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Atletismo

El agradecimiento de los hermanos Quijera a su entrenadora

Más de una década de trabajo de la preparadora con los deportistas ha transformado a dos niños que lanzaban piedras en un dúo que hace historia

Ampliar Los hermanos Quijera cuelgan las medallas en el cuello de su entrenadora
Los hermanos Quijera cuelgan las medallas en el cuello de su entrenadoraJ.A. GOÑI
Publicado el 29/06/2022 a las 06:00
"¿Hace falta que esté yo en el reportaje?” “Sí, Idoia, tú vas a ser la protagonista”. “A ver qué decís, eh, que lloro muy fácil”. Idoia es Idoia Mariezkurrena Fernández (11-7-70). Lanzadora nacida en San Sebastián pero navarra de adopción, con gran palmarés, que pasó al otro lado, el de entrenadora, para superar su rendimiento como atleta. Bendito momento, porque su éxito es abrumador y, gracias a lo que ha sido capaz de extraer de sus atletas, ha recibido numerosos galardones. El punto culminante ocurrió el pasado fin de semana en Nerja, cuando el podio de la jabalina masculina en el Campeonato de España estuvo copado por lanzadores entrenados por ella: en el primer cajón, Manu Quijera, en el segundo, su hermano Nico, en el tercero, el riojano Rodrigo Iglesias.
La Federación Española distingue desde ahora a los técnicos con medallas. “Yo no he traído las mías”, se excusa Idoia. Ella es así, humilde, discreta, le da apuro salir en las fotos. Cuando se entera de que el reportaje se va a centrar en ella, no sabe dónde meterse. Pero cuando los hermanos Quijera, esos niños tan diferentes que cogió hace más de 10 años y que se han convertido en estrellas, le empiezan a decir “Gracias”, sabe que está donde tiene que estar. Se lo merece. Porque los Quijera son sólo dos ejemplos del talento que ha sabido pulir Mariezkurrena.
Sentados en unas escaleras a la sombra, en la parte trasera de Larrabide, Manu y Nico frente a frente, Idoia mirándoles, comienza una conversación que vale muchos quilates. Primero hay risas, algo de vergüenza, pero después seriedad, sinceridad y confesiones. Empieza Manu, que está pendiente de saber hoy si entra o no en la lista del Mundial y suelta sus nervios dirigiéndose a Idoia.
“Todo se resume en un gracias. Cuando me cogiste de pequeñito iba con la incertidumbre de si vas a conectar o a estar a gusto. Desde el principio, lo estuve, tenías ese toque humorístico, un poco tocapelotas, sobre todo con los más jóvenes. Luego vas creciendo y, aunque siempre ha habido algún roce, porque hay mucha tensiones por las diferentes visiones, siempre prevalece la tuya. Gracias por aguantarme -ríen Idoia y Nico-, porque soy como soy y no creo que sea fácil de gestionar a veces”.
“Son diferentes etapas, los roces de críos. Te puedes permitir ser más cojonera y darle, porque Manu era más gamberrete y lo enfilé” -responde Idoia, que les ha escuchado emocionada-. “Lo puteaba un poquillo, lo reconozco. A buenas, ¿eh? Pero le chinchaba un poco, diciéndoselo. Luego se van haciendo mayores y el estatus de que diriges tú lo vas flexibilizando para que ellos tengan su criterio. Hay momentos que hay roces y es problemático, porque se genera una tensión, que lo intentas y no te sale. Pero como en el fondo hay buen feeling, se resuelve fácil. De momento no va a más”, apunta Idoia. Los Quijera reaccionan con carcajadas.
“Llevamos un montón de años. El otro día me acordaba del campeonato cadete de 2010... Y desde entonces dando caña. Gracias a que nos has llevado hasta aquí, hemos vivido experiencias súper chulas. Este deporte nos ha dado la vida que queremos y estamos aquí gracias a ti”, añade sonriente Nico, que bromea diciendo que ahora es “el hermano de Manu”.
“Yo también os estoy agradecida. Sin vuestra implicación y confianza, no estaríamos aquí ninguno de los tres. Hay buen ambiente y nos ha tocado vivir muchas cosas” -los hermanos asienten- “Buenas y malas, el camino es largo. Vino Nico primero. Lo tenía claro desde el principio, pero ya sabes que no les haces mucho caso de infantiles. Le gustaba de todo y le vas dejando que vaya probando”. “Sí, entonces hacía también vallas”. “Fuiste cuarto de España”. “Pero conforme pasa el tiempo sabes que si te quieres dedicar a esto hay que entrenar lo que hay que entrenar. Echando la vista atrás, creo que he hecho el camino correcto. Durante los 2 años en Estados Unidos, mantuvimos el contacto y me ayudaba, y también en la vuelta a casa. Este año ha sido diferente. La insistencia de Idoia y del grupo ha hecho que siguiera el camino, y aunque no esté donde quiero estar, estoy un poco más cerca”.
PEQUEÑAS CHARLAS
Durante los concursos, no faltan esos pequeños momentos en los que atletas y entrenadora comparten conversaciones. ¿Qué se dicen? “Al principio, son más aspectos técnicos -revela Manu-. En el calentamiento, nos dice cómo quiere que enfoquemos los tiros y lo que quiere que cambiemos. Conforme pasa la competición, son más motivacionales. Normalmente, yo escucho y digo a todo que sí -ríe-, y luego ya veré lo que hago, pero la intención está. Como estoy en mi mundo, no me salen las palabras”. En la final de Liga, en La Nucía, cuando logró su marca personal de 83,28, guarda un recuerdo: “Empecé con 74 y luego hice 79, pusimos los dos caras de que ese día se podía, sin expresarlo. Cuando hice 82, los dos sabíamos que podía hacer más. El resto es historia. En la celebración estuve un poco a mi bola”.
Mariezkurrena resume qué trata de transmitir a sus atletas: “Antes del calentamiento, les recuerdas dónde tienen que poner el foco, ajustar la carrera y después guiarles, porque ellos pueden ver por otro lado el error y tú les dices que confíen. Como te encierres a nivel técnico y te crispes, entras en un bucle de correcciones. Les dice un poco lo que tienen que vigilar y que desde fuera se ve mejor, animarles y darles confianza. Recordarles que aunque no haya salido el primero la prueba es larga. También les das su espacio, porque en la competición hay tensión. El día de La Nucía, cuando tiró 82, lo veía sentado, cabizbajo y de espaldas y decía: ‘¿Y ahora qué hago? ¿Éste que va a hacer, va a dejar la prueba, va a seguir, se va a desbocar y me va a armar la marimorena? Pues le dejas su espacio y ves cómo lo gestiona”.
“He de reconocer que estuve a punto de pasar del cuarto lanzamiento -reconoce Manu-. Estaba temblando”. “Es que yo te veía así y no sabía qué hacer, tuve dudas. Pero lo gestionaste muy bien, te enganchaste a la prueba y me lo pusiste fácil”.
“Yo soy un poco de comentar más que Manu -intercede Nico-. Manu dice ‘sí, sí, sí’. En Madrid cuando no estaba Idoia nos tocó a Rodrigo (Iglesias) y a mí -compitieron los tres en el Meeting de Vallehermoso, que ganó Manu- y también nos decía a todo que sí. En mi caso, el 90% son detalles técnicos, ajustar la carrera, y luego la parte motivacional. Este fin de semana tengo ejemplos de las dos cosas. Fue en el quinto tiro, la carrera no fue bien, no entré bien a los cruces y perdí el tiro. En el sexto, controlé eso, apoyé mejor al final y estuvo bien. De la parte motivacional, me acuerdo de que en el absoluto de 2020, que estaba peleando con Odei (Jainaga), iba donde Idoia y le decía ‘Está ahí y lo voy a pasar’. Nunca había tenido tan claro. le pasé y luego me lo devolvió -sonríe-. Y ahí Idoia, dentro de mis ganas, me animaba pero me tranquilizaba”.
DIBUJANDO A LOS QUIJERA
Los hermanos Nico y Manu Quijera Poza (26 y 24 años, respectivamente) son muy diferentes y su entrenadora es una de las personas que mejor los conoce.
Nico es cuadriculado. Cuando vas con él, va muy fácil. Cuando te cuesta un poco, ¡dios! -exclama- A veces nos cuesta. Pero si no, es muy fácil de llevar porque tienen capacidad de dialogar y entender. Y Manu... es Manu. Sí, sí, sí. Es un torbellino. Le tienes que decir: ‘Manu, plántate un poco y escucha. Y te dice: ‘¡Ya lo hago!’ Son muy diferentes y te tienes que adaptar. A veces es complicado y ellos tienen el comodín de ‘ya lo intento’, que yo no discuto. Y hay se crean pequeñas tensiones, pero son cosas que tienen que pasar”.
Y como personas, ocurre parecido: “Son diferentes. Nico es un poquito más cerrado, tiene su mundo. Manu es más transparente y le sacas más fácil”.
Trabajar con dos hermanos. Ahí queda eso. Complicado, por la complicidad mezclada con rivalidad, por los diferentes momentos deportivos que atraviesan. “Es muy difícil. Si de normal un entrenador tiene que gestionar que a un atleta le salga bien y a otro no, ni disfrutar del todo del que le ha salido bien ni sufrir tanto del que le ha salido mal... A mí me viene bien por mi forma de ser, porque si no sufriría mucho más con un atleta. Esto me permite equilibrarme -dice Idoia sonriendo-. Pero con dos hermanos es difícil, porque se están picando desde críos y es un peñazo. Tienes que decirles: ‘Lo siento, esto para casa. Lo siento por Celia -su madre-, pero aquí sois dos atletas. No se tratan igual entre ellos que con el resto de compañeros, que es lógico. Cuando Nico se fue a Estados Unidos y luego volvió, dije: ‘¡Si se me había olvidado lo que era esto! Pero tienen buen rollo entre ellos. El mayor marcó un terreno, el menor vino detrás, te alcanzo, te paso, ahora tú a mí... Eso lo tienen que gestionar también en la familia y lo llevan bien. Es importante porque es un tema delicado. Si a mí me cuesta, no me quiero imaginar a los padres. Ellos tienen que estar contentos por uno pero poner cara de disimulo porque el otro está jodido”.
“El atletismo tiene una bondad, que es que nos pone a cada uno en nuestro sitio -interviene Nico- Es cierto que puedes estar más alegre o más triste según haya ido la prueba, pero nunca vas a pensar que ha sido injusto. Lo que hay es y ya está”. “Menos en Soria”, apunta Manu. “Le gané por 4 centímetros”. “Después de ir ganando toda la prueba”. “Y entiendo que le sentase mal. Manu tenía entonces 19 años y ahora tiene 24. Estoy seguro de que ahora no habría reaccionado de la misma manera. Todo forma parte del proceso y hay que aceptarlo. Es el deporte”, recalca el hermano mayor.
DE HERMANO A HERMANO
Es el momento de que los dos hermanos, rivales y cómplices, se miren y se hablen uno al otro. Abre el fuego Nico.
“Tu año ha sido una gozada. No ha tenido apenas percances y cada entrenamiento ha sido para buscar un plus. Como hermano, todavía mejor, porque lo vives de cerca. Disfruto mucho de verte competir, llevamos toda la vida juntos y de verte con 8 años tirando piedras al mar a verte ahora, que estás a punto de conseguir ir al Mundial- Manu tuerce el gesto, está tan nervioso esoerando la actualización del ranking esta tarde que no quiere dar nada por sentado-. Estoy muy orgulloso”.
“Yo lo primero que quiero hacer es darte las gracias, porque a veces soy complicado -indica Manu-. Nuestras maneras de ser hacen que haya roces, pero siempre nos aguantamos. Aunque hayamos tenido un pique más fuerte, al día siguiente ya estamos como siempre. Gracias por aguantarme en mis momentos de competición mala en los que estoy más insoportable. Y dentro de esa rigidez tuya es difícil de entrar, pero creo que este año hemos conectado más y me alegro por ello. Ahora estás encontrándote y tienes que ir a por ello”.
“Yo también te doy las gracias. Este año ha sido complicado y ha sido tenerte cerca ha sido importante”, admite Nico. Y su hermano apostilla: “Tengo que reconocer que verte en algunas competiciones me daba pena e impotencia. Un tío que ha pasado de 80 metros está matado para lanzar 67-68... No era fácil de llevar”. “Está claro -reconoce Nico-, y a la posición inversa, en Motril mi hermano lanza 80 por primera vez en 3 años y yo lancé 67 y los últimos tiros no podía hacer absolutamente nada. Sentía una alegría enorme por Manu, pero a mí no me había ido bien”.
“Somos competitivos, queremos primero lo nuestro. Pero está claro que quiero que le vaya mejor a Nico que a cualquier otro. Aunque Rodrigo igual anda ahí ahí -bromea Manu-.”
Ya no viven bajo el mismo techo, pero esa rivalidad también existía en las tareas domésticas: “Yo cocinaba y Manu recogía... aunque a veces no recogía nada”. “Ya estamos”, salta Manu sonriente. “Pero me consta que ahora Manu cocina bien”.
El próximo guiso de Nico será en Granollers, este sábado en el Campeonato de España de Federaciones. Manu sabrá hoy si va al Mundial. Idoia Mariezkurrena tiene motivos para estar feliz.
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