Gastronomía

Los navarros adelantan su cena más de media hora en los últimos siete años: "A veces hay gente que pregunta para  las siete y media"

El avance de las 20.42 que promedió en 2019 a las 20.10 que marca actualmente podría deberse, entre otros factores, a la costumbre adquirida en la pandemia de reservar en los restaurantes y al auge de residentes extranjeros

Platos en una mesa en Akari Gastroteka
AmpliarAmpliar
Platos en una mesa en Akari GastrotekaMIGUEL OSÉS
Platos en una mesa en Akari Gastroteka

CerrarCerrar

Javier Estévez

Publicado el 10/10/2026 a las 16:51

Andrea cena "idealmente" entre las ocho y media y las nueve de la noche, Sergio se apunta entre semana al mismo horario y a Ana le gusta completar su alimentación diaria antes de las nueve, aunque no establece un límite mínimo. Los tres, en cualquier caso, sitúan su última comida de la jornada por encima de una hora media que no hace más que decrecer. En los últimos siete años, el momento de la cena en Navarra se ha adelantado más de 30 minutos. En concreto, ha pasado de las 20.42 que registró en 2019 a las 20.10 que marca en la actualidad.

Esta serie histórica solo presenta una anomalía. En 2022 se cenó más tarde que el año anterior, que estuvo condicionado por el toque de queda y otras restricciones motivadas por la pandemia de covid. Sin embargo, desde entonces, la hora media solo ha presentado caídas interanuales. Y el descenso ha sido tal que, de confirmarse en lo que resta de 2026 el dato ofrecido por CoverManager —una plataforma que gestiona las reservas 'online' en 95 restaurantes navarros—, este año se rompería por primera vez el suelo fijado en 2021 (a las 20.13).

El gráfico que dibujan estas horas medias indica que los hábitos pueden estar variando de manera "incipiente", aunque el sociólogo Sergio García Magariño anima a interpretar los datos "con cautela". "Es prematuro hablar de un cambio de tendencia", apunta el profesor de la Universidad Pública de Navarra (UPNA). Pese a ello, medios como 'The New York Times' y 'El País' han analizado recientemente la posible pérdida de una costumbre que lleva décadas arraigada en todo el Estado. "¿La cena tardía en España está desapareciendo?", se preguntaba a finales de agosto el periódico estadounidense. "El fin de las cenas a las 10: por qué España abandona una de sus costumbres menos europeas", replicaba en septiembre el diario español.

Ambos artículos asocian este hábito a factores que García Magariño describe como económicos y político-militares. Por un lado, la pobreza favoreció el pluriempleo durante la posguerra, y en esos años también se consolidó la jornada laboral partida. "¿Cómo cenar a las seis si salías de trabajar a las ocho?", cuestiona 'El País'. Por otro lado, el cambio del huso horario impulsado por Francisco Franco supuso que, por ejemplo, Pamplona fuese —y así continúa— una hora por delante de Londres, a pesar de que la capital navarra se sitúa al oeste de la británica y, por lo tanto, sus manecillas deberían ir más atrasadas.

Además, esta modificación, que data de 1940, ha favorecido con el paso de los años la aparición de un tercer factor. "En todos los debates sobre el cambio del huso horario, Baleares [la región española donde antes anochece] no quiere porque, desde el punto de vista del turismo, tener más horas de sol le beneficia en las cenas", ejemplifica García Magariño. Para él, de todos modos, el estereotipo nacional de la cena tardía se ha llevado más lejos de lo que realmente representa. "Se ha creado una especie de mito de que España es diferente y hay un orgullo por la distinción que eso supone. Entonces, cuando contamos a otros cómo es el horario español, se exagera".

Pese a que la hora de cenar se sitúa en Navarra por encima de la media nacional (a las 19.57), los ciudadanos del territorio foral también tienen cada vez menos motivos para presumir de un estilo de vida tardío. Según los datos ofrecidos por CoverManager, que ha analizado en torno a 627.000 reservas realizadas en los últimos siete años en la comunidad, dos de cada tres cenas (66,2%) en 2019 fueron a las nueve o más tarde. En 2026 —con datos hasta el 16 de junio— ha sido una de cada dos (50,9%). Y cuanto más avanza el reloj, más drástico es el descenso. Las cenas a partir de las diez han decrecido en siete años a la mitad (del 30,7% al 15%), y de las once en adelante se han desplomado del 8% al 1,2%. A nivel nacional, los datos actuales son muy similares. "Casi el 70% de los establecimientos a los que hemos consultado afirma que sus clientes cenan antes que hace tres o cinco años", apunta la responsable de Comunicación de la Asociación de Hostelería y Turismo de Navarra (AEHN), Andrea Chocarro Calvo.

CARGAS FAMILIARES

Así ocurre, por ejemplo, en La Mudita, donde la hora media de las cenas se ha adelantado en los últimos siete años 36 minutos (de las 21.17 a las 20.41). Además, según CoverManager, el 41% de las reservas nocturnas en este establecimiento son ahora para antes de las nueve, cuando en 2019 representaban el 19,3%. "Antes del covid abríamos la cocina a las ocho y media, y después lo cambiamos a las ocho", explica Garazi López Ortiz, encargada del restaurante ubicado en la avenida de Roncesvalles. Y, aun así, todavía hay quien llega demasiado pronto. "A veces hay gente preguntando para cenar a eso de las siete y media u ocho menos cuarto". Un horario temprano que buscan, sobre todo, "familias con niños pequeños".

Para García Magariño, como se recoge también en la pieza de 'El País', este es uno de los cinco factores que explican el cambio de costumbre. "Quienes salen a cenar suelen ser personas de entre 30 y 50 años. Es un periodo donde se tienen muchas cargas familiares, así que es normal que cenen antes". El segundo es el aumento de residentes con ingresos medios o altos nacidos en otros países. El tercero, la costumbre adquirida en la pandemia de reservar en los restaurantes. "La hora punta no puede ser para todos", apunta el docente. El cuarto tiene que ver con la proliferación de las jornadas laborales intensivas. Y el último se relaciona con el descenso de los servicios de comida (del 55% al 46% entre 2019 y 2026, según la aplicación de reservas 'online' TheFork) y el crecimiento de los de cena (del 45% al 54%).

En una sociedad acostumbrada a cenar tarde, la nutricionista Ana Velasco Andonegui solo encuentra beneficios en anticipar la última ingesta de alimentos. "A nivel digestivo, el vaciamiento gástrico y el tránsito colónico van disminuyendo a lo largo del día. Entonces, si cenamos muy tarde y nos vamos a dormir al momento o al poco tiempo, la posibilidad de que tengamos malestar gastrointestinal al día siguiente es mayor", asegura la investigadora de la Universidad de Navarra (UN). En este sentido, un hábito tardío, unido a una ingesta abundante de comida, se asocia a "un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiometabólicas, como es la diabetes tipo 2, y obesidad".

Esta última afección no es consecuencia directa de cenar poco antes de dormir, pero sí se asocia a esta conducta porque encuentra respuesta, en buena medida, en el funcionamiento de la que Velasco define como "la hormona del hambre": la grelina. "Está aumentada cuando tenemos hambre y disminuye una vez que comemos. Entonces, si atrasamos la hora de la cena, tenemos más ganas de seleccionar alimentos hiperpalatables (agradables al paladar) y ultraprocesados", explica la nutricionista. Además, en las últimas horas del día se reduce la oxidación de grasa, lo que se traduce en un "mayor riesgo de ganar peso", y disminuye la sensibilidad a la insulina, por lo que el cuerpo detecta peor la glucosa en sangre.

Ante esto, la experta recomienda cenar "unas dos horas y media antes de irse a dormir" y anima a prestar atención a "la ventana de alimentación"; es decir, al tiempo que transcurre entre la primera y la última comida del día. "En España tenemos una de las más extendidas", advierte. Según los datos que maneja la científica, la diferencia entre el desayuno y la cena se sitúa en torno a trece horas. Lejos, eso sí, de las quince que marcan los ciudadanos de Estados Unidos. "Siempre recomiendo ponerse el objetivo de doce horas, que me parece razonable teniendo en cuenta la sociedad en la que vivimos".

LA VIDA CONDICIONA

Aunque, al final, la hora tiende a variar en función de las aficiones y obligaciones. Por eso, Andrea cena en ocasiones a las diez y media (una hora y media o dos por encima de su momento ideal), Sergio retrasa en fin de semana unos sesenta minutos su última comida del día y Ana completa "muchas veces" su ventana de alimentación en torno a las diez de la noche (una hora después de lo que se propone como límite). "Consejos vendo que para mí no tengo", reconoce la científica. En los tres casos, la rutina se desvía hacia horas más tardías, pero no tiene por qué ser así siempre. Hay ocasiones en que cenar pronto permite conjugar mejor esas mismas aficiones y obligaciones. "Cada vez que hay un concierto en el Navarra Arena y la apertura de puertas es a las nueve, mucha gente cena antes", afirma Goiza Isiegas Garisoain, dueña de Akari Gastroteka, en Lezkairu.

Este restaurante ha modificado recientemente el horario de su cocina: desde el año pasado, el servicio de cenas comienza a las siete de la tarde. "Cada vez venía más gente a las siete y cuarto preguntando si podía cenar, y nosotros abríamos la cocina a las ocho. Entonces, viendo que esa dinámica era muy recurrente, decidimos adelantar una hora la apertura de cocina", explica la hostelera. También motivó este cambio el incremento de turistas no nacionales en la zona, pese a que, según los datos facilitados por CoverManager, los teléfonos con prefijo extranjero solo protagonizan entre un 1% y un 2% de las reservas. Por lo tanto, aunque una persona de otro país puede tener un número de teléfono español (y viceversa), son los residentes en Navarra —tanto nacionales como extranjeros— quienes previsiblemente han tirado de la hora media hacia abajo hasta situarla en las 20.10.

Así, más allá de factores coyunturales, Isiegas cree que las rutinas de los navarros están experimentando un cambio "generalizado" que comenzó a fraguarse en la pandemia y que ha favorecido la expansión de un nuevo fenómeno: el tardeo. Ella asocia este término a las personas que "salen a tomar algo y a las siete y media quieren una cena informal, de picoteo". Aunque la plataforma que ha analizado casi cien restaurantes en la Comunidad foral ofrece un marco mucho más extremo: entre las cinco y las siete de la tarde. En esta franja horaria, el crecimiento es, al mismo tiempo, ligero y exponencial: en 2019, CoverManager solo registró cuatro reservas (el 0,01% de las cenas), pero el año pasado ya suponían el 1,9% y en 2026 han alcanzado el 3,2%. Y todavía hay potencial de desarrollo: a nivel nacional, el tardeo es protagonista del 10% de las cenas.

Horarios del ocio
AmpliarAmpliar
Horarios del ocio
Horarios del ocio

CerrarCerrar

Las reservas también apuntan a una caída de las comidas tardías

Las reservas tardías no solo pierden peso en la cena, sino también en la comida. Según los datos facilitados por TheFork -que no comparte cifras absolutas ni el número de restaurantes con los que trabaja en Navarra “por política de empresa”-, la franja horaria que abarca de las dos a las tres de la tarde ha protagonizado este año el 29% del total de solicitudes registradas en su plataforma (para comidas y cenas), frente al 34% que marcó en 2019. Entre las tres y las cuatro de la tarde, la progresión ha sido similar: ha pasado del 14% hace siete años al 10% en la actualidad. El tramo de una a dos de la tarde, en cambio, se mantiene estable en el 7%.

No obstante, al igual que con las cenas, Sergio García Magariño apela a la cautela al analizar estos datos. “Son unas variaciones pequeñísimas como para poder sacar una conclusión”, avisa el sociólogo de la UPNA. En AEHN no han observado cambios significativos en las comidas, pero sí han apreciado un “auge del vermú”. “De esta forma, quizá se han adelantado las comidas, porque en el vermú también se picotea”, apunta la responsable de Comunicación de la asociación, Andrea Chocarro Calvo.

En caso de confirmarse que la hora de comer también corre hacia delante, Ana Velasco Andonegui lo vería “ventajoso” porque permitiría cenar antes y, por lo tanto, cerrar con mayor premura la “ventana de alimentación”. “Si acabas de comer a las cinco de la tarde no vas a querer ponerte a cenar a las ocho de la tarde”. Además, la nutricionista de la UN se apoya en un estudio realizado en 2014 por las universidades de Murcia, Harvard y Tufts, que dividía en dos grupos a las personas que comían antes y después de las tres. “Las que comían antes -resume Velasco- perdían, al cabo de cinco meses, en torno a dos kilos más de peso”.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora