cierra la discoteca, el futbolista propone seguir la fiesta en su chalet de la exclusiva urbanización de Torre en Conill. "Quedamos en ir a casa a la piscina para estar juntos y seguir allí", explicó Rafa Mir. Las jóvenes acceden voluntariamente y se suben en el Uber con él. Rafa Mir va en el asiento de detrás del conductor, a su lado va la joven con la que se había estado besando en la discoteca y al otro lado la otra amiga. Todos cuentan lo mismo, en el coche empieza a tontear con esta segunda chica (la que después denuncia a Pablo Jara), se besa con ella estando la amiga en medio de los dos, quien se enfada por la situación y sale del taxi y se pone en el asiento del copiloto.

A las 8.20 horas llegan al domicilio del futbolista. "Entramos en la casa y me encerré en una habitación con Rafa. Tuve relaciones con él completamente consentidas", declaró sin tapujos la joven de 25 años. Apenas diez minutos después, Mir sale y se va a la zona de la piscina, donde están sus dos amigos y la chica con la que había estado tonteando en la discoteca. El acusado reconoce que la ve que está enfadada en una silla. "No te enfades, hemos venido a pasarlo bien, y la cojo en brazos como si fuera un niño y nos tiramos a la piscina", relató en su declaración ante la jueza. Su defensa suaviza su acción con las palabras: "con actitud lúdica y ánimo de revertir el estado de ánimo de esta".

En su interrogatorio la jueza de instrucción de Llíria le cuestiona sobre el cambio radical de la denunciante de estar enfadada a comenzar a besarse y permitirle que le introduzca los dedos de forma, según él, consentida. El futbolista sin poder explicar lo que su letrado califica de "escalada erótica", se centra y repite varias veces lo fría que estaba el agua. Otro motivo más para que la joven molesta porque se había acostado con su amiga de repente le consintiera tener sexo con ella, como así sigue creyendo el futbolista, que mantiene su inocencia.

Los celos 

"Hay dos chicas que se han peleado por mí", le cuenta a su asesor el futbolista nada más irse la Policía Local de Bétera de su domicilio. Y es precisamente esa la tesis que trata de defender su abogado, que las jóvenes actuaron movidas por los celos, cuando realmente ellas han explicado desde el primer momento este desencuentro motivado porque primero "tonteara" con una, después con la otra en el taxi privado. Y una vez en su casa, tuviera sexo consentido con esta segunda nada más llegar en la lavandería, y después esta misma se molestara al ver que su amiga estaba en el baño con él. "Me parece fatal lo que estás haciendo", le repite la joven tras tocar a la puerta, justo antes de que la víctima salga "llorando pero con un ataque de ansiedad enorme", según indicó la testigo.

Los policías locales 

Los testigos que tendrán que declarar en el juicio (el padre que fue a recoger a su hija, un vecino que paseaba al perro o los vigilantes de la seguridad privada de la urbanización) corroboran el relato de las denunciantes. Así como los agentes de la Guardia Civil que recibieron la denuncia. El único resquicio que beneficia a las defensas son curiosamente los agentes de la Policía Local de Bétera, quienes no recogieron en su atestado ninguna referencia a la presunta agresión sexual porque aseguran que ninguna de ellas lo contó. No obstante, la víctima de Rafa Mir afirma que sí le contó a la única mujer policía de los cuatro que acudieron, alertados por este vecino al ver a dos chicas en la calle semidesnudas y visiblemente afectadas, que el futbolista le había introducido los dedos sin su consentimiento.

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