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Las navarras dan guerra en la final de balonmano femenino de España

Las navarras dan guerra en España
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Las navarras dan guerra en EspañaJesús Caso
Las navarras dan guerra en España

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Pablo Ayerra

Actualizado el 23/06/2017 a las 11:27

“Hay que esta muy orgullosos del balonmano femenino navarro porque está en el mejor momento de su historia. Nunca tres equipos se habían metido antes en tres fases finales del campeonato de España”. Son palabras de Toño Lillo, padre de una de las jugadoras y oficial de las balonmanistas del Malkaitz cadete. Ganaron el Campeonato de España el primer fin de semana de junio. Pero no fueron las únicas en disputar una final. Una semana después, las infantiles del Beti Onak sintieron la miel en los labios tras quedar subcampeonas por dos tantos de diferencia en la prórroga. Su entrenador, Miguel Echeverría, es consciente de la gesta. “Nada más pitar el final, sientes cierta decepción por haber tenido la victoria tan cerca, pero enseguida piensas y te das cuenta de lo que han conseguido y se transforma en alegría”, explica. El tercer equipo en clasificarse para una fase final estatal fue el Malkaitz juvenil, que quedó cuarto de España en su categoría.

El balonmano femenino navarro está a un nivel muy alto. Cuando otras comunidades como Cataluña parecen tener más potencial, las navarras han dado guerra en las competiciones estatales. “Somos una ciudad de 10.000 habitantes y hemos vencido frente a las que tienen 100.000”, resume el técnico de las de Villaba. Junto a Burlada, han llevado a tres equipos de balonmano femenino navarros muy lejos. Unas 45 jugadoras en total. “Hemos pillado generaciones que lo hacen muy bien”, dice Raúl Azcona, técnico del Malkaitz, que se proclamó campeón.

El deporte, a base de “pasión”

Tanto los entrenadores como los familiares de estas treinta chicas hacen énfasis en las dificultades de llevar a lo más alto a un grupo de adolescentes que está en edad de estudiar. Es balonmano, femenino y de base. “No tenemos patrocinador, claro. En la fase final, las chicas pasaron seis días fuera de casa con una pequeña aportación del club, pero la mayoría corre a cargo de los padres”, relata Adela Otxoa, madre de una de las jugadoras y delegada del Malkaitz. “Estamos muy agradecidos al ayuntamiento de Burlada porque sin su apoyo no tendríamos las instalaciones, pero la realidad es que hay muchos equipos y tenemos a una campeonas de España entrenando en media pista”, añade Otxoa sin ningún tipo de inquina, sino con la simple pretensión de mostrar cómo se funciona en un club de apenas 100 jugadores de balonmano entre sus seis categorías.

Los entrenadores siempre insisten en que los estudios son lo primero. Las campeonas del Malkaitz tienen entere 15 y 16 años, y entre 13 y 14 las subcampeonas del Beti Onak. “Llevamos jugando desde los cinco años y nosotras tenemos nuestra propia teoría: el balonmano es lo primero”, afirman entre risas las de Burlada. “La clave es la organización, tenemos que estudiar y, después, música y cosas así, pero da tiempo para todo”, añaden las de Villava. Los entrenadores de ambos conjuntos utilizan la misma palabra para explicarlo: “pasión”. “La verdad es que están a mil cosas, pero no fallan a entrenar. Son unas apasionadas”, dice Miguel Echeverría. Y lo cierto es que no es fácil compaginar. Por ejemplo, las del Malkaitz han hecho entre tres y cinco salidas de varios días en dos meses para competir en otras ciudades, dependiendo de cada jugadora. Cinco de ellas fueron convocadas también con las juveniles de una categoría superior.

La unión lleva a la victoria

Un factor clave en la victoria de las de Burlada fue la experiencia. En 2015 ganaron el campeonato infantil, la primera vez que lo consigue un equipo navarro y que este año han conseguido las de Villava. En 2016 quedaron quintas de España y, este año, primeras. Eso les dio madurez en la competición. Además, son una piña porque compiten juntas, son amigas fuera de la pista y muchas van juntas a clase.

El fotógrafo de este periódico cita a las subcampeonas de Villalva en la plaza de la localidad dos días después de la final. Alguna de las señoras que pasa por allí les paran preguntarles si son ellas las subcampeonas de España, como quien pregunta de quién eres. “Me hace especial ilusión porque he sido profesor de varias de ellas”, dice Mikel Oteiza. “El día de la final estábamos en una gigantada con la comparsa al mismo tiempo que seguíamos el partido en streaming en el móvil”, relata. Y algunos bares de la localidad lo conectaron al televisor de su local. Sienten cierto orgullo porque lo que lograron las jugadoras de Villava y Burlada lo hicieron en nombre de su equipo, de su club, de su localidad y de todo el balonmano femenino de Navarra.

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