Pogacar, ciego por ganar, masca el orgullo de sus rivales
Del Toro completa el doblete del UAE tras descolgarse en el Col du Haag, Seixas acaricia el podio y Vingegaard hace sufrir a Ayuso y Evenepoel, que salvan los muebles en el llano final


Publicado el 19/07/2026 a las 08:29
Ciego por ganar, Tadej Pogacar parece contar con dos guiones tipo. La victoria por aplastamiento y el monólogo irresistible. Parecen el mismo, pero no lo son. En el primero arrolla, como en Gavarnie. Con el segundo, se impone por ser el mejor. En Le Markstein, cerca de la Planche de Belles Filles, donde empezó una nueva era del ciclismo, opta, o le toca interpretar, el segundo libreto. Cierra la tarde con la misma sonrisa plena en su rostro, perversa cuando en las rampas finales del Col du Haag, disfruta del griterío por el público y de sus fuerzas irrevocables a las que ni el peso de la grandeza, de la historia que está escribiendo a pedaladas, parece quebrantar.
El esloveno gana su cuarta etapa del Tour en 2026, celebra como Cristiano Ronaldo y masca el orgullo de sus rivales, que corren como si Pogacar fuera como una representación fantasmal del registro más rápido que puede marcar el ser humano. Ninguno le alcanza, solo le persiguen envueltos en su propio lucha, más humana e impredecible, pero también frustrante. Isaac Del Toro, el que más sufre del sexteto que se juega las dos plazas del podio restantes, se rehace y termina la etapa segundo.
El ciclismo es ahora un deporte en el que compiten 23 equipos y siempre, en las etapas reinas, gana el UAE. Y así lo volvieron a constatar en la tierra francesa que en su día fue germana, con centenares de banderas alemanas, cuya selección de fútbol antaño era la garantía de éxito que el conjunto emiratí, que animan a Florian Lipowitz, el primero que acelera en el puerto final de una jornada entretenida por los Vosgos.
Paul Seixas se pega a su rueda. El galo de 19 años entra en el terreno en el que pretende descubrir si la edad tiene límites. Nunca había competido tantos días seguidos. Y el galo se presenta a las puertas de su casa como el mejor joven, desbancando a Juan Ayuso, y el tercero más fuerte cuando la carretera se inclina. Jonas Vingegaard sostiene el segundo puesto. Llevó la iniciativa en gran parte del inédito Col du Haag, descolgó a Del Toro y Evenepoel, y fue el que más cerca se quedó de la rueda de Pogacar, pese a no intentar seguirla, cuando el esloveno lanzó su ataque tras girar en la curva del búho. Una curva en la que un artista local talló en madera una lechuza y llamó la atención de todos los corredores que en mayo fueron a reconocer la subida.
Pero no es el búho un ave tan emblemática en Alsacia como la cigüeña. Símbolo de buena suerte y de redención. En los años 70 estuvo a punto de desaparecer hasta que se llevó a cabo un plan de reintroducción por el que ahora hay nidos en los tejados de las iglesias y casas de casi cualquier pueblo alsaciano. Un resurgir que enarbola también Remco Evenepoel, mentalidad pétrea, que aprovecha los 5 kilómetros finales favorables para salvar la tercera posición y mandar un mensaje. Al Tour aún le queda la única contrarreloj del recorrido. Y en ese terreno, ni Pogacar se le acerca.
Y Juan Ayuso, que en su opinión, al menos en días atrás, saca al belga de la lucha final por el podio, tiene que agradecerle que, cuando pedaleaba en agonía, ya en la cima del Haag, le recogiera y se le echara a la espalda para recortar gran parte del tiempo que les llevaban el trío de Vingegaard, Seixas y Del Toro. Todos lejos del maillot amarillo, cuya absolutismo amenaza con hacer sentir al resto miserables, como la obra de Víctor Hugo, que fue concebido en uno de los picos más elevados de los Vosgos bajos.
TORMENTA Y ATAQUES
A la historia del Tour le gusta esta esquina del hexágono. Es una región fronteriza que tiene a la lluvia, con mucho chaparrón repentino y nubes que se cuelan entre los bosques de pinos. La primera tormenta le cayó al pelotón mientras salía del Mulhouse, en la salida neutralizada. No tardaron en desatarse los ataques y conformarse otra gran fuga, despiezada por las fuerzas.
Merecen ser citados el ímpetu del EF Education, con Healy sacrificándose por Carapaz, el último en ser atrapado. La claridad de ideas del UAE, que volvió a colocar en el frente a Johannessen. A Valentin Paret-Peintre, ganador el año pasado en el Mont Ventoux y este año entregado al maillot de la montaña, que lucirá mañana. Y al trabajo de Pablo Castrillo para meter en el corte bueno a Einer Rubio, otra baza del Movistar para intentar ganar una etapa en la tercera semana. O Pidcock, que volvió a filtrarse en un grupo intermedio que aceleraba el Visma para exigir a la maquinaria del UAE.
El destino de todos ellos depende de la calculadora de Pogacar. El esloveno acaricia ya su quinto Tour. Cuatro minutos de ventaja y, en el horizonte, la Vuelta a España. Alberto de Mónaco confesó que su vecino le había dicho que estará en la salida de Montecarlo. "Si el Príncipe dice que estaré allí...". Javier Guillén se frota las manos.