rugby subacuático
Laura Sambo: “Cuando lo pruebas, ya no hay vuelta atrás”
Laura Sambo Nieto es jugadora internacional de rugby subacuático, un deporte muy poco conocido que comenzó a practicar a los 16 años después de abandonar la natación sincronizada


Actualizado el 11/03/2020 a las 10:14
Ha participado en más de 30 campeonatos internacionales, ha disputado un Mundial y un Europeo defendiendo la al equipo nacional, ha participado en varios campeonatos del mundo de clubes y habla con absoluta pasión del rugby subacuático. Laura Sambo se ha planteado el reto de hacer crecer este deporte en España, mientras trabaja Liebherr Pamplona y da clases de natación sincronizada en Amaya.
Usted nace en Italia. ¿Cuándo viene a España?
Mi padre es italiano y mi madre es española. A los 10 años me vine a vivir a Valladolid con mi hermano mellizo y mi madre. Yo acabé en natación sincronizada y mi hermano en salvamento y socorrismo, los dos en la piscina. Y ninguno mis padres, por cierto, sabe nadar (se ríe).
¿Cómo empezó su idilio con el rugby subacuático?
Comencé al llegar a Valladolid a hacer sincro, aunque ya era un poco tarde para empezar. Tampoco estaba yo demasiado entregada en la natación sincronizada. Por razones de tiempo y de estudios, y porque el equipo ya se estaba disolviendo, decidí dejar la sincro. Veía a esta gente al lado, en la piscina, que estaban todo el rato con un balón, riéndose y pasándoselo bien y decidí probar. Y aquí he acabado. Cuando lo pruebas, ya no hay vuelta atrás.
¿Qué es el rugby subacuático?
Es el único deporte con balón que se juega en tres dimensiones. Nace en Alemania a finales de los años 50 como método de entrenamiento de los buzos del ejército alemán. Fue tomando forma y ahora se juega seis contra seis en el agua, y otros seis en el banquillo para realizar los cambios que estime oportuno cada equipo. Se trata de meter un balón, que tienen flotabilidad negativa y que es redondo, en una canasta de metal que hay en el fondo de la piscina. La tridimensionalidad de este deporte la da la profundidad. La piscina reglamentaria es de entre 3,5 y 5 metros de profundidad, aunque nos acabamos adaptando a lo que hay en cada lugar.
¿Qué está permitido bajo el agua?
La principal norma es el sentido común, nada de juego sucio ni juego peligroso. De hecho, los árbitros somos muy estrictos con eso. He visto expulsar a jugadores del partido e, incluso, de un Mundial. La regla básica es que el balón no puede salir del área y sólo se puede agarrar a quien lleva el balón. Evidentemente, no se puede agarrar de las aletas, del bañador, del gorro… sólo del cuerpo.
¿Cómo fueron sus inicios?
Cuando empecé no había mucha gente que lo practicara. Y jóvenes menores de 30 años éramos sólo tres o cuatro. Dos o tres veces al año nos solíamos juntar con los de Madrid y Barcelona, que son los otros dos equipos que hay en España, para hacer concentraciones. En una de ellas, que yo llevaba como unos 15 días en este deporte, me dijeron que jugara de una posición en la que no lo había hecho. Ahí, la que es ahora la seleccionadora española me dijo que se me daba muy bien y que esa iba a ser mi posición a partir de ese momento. Al final, he ido jugando en muchas posiciones, pero lo mío es la defensa. A los tres meses me dijeron que había un Mundial en Helsinki y me propusieron ir. Yo acepté y ahí que me fui yo sola con 16 años.
¿Qué tal fue en el primer Mundial sin llevar un año en el rugby subacuático?
Es una experiencia en la que aprendes todo de golpe. Los partidos eran largos y duros, no era fácil aguantar un partido a las noruegas, por ejemplo, que fueron las campeonas del mundo ese año. Aprendes, sobre todo, a no decaer moralmente, porque obviamente España no está entre los mejores. Nos cayeron unos cuantos y lo más duro fue aguantar eso mentalmente.
¿Le dio tiempo a disfrutarlo?
Recuerdo que la sensación que tuve allí es que, estaba tan concentrada en el partido, que no me acordaba ni de que tenía que salir a respirar. Es un deporte en el que te lo estás pasando muy bien cuando lo practicas, aunque te estés llevando una paliza.
¿Cómo se financia este deporte?
Nos lo tenemos que pagar todo nosotras: inscripción a los campeonatos (incluido los europeos y mundiales), bañador, vuelo, alojamiento… todo. El año pasado el mundial fue en Colombia y no pudimos ir, obviamente.
¿Hay alguna liga en España?
Como tal no hay liga. Sí que hay un Campeonato de España entre los tres equipos (de Barcelona, de Madrid y de Valladolid) y cada año lo organiza una ciudad de las tres. Ese campeonato decide el campeón de España y va a la Champions, que es el Campeonato del Mundo de clubes que se celebra todos los años en noviembre en Berlín. El año pasado ganamos el Campeonato de España tanto masculino como femenino y fuimos a Berlín. Este año fue el primero que los clubes españoles demostramos que estamos ahí, que podemos competir.
¿Cuál es el mejor momento que recuerda haber vivido en este deporte en estos ocho años?
Varios momentos. El de Berlín este año ha sido muy bueno. Hace dos años fue el Europeo otra vez en Helsinki, ahí hicimos historia porque España empató su primer partido. Empatamos a cero y estábamos todas súper ilusionadas. Pero también, hace dos años se conmemoró en Berlín el 50 aniversario del primer campeonato de rugby subacuático en el mundo. Fue un campeonato memorable. Estuvo el inventor del rugby subacuático, con quien me saqué una foto (la muestra orgullosa).
¿Lo más duro?
Duro, duro no se hace nada, porque lo haces con gusto. Y las cosas hechas con gusto no duelen. Al final, evidentemente, lo más duro de este deporte es el precio, el precio económico que tenemos que pagar para poder practicarlo, desde las aletas, pasando por inscripciones, hasta los bañadores…
¿Qué pretende realizar en Pamplona?
Que esto crezca y que haya más equipos en España, para que aumente así el nivel competitivo. Pretendo mondar un equipo mixto primero para ir al Campeonato de España. Estamos tres personas fijas. Este sábado tenemos una jornada de puertas abiertas en Guelbenzu, en la que espero sacar otras dos o tres personas por lo menos.
Está tan enamorada de este deporte que incluso realizó una investigación sobre aletas para mejorar este deporte.
Sí, fue mi trabajo de fin de máster. Pero al final no lo pude llevar a cabo, porque sólo el coste ya de los moldes se nos disparaba. Eran unas aletas de fibra de carbono enfocadas específicamente a este deporte. Si algún día puedo, intentaré desarrollarlas. Ojalá, pero está realmente complicado, va a costar lo suyo.