Diáspora

El sello navarro en un grande de China

Roberto Barrena, natural de Carcastillo, es desde hace un mes el preparador físico del Shandong Taishan, de la Superliga china, una experiencia que aborda después de una anterior etapa en Ecuador

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Roberto Barrena, en un entrenamiento reciente con el Shandong Taishan de la Superliga chinacedida
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Gorka Fiuza

Publicado el 10/02/2026 a las 05:00

A 15.000 kilómetros de casa, en uno de los grandes clubes del fútbol chino, hay un preparador físico navarro que deja su sello. Hace un mes que Roberto Barrena, natural de Carcastillo, está inmerso en la pretemporada del Shandong Taishan, uno de los equipos clásicos del panorama asiático por historia y palmarés que aspira a proclamarse campeón de la Superliga. “Los fans siguen al equipo a todos lados, tenemos el hotel protegido por la policía porque acosan a los jugadores. Me llama mucho la atención el fervor de la gente. Son estrellas”, cuenta al otro lado del teléfono, con una diferencia horaria de siete horas. 

“La adaptación ha sido un choque. Es un mundo completamente opuesto. El recibimiento ha sido muy bueno, todo el club enseguida se volcó con nosotros. No puedo decir nada malo porque ha sido increíble”, asegura. Un gran reto a sus 37 años.

Ésta es su segunda aventura en el extranjero, puesto que hace dos años estuvo en el Liga Deportiva Universitaria de Quito, en Ecuador. “Me he ido de una punto del mundo a la otra”, bromea Barrena, quien no dudó en aceptar la propuesta. Después de iniciar su andadura en el pueblo, en el Larrate, dio el paso a Osasuna. Antes de esta oportunidad trabajaba externamente como analista de rendimiento para un club árabe. No ha parado. 

“En el fútbol entras en una rueda, vas haciendo contactos y al final es un mundo en el que nos ayudamos entre nosotros. Antes de venir aquí tuve la opción de ir a la selección de Costa Rica como jefe de rendimiento y me quedé segundo en todo el proceso de selección. El chico que me pasó ese contacto, que era el que dejaba el puesto, a los tres meses me habló de esta opción de China. Envié el currículum, les encajó mi perfil, me hicieron varias entrevistas, presenté el proyecto y fui el seleccionado”, relata sobre cómo ha sido su desembarco. 

ACTUALIZAR LA PREPARACIÓN

Roberto, de 37 años,  se ha encontrado unas instalaciones “increíbles, con la última tecnología” y está dentro del cuerpo técnico de Peng Han, primer técnico, y el español Abel Moruelo, que actúa como asistente. “Aquí es diferente, el jugador chino está acostumbrado a diferentes cargas de trabajo, hay que ir poco a poco. El objetivo que me han puesto es llevar la preparación física al modelo occidental, actualizar métodos, así como realizar análisis y estudios de ciencias del deporte”, detalla. 

El primer obstáculo ha sido el tiempo. “En la ciudad del equipo (Jinan) el invierno es muy duro, entre menos 5 y menos 10 grados. La pretemporada se alarga mucho, son dos meses prácticamente y se hace todo en el sur de China, que tiene un clima parecido a Vietnam o Tailandia, de 24-25 grados. La primera parte la hicimos en Haikou, que es una isla. Ahora estamos en la segunda parte de la pretemporada y estamos en Guangzhou. Luego paramos cinco días por el año chino, que se paraliza completamente todo. Después nos vamos a Shanghái para hacer la última parte de la pretemporada”, cuenta. Hace escasos días disputaron un amistoso contra el Kitchee SC de Hong Kong, donde juega Asier Illarramendi. Y el 6 de marzo arranca la competición. Como curiosidad, gran parte de los equipos comenzarán con su puntuación en negativo por escándalos de apuestas que se produjeron en años anteriores. 

Barrena se siente “contento” y a la vez con “mucha responsabilidad”, aunque tiene ya la experiencia de Ecuador, en un club también de gran dimensión. “Tuvimos la suerte de disputar la Recopa sudamericana en Maracaná ante Fluminense”, recuerda. Una aventura en la que estuvo con Josep Alcácer, ahora asistente de Carlos Corberán en el Valencia. 

En el plano personal reconoce que es “muy duro” separarse de la familia. “Todos están en Navarra. Hablamos mucho, aunque con la diferencia horaria es más difícil. Cuando mi hija (Mía) sale de la ikastola, aquí son ya las 10-11 de la noche. Sé que están ahí, son un pilar base en mi vida, me han apoyado y me siguen apoyando en todo”, reflexiona.

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