Europeo de Múnich
Asier Martínez, el oro del ‘antidivo’
La imagen del navarro engullido en la grada por sus amigos y compañeros de entrenamiento en el resumen de lo que representa: un chaval de su gente, centrado y sin aires de grandeza


Publicado el 19/08/2022 a las 06:00
Cuando Asier Martínez comparte en sus redes sociales alguna publicación personal -no las oficiales que gestionan desde Dragoon Sports-, no hay sorpresas: imágenes con sus compañeros de entrenamiento, los Swan Team, con sus amigos, los Azpi Crew, con su entrenador, François Beoringyan. Ellos y su familia. Nada más. De fondo de sus historias, música hip-hop, casi siempre francesa. Las poses, humorísticas. Últimamente a Asier le ha dado por mostrar sus zapatillas y taparse la nariz con la camiseta, como si su calzado apestase. Así es él. Un antidivo total. Un chaval joven. Sencillo. De su gente. El gusto musical lo ha heredado de su técnico, que además de un genio del atletismo es disc-jockey. Asier no esconde más. Le gusta irse con los suyos a cualquier parte y pasar desapercibido, aunque cada vez le cuesta más porque le piden fotos y autógrafos.
El miércoles por la noche, cuando el videomarcador reveló que, entre el majestuoso e imponente Pascal Martinot-Lagarde, con su moño engominado, sus gafas a lo Daft Punk y su palmarés espectacular, y Asier Martínez, el chaval de Zizur que parece el vecino de al lado, el ganador había sido el navarro, un grupúsculo de la grada del Olympiastadion se vino abajo. Sus localidades estaban bien cerca de la llegada de los 110 m vallas y las cámaras atraparon el momentazo. Asier y sus amigos, sus compañeros de su equipo, abrazados como si fueran una persona sola, como si todos hubieran batido al ídolo francés, como si Asier, sin ellos, no habría podido conseguir nada.
Porque así lo siente el zizurtarra. Un hombre que, tras convertirse esta temporada al fichar por Nike, decidió no atender cantos de sirena y continuar a las órdenes de François Beoringyan, su padre deportivo, y entrenar en Larrabide, donde emergió de adolescente como saltador de altura superando el listón por encima de los 2,04 metros y donde se ha forjado como la estrella mundial de las vallas que hoy es a sus 22 años. No quiere cambiar, quiere seguir siendo el de siempre, con su gente y sus costumbres: ver El Conquis, aprender recetas de cocina, salir con sus amigos por lo Viejo y reírse mucho con ellos de cualquier tontería.
CON LOS OJOS CERRADOS
El miércoles, el planeta deportivo miró por primera vez a este chico de pelo rapado, pendientes de aro, piercing en la nariz, tatuajes y sonrisa tímida. Sus 2 dioptrías le impiden ver bien pero eso no le insta a ponerse gafas ni lentillas en carrera. ¿Para qué? “Podría correr con los ojos cerrados”, comenta siempre, y no por presunción, sino por sinceridad, de tan mecanizada que tiene la carrera, los pasos entre vallas, el impulso sobre los diez obstáculos de 1,067 metros de alto. Luego no se entera de las marcas que hace porque no ve, de ahí que siempre espera unos segundos para celebrar sus gestas, cuando se entera de lo que ha hecho. Es tan normal que sorprende. Nada la distrae. Ni los rivales, ni el ruido de alrededor. Y solo así se alcanza la gloria. Una gloria que, desde el miércoles, es más grande.
Sus padres, Elena y Jesús, le hicieron mamar el atletismo de pequeños, porque ellos también lo practicaron. Su madre, con más éxito y también vallista, no pudo asistir a Múnich, pero sí estuvo su padre. Familia discreta y orgullosa, tanto ellos como los hermanos de Asier, Aitor y Nagore, no faltan a los recibimientos de la estrella, aunque siempre guardan un discreto segundo plano entre el estruendo que forma su cuadrilla.
En las semanas previas a ser campeón de Europa, Asier estuvo acompañado en Larrabide por Abdelkader Larrinaga, un decatleta especialista en vallas y con una gran salida. El portugués de origen cubano no llegó tan lejos como el navarro, pero que ambos aprendieron uno del otro y se enviaron mensajes de apoyo. En Múnich, además de abrazar a sus amigos, Asier no se olvidó de hacerlo con Quique Llopis, rival desde niño, compañero de generación y que también fue finalista. Las primeras palabras como campeón fueron para todas esas personas que siempre están con él, porque sin su apoyo no habría sabido gestionar la enorme presión que ha tenido y que ha guardado en su interior, que es el de un chaval navarro más, pero campeón de Europa.