Atletismo
Del récord del mundo del maratón a la pesadilla: 1.000 metros que Assefa nunca olvidará
La atleta etíope iba a batir la plusmarca femenina en Berlín, pero comenzó a cojear a falta de un kilómetro y se quedó a las puertas de conseguirlo


Publicado el 27/09/2026 a las 19:55
El deporte tiene historias crueles y la de Tigist Assefa es un ejemplo de ello. Durante los primeros 41 kilómetros del maratón de Berlín, la etíope parecía tener el récord del mundo de Ruth Chepngetich (2h09m56s) en el bolsillo. A un kilómetro de la meta, todo cambió. Assefa empezó a cojear y algo falló en su pierna izquierda. Su zancada se hizo irregular, su rostro cambió y el cronómetro comenzó a comerse, segundo a segundo, toda la ventaja que había construido durante la carrera. Assefa sabía lo que estaba pasando: el récord que llevaba meses persiguiendo se le escapaba justo cuando solo quedaban mil metros.
Assefa se queda sin su otro WR, problemas musculares se lo impidieron en los últimos 3KM. pic.twitter.com/NDhHobJt2I
— Gonzalo Méndez Fragu (@GonzaloMSC) September 27, 2026
Intentó aguantar. No había otra opción. Siguió corriendo mientras el público trataba de empujarla hacia la Puerta de Brandeburgo, pero los gestos de dolor eran cada vez más evidentes y cada apoyo parecía costarle una eternidad. El margen sobre el récord desapareció y, consciente de que la plusmarca ya era inalcanzable, los últimos metros se convirtieron en una carrera por sobrevivir y llegar a meta en primer lugar. Assefa cruzó en 2h11m04s, levantando por momentos la pierna izquierda, y se derrumbó entre lágrimas. Había terminado 68 segundos por encima del récord que había tenido al alcance de la mano. No por falta de ritmo, ni de preparación, ni de valor, sino porque su cuerpo dejó de responder cuando quedaba un solo kilómetro.
La crueldad de la escena resulta todavía mayor al mirar el reloj. En el kilómetro 35, Assefa había pasado en 1h47m32s, con una proyección de 2h09m38s: casi 20 segundos por debajo del récord mundial. La etíope había hecho exactamente lo que necesitaba hacer: correr rápido, mantener el ritmo y llegar entera al tramo decisivo. Durante más de 40 kilómetros, todo había salido según el plan. El récord parecía suyo. Solo faltaba completar la última parte de una carrera que hasta entonces había sido perfecta.
CUENTA PENDIENTE
No es la primera vez que Assefa se queda a las puertas de una gran recompensa. Su carrera en el maratón está marcada por una sucesión de episodios que explican también su relación complicada con la distancia. En 2023, también en Berlín, irrumpió en la élite con 2h11m53s, entonces récord mundial, después de haber pasado buena parte de su carrera en el mediofondo. Había sido olímpica en los 800 metros en Río 2016, pero las lesiones en los tendones de Aquiles terminaron condicionando su trayectoria en la pista. Llegó incluso a dejar temporalmente el atletismo y a utilizar muletas por sus problemas físicos.
Cuando encontró su lugar en el maratón, parecía haber dejado atrás aquella historia. Berlín 2023 la convirtió en plusmarquista mundial y París 2024 confirmó su dimensión con una medalla de plata olímpica, después de un espectacular duelo con Sifan Hassan decidido en los últimos metros. Pero entonces apareció Ruth Chepngetich. En Chicago, en octubre de 2024, la keniana corrió en 2h09m56s y arrebató a Assefa el récord. Chepngetich fue posteriormente suspendida por dopaje tras dar positivo por hidroclorotiazida, pero aquella marca no fue anulada porque había sido conseguida antes de la infracción.
Desde entonces, Assefa había convertido el récord en una cuenta pendiente. Berlín debía ser el escenario de la revancha. Había preparado la carrera para recuperar la plusmarca y durante 35 kilómetros todo indicó que estaba en disposición de hacerlo. Pero el maratón volvió a colocarla ante su lado más cruel. A un kilómetro de la meta, cuando el récord estaba al alcance de sus piernas, esas mismas piernas dejaron de responder.
Por eso las lágrimas de Assefa en la Puerta de Brandeburgo explican mejor que cualquier cifra lo ocurrido. Había corrido durante más de dos horas para llegar a ese momento y durante 41 kilómetros había hecho todo lo necesario para recuperar el récord mundial. Le quedaban mil metros. Solo mil. Pero en el maratón, a veces, esa distancia puede separar una hazaña histórica de una de las decepciones más dolorosas de una carrera.