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ENTREVISTA
ATLETISMO 

Asier Martínez: “He pasado en un año de idolatrar a atletas a competir con ellos y no lo asimilo”

Con 21 años, este estudiante de Ciencias Políticas de disciplina espartana, mente privilegiada y progresión sideral llega a Tokio sin presión, una losa que asegura le ha perseguido durante toda su brillante temporada

Asier Martínez haciendo estiramientos en Larrabide, el pasado viernes
Asier Martínez haciendo estiramientos en Larrabide, el pasado viernesCarlos Calleja
Actualizado el 24/07/2021 a las 13:25
Está preocupado. Tenso. Le cuesta sonreír. ¿Qué le pasa a la joya más brillante de la cantera del atletismo navarro? Pues que en el momento de realizar esta entrevista, la pasada semana en Larrabide, siente el miedo. Asier Martínez parte hoy para reunirse con la selección de atletismo en Madrid, escala previa para viajar el viernes a Tokio. Y lo hace después de haber pasado unos días muy preocupado por su salud, por no contagiarse, no lesionarse. “Un sinvivir”, asegura el vallista. La tensión es directamente proporcional al inmenso honor que siente por ser olímpico. A pesar de su juventud, 21 años cumplidos en abril, calibra la importancia de esta cita de la que ha sido espectador desde niño. No asimila todavía que se va a enfrentar en la pista a hombres que ha admirado por televisión.
En la capital de España, se encontrará hoy con el otro atleta navarro que irá a los Juegos Olímpicos, Sergio Fernández. Un referente, un ídolo, un espejo en el que mirarse. Curiosamente, ambos atletas se han mencionado mutuamente con admiración en las entrevistas que este medio ha venido publicando con los deportistas navarros olímpicos. Apenas se conocen, pero Tokio los va a unir para siempre.
Asier Martínez
¿Cómo se encuentra antes de marchar a Tokio, física y anímicamente?
Bien. Es verdad que la temporada se me está haciendo un poco larga, no por el aspecto técnico del entrenamiento, sino porque a nivel psicológico está siendo muy intensa. Estoy afrontando competiciones que nunca había afrontado y había llegado a posiciones en las que nunca había estado. Nunca había salido como líder, con el dorsal azul. Nunca me lo había imaginado. Afrontar esto es psicológicamente difícil. No estoy disfrutando al 100% de lo que estoy haciendo, no soy consciente. Ahora mismo, estoy a unos días de los Juegos Olímpicos y estoy más centrado en quién ha dado positivo, quién está confinado, a quién puedo acercarme, a quién no, que en lo que significan para mí los Juegos. Tengo ganas de terminar por sentarme y valorar lo que he conseguido. Sé que mi entorno lo valora, pero creo que yo no lo estoy haciendo como debería. Está siendo duro.
¿Cómo afronta la espera hasta el día 3? (La expedición atlética sale hoy hacia Tokio)
No creo que sea mucha espera. Entre que llegas, te aclimatas... Hay que tener en cuenta la diferencia horaria, el jet lag, todos estos factores. Hasta que me sitúe un poco, no voy a tener tanto tiempo para pensar. Y luego... yo voy a ser un crío ahí. Voy a llegar y voy a estar flipando con todo, y eso me va a despejar de la competición. La voy a afrontar muy tranquilo, porque estar allí ya es un premio. Es una situación parecida a la del Europeo en pista cubierta, cuando llegué a la final. Ya había pasado el punto de tensión, el momento álgido de que me lo estaba jugando todo, y la final fue un premio. Por eso estaba relajado y disfrutando. Esta competición va a ser parecida, pase lo que pase. Evidentemente, voy a ir a cuchillo y a morder al que esté al lado, pero no siento tener una expectativa.
La presión la tuvo en el Europeo sub-23, donde parecía que era obligatorio que ganase por ser líder continental. Y ganó. Pero Tokio es otro mundo.
Claro, claro. No es sólo la élite mundial, es la élite en su mejor momento. Sabes perfectamente que la gente que va ha preparado esa competición. No es un check point, como ha podido ser para mí el Europeo sub-23. Es gente que prepara ciclos enteros para ir a los Juegos.
¿Es mejor salir sin esa presión?
Para mí la clave es la calma, la tranquilidad. En el Europeo, no lo estaba. Llevaba el dorsal azul y eso suponía que tenía que ser campeón, aunque en realidad no fuera así. He afrontado las últimas competiciones con presión. Si no era la mínima, era superar a Quiñónez en el ranking histórico, todo eran expectativas. Yo no tengo prisa para hacer la marca que tengo en las piernas. Ahora. Pero hace tres semanas sí la tenía. Esta temporada de aire libre ha sido todo correr con presión. Incluso en el Campeonato de España tenía que correr con el dorsal azul teniendo al lado a Orlando Ortega.
Pues menuda carrera le salió...
Sí, pero es ahora cuando voy a salir a disfrutar. No voy a tener nada más en la cabeza.
¿Qué es lo que más le ilusiona de estar en Tokio?
Lo que más ilusión me hace es lo que significan las Olimpiadas. La gente que gana un Mundial tiene su reconocimiento, pero no es lo mismo. Los Juegos tienen un reconocimiento social no sólo en el atletismo, sino fuera. Eres otra persona, eres alguien olímpico. No hay mucha diferencia entre un olímpico o un olímpico semifinalista... Bueno, hay mucha, pero no para la gente de a pie. Todos los atletas olímpicos tienen un respeto y he pasado en un año de idolatrar a esos atletas a ser uno de ellos casi sin darme cuenta.
¿Cómo va a reaccionar cuando vea a sus rivales en la pista de entrenamiento?
Son gente que he visto toda la vida. Me ha pillado en una época esas figuras atléticas que en su día yo vi. Hace cinco años grabé los Juegos de Río. Que dentro de dos semanas yo vaya a competir contra las figuras deportivas de mi infancia en tan poco tiempo, que vaya a calentar o comer con ellos... todavía no lo asimilo.
¿Qué hay detrás de un 13.31?
Es típico decir que mucho esfuerzo. Pero, en mi caso, no son sólo las horas de entrenamiento, el esfuerzo físico... Lo que he sacado en claro es el desgaste psicológico, una presión, un miedo... Miedo de entrar, para empezar. Estaba dentro por ranking pero hace un par de semanas aún no se sabía quién iba a entrar. Conozco gente que ha estado llamando a las 4 de la mañana a Polonia para contactar con una chica porque si salía ella entrabas tú.
¡Qué estrés!
Sí, para empezar, si iba a entrar o no. Sé que estaba corriendo para la mínima pero no la estaba pillando. En mi caso, no era porque no la tuviera, sino porque había tormenta, o - 2 de viento, o toco la última valla, me la meriendo y me la llevo por delante... Cosas así. Tenía claro que lo tenía, pero... Y luego está el aspecto físico. Tengo miedo hasta el punto de que estoy en una burbuja, y que puedo estar rodando, pisar mal y te quedas fuera, como se ha visto con Irene Sánchez-Escribano. Y, por supuesto, la covid. La franja de edad más contagiada es la mía y digo de verdad que esto es un sinvivir. Estoy vacunado, no salgo de casa, voy del estadio allí. Con el único que me junto como conviviente es con Jon (Seriola), que también está vacunado. Estoy solo en casa, mis padres y mis hermanos no están. Me encuentro hasta enfermo. Soy asmático, me levanto con la alergia y me da por toser. Me ha pasado toda la vida, pero ahora... ¡buf! Estoy... Tengo unas ganas de llegar a Tokio y meterme en la burbuja. Una vez que estás allá es difícil contagiarte. Tal como está todo mi entorno, con confinados, positivos...
¿Qué significa formar parte del ‘Swan Team’ (mote de su entrenador, François Beoringyan)?
No es sólo un grupo de nivel técnico o físico. No sólo la figura de Fran, sino que la familia que se hace te hace adoptar una actitud, unos valores, una forma de ver el atletismo. Estoy convencido de que viene una figura arrogante, chula, el grupo lo excluye. Hemos llegado a un punto en el que entrenar con Fran no es sólo lo físico, lo técnico, hacerle caso en todo. Es tener una relación con el grupo basada sobre todo en la humildad, el respeto, en el tratar de tú a tú sobre cualquier tema. Yo no me creo más que nadie. Y es lo que más define al grupo. Me han apoyado mucho en este proceso, pero no ahora, sino el año pasado, hace dos...
¿Cómo lleva un chico como Asier, discipilinado, sencillo, con valores, que desde fuera se le vea como la nueva estrella del atletismo?
No soy consciente de la magnitud de esto. Sí que me ha pasado cuando veo que Sergio Fernández habla de mí. Yo estuve con él cuando hizo la mínima olímpica en Alcobendas. Estuve en el Campeonato de España de La Nucía cuando hizo la mínima para Doha. He seguido toda su carrera a pie de pista. He visto en directo cuando Sergio se quedó subcampeón de Europa en Amsterdam, sus Juegos Olímpicos... Que esa gente tenga un momento en su vida para pensar en mí, cuando he visto todas sus carreras, sé de dónde viene, lo que piensa y como actúa, significa más aún que los logros deportivos. Que tenga un momento para fijarse en mí es buena señal.
¿Cómo se imagina la Villa, el estadio?
Están sacando protocolos cada día. Hasta que no llegue allí, no quiero darle muchas vueltas. Me apetece ir, pero yo no soy nadie y voy con gente de mucho nombre.
¿Que no es nadie?
Es verdad, y prefiero no serlo.
Y si se encuentra con Grant Holloway...
Ése si que no me conoce -ríe-.
¿Le importa que no haya público?
No me extrañaría nada que los japoneses consiguieran un ambiente artificial. Hablaban de que ibana poner robots. Si es sin público, sin público. Todo lo que no esté en mis manos... Sí, van a ser unos Juegos raros, especiales, pero son mis primeros y no voy a pensar en otra cosa. Igual me metes 100.000 personas en un estadio y no compito bien.
¿De quién se va a acordar el día 3, cuando inicia su competición?
De mis padres y mis hermanos, que lo han vivido en primera persona. Han visto cuando estaba hecho polvo, o cardíaco, por las presiones. Y ellos también han vivido con ese miedo. Y seamos realistas, hasta que no cruce la meta, con una buena marca o una marca de mierda, no estaré tranquilo. Pueden pasar tantas cosas... Da mucho vértigo, malestar y ansiedad porque es un sueño que estoy a semanas de cumplir. Cualquier contratiempo que me lo impidiera, no sería un golpe sin más, sino mucho más serio. Y no cuento a mi familia no sólo a la de sangre. Jon (Seriola) está aguantando la temporada sólo por entrenar conmigo, para que no esté solo. Él terminó su temporada hace un mes y no tendría por qué hacerlo.
Eso es un amigo.
Pues sí. Sé que le está costando entrenar. Ya no tiene competiciones, sólo lo hace para estar conmigo.
François, su entrenador, no puede ir...
Me da rabia porque esto es tan suyo como mío. Todo lo que he vivido, lo ha vivido él. Momentos buenos y malos, dudas y miedo. Corro yo, pero él conmigo. Que este premio no lo pueda disfrutar en directo me da pena.

Test olímpico

1. ¿Cuáles son los primeros Juegos Olímpicos que recuerda?
Los de Río. Son los que seguí consciente y viendo todas las pruebas.
2. ¿Cuál es su gesta olímpica preferida?
Las medallas de Usain Bolt. Sin duda.
3. ¿Deportista olímpico/a que admire?
Sergio Fernández.
4. ¿A quién le gustaría ver en la Villa Olímpica?
A Grant Holloway (plusmarquista mundial de 60 m vallas y campeón del mundo de 110). Pero si lo veo no haría nada. Diría: “¡Anda, es Holloway!” Y ya está -sonríe-.
5. ¿Qué otro deporte seguirá, además del atletismo?
El boxeo. Me gusta mucho, tengo amigos que lo practican. Me gusta el deporte en sí, lo he seguido mucho. Lo poco que he practicado me ha gustado. Ahora ya no, si le digo a Fran que hago boxeo me cruza la cara -ríe-. Me parece un deporte jodido, no por los golpes que recibes, sino por toda la preparación que hay detrás. Y luego tenemos aquí la figura de David Soria.
6. Un ídolo de la selección española que va a Tokio.
Sergio Fernández, su situación ha sido y es jodida. Desde su buen momento, sólo ha tenido problemas. La gente lo daba por muerto. Y él sigue, y sigue. Y va a estar en sus segundos Juegos. Por eso me quedo con él, porque sé la historia que tiene detrás. Igual hay otras que no conozco, pero la de él sí.
7. ¿Qué deporte incluiría en el programa olímpico?
No sabría decirte... El K-1.
8. ¿Cuál es su momento más esperado de estos Juegos?
Terminar -sonríe-. Terminar la temporada. Sea en series, en semifinales, y volver aquí y disfrutar tres semanas de lo que he hecho, asimilarlo. Y después esperar con ganas del año que viene, planificarlo, y verme en otra realidad, que ha cambiado mucho. También tengo ganas de echarme una juerga con mi cuadrilla.
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