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Ciclismo

Los valores del Reynolds

Profesor de Educación Física, Manuel Iznaola Gómez rescata los principios educativos del deporte para la vida en un libro sobre Irurtzun, que forjó a 52 practicantes de 14 modalidades. Aboga por un centro deportivo para enfermos de cáncer y fibriomialgia

Ampliar Manuel Izanaola Gómez rescata en un libro los hitos que marcaron el devenir deportivo en Irurtzun
Manuel Izanaola Gómez rescata en un libro los hitos que marcaron el devenir deportivo en IrurtzunJ.C. cordovilla
Publicado el 05/08/2022 a las 06:00
Cuando Perico Delgado se enfundó el maillot amarillo del Tour en la cumbre de Alpe d’Huez, Manuel Iznaola Gómez y su hermano escucharon en varias ocasiones del comentarista de televisión el nombre de Irurtzun. Nada le hacía presagiar a aquel adolescente en su Jaén natal, enganchado al televisor en las sobremesas de pasión y gloria del ciclismo español, que su futuro se entrecuzaría con la cuna del Reynolds. Cuando se asentó con su mujer en Navarra y tras un periplo de profesor de Educación Física jalonado por Añorbe, Ansoáin, Murillo El Fruto y Sangüesa, accedió a una plaza en el colegio público Atakondoa, de Irurtzun. “A los días” de estar en su nuevo destino, un compañero le despejó una duda que le remumiaba en su mente y que no acertaba a aclarar. El pueblo que había escuchado siendo adolescente en la victoria de Perico Delgado en el Tour de Francia era el mismo que pisaba en ese momento. Irurtzun, el pueblo del Reynolds.
El caso es que la alegría que sintió en su interior no halló eco en la respuesta de su alumnado, desconocedor, en parte, de las hazañas escritas para el ciclismo por aquel equipo de ensueño. Como si de un compromiso personal se tratase en su intento de perpetuar su historia, como la recorrida por el Xota de fútbol sala o el club de pelota de la localidad, “que fue campeón de España”, como subraya, se animó a poner letra a la historia del deporte y un pueblo: Irurtzun y Atakondoa. Semillas y frutos deportivos a los pies de las Dos Hermanas. Editado por Eunsa, a lo largo de sus 167 páginas, este hombre de 48 años de edad desgrana los hitos del devenir en el deporte de una localidad de 2.200 personas que ha ayudado a forjar y educar deportiva y humanamente a 52 practicantes en 14 modalidades. “El espíritu deportivo de las Dos Hermanas” orientó a Endika Andueza, Norma Legarra, Aitor Garmendia, Mieltxo Saralegi, Imanol o Tatono Arregui, Roberto Martil, Daniel y Javier Saldise, Txomin y Jorge Nagore, Nora Ruiz, Andre Aldaregia, Amaia Jaca o Julen Martija, “entre otros muchos”.
Como educador que es, no sólo en la enseñanza reglada sino también en la vida, anima a los jóvenes en general a erigir su presente y futuro sobre el pilar “de los valores del deporte”, porque, como bien dice, “los deportistas se han apoyado en los valores para progresar. Ya sea en el deporte como en la vida, han acudido a ellos para superar momentos difíciles”.
Está convencido de la necesidad de recuperar los valores “del repeto y el sacrificio”, que son intrínsecos a la práctica, para invertir una tendencia temerosa: “Se ha perdido la voluntad de hacer deporte por diversión”.
UN CENTRO DEPORTIVO
El libro, fruto de entrevistas e investigación desde 2016, es “un homenaje a las personas mayores de Irurtzun”, en especial, a aquellas que dejaron su impronta por el bien del deporte. “A José Antonio Martínez El Chapas le hubiese gustado leerlo”, observa en recuerdo a uno de los fundadores del Reynolds. “Los hermanos Legarra, Pello Alzueta, mi tío Vicente, Patxi Moreno, el conserje del colegio que más sabía de deporte” figuran en la nómina emotiva de dedicatorias. No olvida a dos alumnos, Adán, de su etapa en Murillo El Fruto, ni Aitziber, de Irurtzun, a los que el cáncer cercenó su gran anhelo de vida.
Desea el autor, en recuperación de una operación de cadera, que su libro sirva de altavoz para solicitar la creación de un centro deportivo para enfermos de cáncer y fibriomialgia. Dotado de “médico especialista en medicina deportiva, fisioterapeuta, nutricionista, psicólogo y monitor deportivo” ayudaría a sus destinatarios, como interpreta. “El deporte ayuda a una persona enferma”, aprecia con buen juicio y su mejor deseo de bondad para quienes están aquejados de alguna dolencia. Como intuyeron quienes fundaron el Reynolds, el deporte es vida.
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