Fútbol sala
Yeneba Sagunto, portera navarra de la Selección Nacional de Sordas: "En el fútbol estoy más segura, en clase siento que soy la rara"
Con sólo 19 años, esta joven beriainesa ha tenido que sufrir la discriminación escolar por una discapacidad. Pero ha sido también su billete para la felicidad, la que le da formar parte de la selección, donde se siente segura


Publicado el 28/10/2023 a las 05:00
Es muy tímida. Su sonrisa emerge de la capucha de la sudadera con la que se protege de la lluvia. Y de las miradas. Yeneba Sagunto tiene 19 años y desde los 3 empezó a notar que no escuchaba bien. Un diagnóstico tardío derivó en una sordera del oído izquierdo y una infancia y adolescencia entre dudas, soportando situaciones que una niña no debería vivir. El fútbol ha sido siempre su refugio, donde se siente segura. Donde es gigante, una gigante de 1,54 metros para la que la portería es el marco perfecto, lo que le da la felicidad.
¿Cómo empieza la historia con el fútbol?
Tenía 7 años y hacía patinaje y fútbol, pero tuve que decantarme y elegí el fútbol. Primero hacía fútbol sala y después pasé al campo, con mi padre de entrenador. Estuve dos años y ya no me dejaban seguir jugando con chicos. Yo hubiera seguido pero me dijeron que no podía.
¿Siempre portera?
De pequeña era delantera pero en un torneo en Zizur no teníamos portero y no se quería poner ningún chico. Y pensé: “Si no se pone nadie, ya me pongo yo”. Ganamos, me dieron la mejor portera y le dije a mi padre que me quedaba así. Vi que no se corría y dije: “Mejor”.
Ha alternado fútbol y fútbol sala. El año pasado estaba en Osasuna Futsal y este año en el Txantrea.
En Osasuna no jugaba y no pude demostrar. Ion me vio en la selección y me llamó, decía que no me podía escapar -sonríe-. Quería cambiar de aires, lo tenía claro. Aposté por Ion y aquí estoy.
¿Qué es lo que más le gusta de cada deporte?
Del campo, poder tirarme, volar... Lo echo de menos. El sala es mi lugar, es más pequeño y puedo demostrar mi velocidad, la reacción. Es más mi estilo.
¿Ahora está más a gusto en el Txantrea?
Sí, porque en Osasuna no jugaba. Si no puedes demostrar, no puedes aprender de los errores. Me daba rabia. Entrenaba todos los días y no tenía premio. Necesitaba mi lugar.
¿A qué se dedica al margen del fútbol sala?
Quiero ser nutricionista o fisio. Me gustaría haber sido bombera, pero por el oído no puedo. Y el año pasado me decanté por intentar ser fisio. Me encanta ayudar a todo el mundo sin dar nada a cambio.
Ha hablado del oído. Nos hemos enterado de su discapacidad auditiva al acudir a la selección de fútbol sala para sordas. Era algo que no se conocía públicamente.
Sí, les ha pasado a profesores, gente conocida... Me han dicho, “¿Pero no oyes?”. Tengo la costumbre de ponerme del lado derecho porque en el otro no oigo. Ahora hay entrenadores que dirán: “Pues es verdad que no oía” -sonríe-.
Cuéntenos alguna anécdota que le haya pasado en este sentido.
Me ha pasado más en el campo, porque te chillan desde la otra punta y no reacciono. Siempre le decían a alguna defensa y ella a mí y parecía el teléfono escacharrao, que te decían una cosa y te llegaba la contraria.
¿Y le ha costado algún gol?
No. No oír no me ha ocasionado ningún problema en el fútbol.
¿Y fuera del deporte, se ha sentido discriminada, ha tenido faltas de respeto?
Sí, en el colegio. Los niños pequeños decían “ésa es una sorda” y me molestaba, o “la sorda, adelante”. O en los listening de inglés, pedía subir el volumen y decían: “Ya está la sorda hablando”. Y me sentía mal, no me hacía mucha gracia. Y por mucho que hablaba con el profesor no podía hacer nada porque eran personas que eran así. Pero en el fútbol no he tenido ningún problema, a todas las compañeras a las que se lo he contado me han dicho que no pasaba nada, que es algo normal. Pero en el colegio así.
Así que el fútbol es una tabla a la que se ha agarrado.
Sí, ha sido mi vía de escape.
¿Le sigue pasando?
Sí -asegura seria-. Me siento insegura entre gente que no conozco, que no trato. En el fútbol estoy más segura, pero si voy a clase siento que me mira todo el mundo, que soy la rara.
¿Qué le diría a esa gente ahora?
Que no por tener una discapacidad no dejas de ser persona, de ser normal. Los únicos que no son normales serían ellos por decir esas chorradas. Todos somos personas y tenemos sentimientos.
¿Esto le ha hecho más fuerte?
Sí, mucho. Ahora ya no lloro cuando me dicen algo. Sólo pienso: “Si te quedas más contento diciendo eso, me da igual”. Pero me ha costado. Antes, me echaba a llorar y no quería volver a clase nunca más.
¿Quién le ha apoyado en este proceso?
Mis profesores. Me veían llorando y sabían que me pasaba algo. Sobre todo, un profesor que ya no está pero con el que mantengo el contacto. Le dije lo de la selección y se alegró muchísimo, y también lo de la operación.
¿Quiere decir su nombre?
Fernando Oriol. Es alguien que me ha marcado, que no es sólo un profesor.
Esa llamada a la selección, ¿cómo se produce?
El año pasado jugué un torneo para sordos y me dijeron si querían que pasara mi número al seleccionador. A los meses, me preguntaron si quería ir a torneos con la selección española sorda y dije que sí sin dudar. Hemos jugado dos amistosos en Córdoba.
¿Y cómo se ha sentido allí?
Me daba muchísima vergüenza, yo soy súper vergonzosa al principio. Pero fue llegar y como si las conociese de toda la vida. Sentía que todas éramos iguales y eso te une más. Nunca había vivido algo así. Cuando volví a Pamplona, pensé en que tenía que esperar unos meses para verlas. Ya hemos hecho planes para irnos de vacaciones juntas. Ahora daría la vida por ellas. Son increíbles, las jugadoras, los entrenadores, los fisios...
Es el principio de una aventura que ya tiene una cita en 2024.
Sí, el año que viene nos vamos a Ankara (Turquía). Espero que me llamen.
¿Qué le dijeron sus compañeras del Txantrea?
Me daba vergüenza porque algunas no lo sabían y no se lo esperaban. Al entrenador, sí que se lo dije de entrada. Pero se alegraron todas y me dejó más tranquila.
¿Qué papel ha jugado su familia?
Me han apoyado siempre en todo, desde pequeña.
¿Desde cuándo tiene esta discapacidad auditiva?
A los 3 años tuve una otitis, pero a los pequeños no se les hace caso. Yo no oía y le decía a mi madre. Me llevaron al médico y ellos lo achacaban a mocos. A los 11 años, me vio un médico que dijo: “Esta niña no oye nada”. Me llevaron corriendo al hospital y me pusieron un audífono, pero ya era demasiado tarde. No escuchaba nada. Me dieron la oportunidad de ponerme audífonos por bluetooth, pero no oía, me pasaba lo de un oído a otro. Lo siguiente era operarse sí o sí. Me cubría la Seguridad Social hasta los 16 pero cuando me lo dijeron ya tenía 17. Así que al final me operé, porque si tenía cualquier accidente me podía quedar sorda completa. Y aquí estoy.
En un mes le ponen un implante. ¿Qué supondrá para usted?
Un cambio. Llevo toda la vida escuchando de un oído... Con esto escuchas como un robot. Tengo que estar un año en rehabilitación, ir al logopeda... Al principio, me han dicho que notaré pitidos.
Esa disciplina que va a necesitar le va a servir para el resto de cosas.
Sí, siempre me he intentado cuidar todo lo posible. Yo no salgo de fiesta ni hago lo que hacen todos los jóvenes. Me llaman rara, pero sé a lo que aspiro. No quiero ser como todos. Pienso que si salgo de fiesta pierdo una mañana, prefiero estar en el monte con la bici que de resaca en la cama. No me merece la pena.