MINUTO 91
Adiós inesperado
Opinión de Javier Ubago sobre la actualidad del fútbol navarro


Actualizado el 04/02/2019 a las 06:00
He de reconocer que no esperaba la salida de Miguel Flaño Bezunartea de Osasuna. Y su marcha al Córdoba me ha cogido por sorpresa. Un adiós inesperado para mí, quizá también para muchos aficionados, pero posible en el fútbol y más todavía cuando el central de Noáin no contaba en los planes de Jagoba Arrasate. Flaño ha apurado al máximo la situación tras temporada y media casi inédito, pero no quiere esperar a junio.
No es fácil para un futbolista, por mucho que sienta los colores de su club desde la infancia, verse fuera de la convocatoria o suplente impenitente jornada tras jornada. Tiene que resultar frustrante, más todavía cuando Miguel Flaño fue titular indiscutible en el centro de la zaga rojilla, un jugador de garantías, internacional en las categorías inferiores con la selección española y pretendido en su día por otros clubes con mayor potencial económico.
Flaño ha estado a las duras y maduras con el equipo de su tierra. Dando lo mejor en el terreno de juego y fuera del mismo. No es sencillo aguantar callado año y medio esperando esos minutos en el terreno de juego. Pero Miguel fue, ha sido y será un ejemplo del osasunismo. Un tío leal, legal, serio, honesto, honrado, que en su salida de Osasuna ha acaparado los mejores elogios y adjetivos de sus compañeros.
Pero me duele que salga sin poder despedirse de la afición como realmente se merecía. En parte porque de él fue la decisión de cambiar de aires, de probar un nuevo reto, como decía en una entrevista en un medio de información andaluz, y porque todavía piensa que puede ser útil en el fútbol. Me duele que tanto Javier como Miguel Flaño vistan hoy otras camisetas, aunque la ley del fútbol marca los terrenos y maneja los sentimientos.
Y ¿por qué al Córdoba? Miguel Flaño dice que tomó la decisión por consejo y referencias de su buen amigo Miguel de las Cuevas. “La amistad es el más perfecto de los sentimientos del hombre, pues es el más libre, el más puro y el más profundo”, escribió el francés Henri D. Lacordaire. Y lo constató su paisano Blaise Pascal: “Todo nuestro razonamiento se reduce a ceder al sentimiento”. Suerte, Miguel; con gran sentimiento.