La meta soñada

Un total de 284 corredores provenientes de más de 23 países corrieron la 24º edición del Sahara Marathon, la carrera solidaria por el pueblo saharaui en la que las marcas deportivas pasan a un lado en favor de la reivindicación en Tinduf

Los navarros Iosu Huarte e Iranzu Fierro participaron en la carrera
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Los navarros Iosu Huarte e Iranzu Fierro participaron en la carrera
Los navarros Iosu Huarte e Iranzu Fierro participaron en la carrera

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Asier Aldea Esnaola

Publicado el 26/03/2024 a las 05:00

La noche parecía cerrada, pero en realidad en pocos minutos iba a salir el sol. El frío y el silencio de las calles tampoco daban pistas de que este pasado 28 de febrero los campamentos de refugiados saharaui (Tinduf, Argelia) serían un estallido de corredores, fiesta y zaghareet (el grito festivo de las mujeres saharauis), que sonaba cada vez que un dorsal asomaba por encima de las dunas o cruzaba un barrio. Tampoco el ambiente del Centro Cultural de Smara.

Los participantes de la 24ª edición del Sahara Marathon llegaban tranquilos a la sala, algunos todavía adormilados. Las siete y media de la mañana. En la entrada el director de deportes atravesó el descampado con muestras de prisa mientras hablaba por el móvil al mismo tiempo que apareció el autobús. Dentro, Brahim Chej Breh, coordinador del Sahara Marathon, sonría. Quizá la experiencia de casi veinticinco años lo mantenía tranquilo, aunque no dejaba de ir de un lado a otro de la sala, atendiendo a todos los que le llamaban para preguntar o consultar algo.

Cuando el reloj marcase las diez, el pistoletazo de salida no solo pondría en marcha a los 31 corredores que emprenderían una carrera de 42 kilómetros por los campamentos y el desierto del Sahara, también movilizaría un complejo equipo de cinco ambulancias, médicos y periodistas, desplegados por los diferentes puntos del recorrido.

VARIAS DISTANCIAS

El Sahara Marathon comienza en El Aaiún, los participantes recorren la mitad del maratón por un terreno llano y pedregoso, luego cruzan el campamento de Auserd, para pasar a la segunda etapa donde les esperan repechos y arena densa, lo que la convierten en la etapa más dura.

“Esta carrera tenía desde su inicio dos objetivos principales. Uno es hacer difusión, hacer llega la causa saharaui a través del deporte a la comunidad internacional para sensibilizar sobre la injusticia a la que está sometida el pueblo saharaui. El otro pasa por hacer miniproyectos para aliviar las necesidades aquí en los campamentos”, explicó Chej.

Además de la carrera de 42 kilómetros, en el que participaron 31 personas del total de 284 corredores, la mayoría se dividieron entre la media maratón (21 kilómetros), a las 11.15 horas, que arrancó en Auserd, la de 10 kilómetros y otra de 5 kilómetros, ambas a las 11.15, hasta Smara: la meta.

Los corredores tomaban café, magdalenas, bebían agua y zumo a ritmo pausado en un ambiente dominado por el silencio o por conversaciones en tono bajo. Provenían de más de 23 países y bajaron a los campamentos por un motivo: la causa saharaui.

Tras dos décadas, el Sahara Marathon acumula kilómetros y, en ellos, se han forjado historias. Dulce Rotaeche lleva veinte años unida a los campamentos y al maratón. Rotaeche pertenece a una de las varias generaciones de españoles que estudiaron en clase que el Sahara Occidental era la provincia número 53, ahora esta mujer de 58 años levanta la bandera de este pueblo cuya su tierra sigue ocupada por otra potencia. Lo ha hecho por todos los maratones de España, también en Francia e Italia, entre otros. “Corro libre por el mundo y quiero que los saharauis tengan esa misma sensación”, decía.

Le acompañaba otro histórico de esta carrera y el más veterano de esta edición: Antonio Bermúdez, de 77 años. Bermúdez comenzó a correr a los 60 años y no ha parado desde entonces. Londres, Reikiavik, Berlín, Valencia y Vigo forman parte ya del kilométrico listado de maratones en los que ha participado.

Él corre más con la mente que con el físico porque como, él mismo dice, no tiene de lo segundo. Su pulmón y brazo izquierdos son los mismos que cuando tenía 13 años debido a una negligencia de un médico, lo que le provocó que los músculos no siguieran con su desarrollo. “No puedo bracear bien, pero nunca digo que soy un corredor discapacitado, corro como los demás” aseguró. Bermúdez corría también para superarse a sí mismo y darle una alegría a los compañeros con los que había venido y los nuevos que hizo durante este viaje.

SIDAHMED, SIN RIVAL

Un hombre en la entrada avisó de que era la hora. Los corredores salieron hacia el autobús. Entre ellos, Lehsen Sidahmed.

De la wilaya de Smara, Sidahmed es un hombre de 34 años, alto, delgado y con las extremidades largas; un físico que va como anillo al dedo para esta prueba. Había ganado dos veces el Sahara Marathon y se presentaba como uno de los principales rivales a batir, más en esta edición en la que el navarro Joseba Alzueta no viajó. “Le voy a echar mucho de menos. Varias veces hemos disputado el primer puesto. Desde que le conozco para mí es el rey de esta prueba, tiene una marca muy buena”, dijo. El mejor tiempo de Sidahmed en el Sahara Marathon: 2 horas y 48 minutos. “Esto no es una carrera por ganar o no, sino por una lucha. El correrla ya es un mérito”, contó. Y dejó una leve lamentación dibujada con una sonrisa. “Si hubiese sido en nuestra tierra hubiese sido mucho mejor, pero para esto es la carrera” compartió.

El autobús puso rumbo a la wilaya de El Aaiún, con un horizonte que clareaba. Cuando los corredores bajaron se encontraron con varios cientos de mujeres saharauis que ondeaban banderas del Sahara Occidental y animaban con cánticos. Además, sobre un escenario posaban varias decenas de niños uniformados de la wilaya, que instantes después, se pusieron a cantar para celebrar el comienzo inminente del maratón mientras los corredores apuraban los estiramientos. Comenzaba la maratón.

En apenas unos minutos, Sidahmed puso arena de por medio con el resto de competidores y ya mandaba. Iba lanzado por la explanada, sin nadie que retase su dominio, una imagen que se repetía durante los kilómetros que se quemaban. Apenas levantaba viento, salvo por la arena que escupían por detrás los todoterrenos del equipo del maratón, prensa y otras organizaciones que cubrían la carrera. La temperatura subió con cada nueva hora. El móvil marcaba los 25 grados, pero la sensación era que el sol apretaba más de lo marcado. También la cara de los corredores.

Los puntos de avituallamiento cada 2.5 kilómetros se convirtieron en brevísimas paradas, pero obligadas cuando ya se llevaban más de diez kilómetros en cada pierna.

Algunos corredores fueron impulsados por niños que los seguían y los gritos de animo de los saharauis. Y en todo esto, Sidahmed continuaba con un ritmo inalcanzable para el resto, hasta para los de la media maratón, que acaban de empezar y veían la espalda de Sidahmed.

Las dudas de quién iba a ganar se esfumaron en los primeros kilómetros y se ratificó a las 2 horas, 44 minutos y 39 segundos. Sidahmed, ya campeón, sonreía con complicidad, rodeado de niños que le acompañaban a descansar. Tricampeón. El trofeo se quedaba en Smara.

AHÍ LLEGA ANTONIO

Poco a poco y sin pausa llegaban los corredores a la meta. Algunos sonreían durante los últimos metros, entraban juntos, con las manos entrelazadas y otros solo cuando cruzaban la meta se permitían esbozar una ligera sonrisa porque el cansancio todavía no había desaparecido. No hacía falta ver qué tipo de peto llevaba el corredor para adivinar cuál de las cuatro maratones acababa de finalizar. Entre los recién llegados se escuchaban exclamaciones en inglés, francés, italiano, español, y así otros tantos.

Decenas de países representados, donde los navarros también encontraban hueco. Desde Elcarte, Iosu Huarte terminaba el maratón bastante entero. “Nunca había hecho una maratón. Vine aquí para conocer la situación de los campamentos y como soy un poco calentado me he apuntado a la más grande. Pero muy a gusto”, aseguró Huarte, que se juntaba con su amiga Iranzu Fierro en la meta.

Pasadas las 5 horas, los últimos corredores encontraban el aliento y aplausos de algunos pocos resistentes que soportaban el calor para esperarles.

La mayoría esperaba a Bermúdez. Y por ahí llegó, a lo lejos, como un punto brillante que botaba. Los ánimos casi apagados se levantaron de golpe y rompieron en un estallido de aplausos al ver al veterano. “¡Lo conseguí!”, decía Bermúdez con la voz sofocada, pero firme. Nada más llegar a la meta, todos querían abrazarle y darle la enhorabuena. Tardó 6 horas, 39 minutos y 4 segundos. ¿El secreto para lograrlo? Él lo tenía claro: “No importa si avanzas poco, lo importante es no detenerse”.

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