Arte

El Museo de Navarra visibiliza Radix, la utopía total de Koldo Sebastián

Una exposición temporal acerca al público el proyecto que el artista impulsó hace 25 años para conseguir la obra de arte total

Koldo Sebastián, en la presentación de la obra colaborativa RADIX en el Museo de Navarra de Pamplona
AmpliarAmpliar
Koldo Sebastián, en la presentación de la obra colaborativa RADIX en el Museo de NavarraSERGIO MARTÍN
Koldo Sebastián, en la presentación de la obra colaborativa RADIX en el Museo de Navarra de Pamplona

CerrarCerrar

Ion Stegmeier

Actualizado el 11/09/2026 a las 19:32

Se cumplían ayer 25 años del 11-S y no fueron pocas las personas que recordaban, o preguntaban al resto, dónde estuvieron aquel aciago día. El artista Koldo Sebastián (Pamplona, 1961) lo sitúa bien en la memoria: estaba gestionando la desmantelación de su proyecto más ambicioso, Radix, que pretendía conseguir la obra de arte total, una obra que integrase elementos de diferentes formatos y orígenes. No consiguió su objetivo y, con humildad, admite hoy, tuvo que enfrentarse a la realidad.

El Koldo Sebastián de hoy ve al Koldo Sebastián de 2001 con nostalgia, sobre todo por tener la energía de meterse en un proyecto tan ambicioso. “Yo entonces me creía el rey del Mambo”, reconoce. El Koldo Sebastián de 2001, por su parte, seguramente vería al de 2026 con incredulidad, sobre todo si le viera ayer presentando en el Museo de Navarra la exposición temporal Radix: la realidad de una utopía, junto a la directora del museo, Mercedes Jover; la directora del servicio de Museos, Susana Irigaray, y el director general de Cultura, Ignacio Apezteguía. La muestra pretende dar visibilidad a un proyecto que, contra todo pronóstico, sigue hoy abierto.

Radix significa raíz, en latín, y Sebastián se propuso abordar en él, y de forma comunitaria, el concepto de obra total, “una obra capaz de aglutinarlo todo”. Si Richard Wagner acuñó el concepto de “obra de arte total” combinando seis disciplinas -música, poesía, danza, pintura, escultura y arquitectura-, Sebastián también se fijó en seis elementos, que no correspondían con las disciplinas del compositor alemán. El primero era el sujeto. “Pensé en alcanzar una base de mil personas, pero me conformé con cien que elegí como grupo lanzadera”, explica. El 9 de febrero de 2001 les contó lo que pretendía, y confiaba en un desarrollo fractal de ese grupo, para que fuesen sumándose más. Finalmente fueron 92 los participantes, a los que después se sumaron 5 más. Todos con nombre y apellido menos uno anónimo.

La directora del servicio de museos, Susana Irigaray; la directora del Museo de Navarra, Mercedes Jover; el artista Koldo Sebastián, y y el director general de Cultura, Ignacio Apezteguía
AmpliarAmpliar
La directora del servicio de museos, Susana Irigaray; la directora del Museo de Navarra, Mercedes Jover; el artista Koldo Sebastián, y y el director general de Cultura, Ignacio ApezteguíaSERGIO MARTÍN
La directora del servicio de museos, Susana Irigaray; la directora del Museo de Navarra, Mercedes Jover; el artista Koldo Sebastián, y y el director general de Cultura, Ignacio Apezteguía

CerrarCerrar

Segundo elemento: el objeto. “Tenía que materializarse en un año el resultado con las aportaciones económicas y conceptuales de esas personas”, recuerda el artista. Sebastián pretendía conformar una “unidad volumétrica” conformada por mil cubos de un decímetro cúbico -500 de alabastro y 500 de cristal óptico- que, a su vez, formarían un cubo de un metro cúbico. Y, junto a él, un manifiesto conceptual que reuniera la colaboración de esas mil personas. Cada persona hizo una aportación de 10.000 pesetas (60 euros), con la condición de que serían devueltas si no se llegaba al objetivo, como así fue. Se devolvió todo el dinero excepto el aportado por la persona anónima. Finalmente no fueron mil cubitos, sino que salieron 16 unidades.

El tercer elemento era el concepto. Cada persona hacía una aportación. “El todo es absoluto pero deja de ser todo en el momento que excluye la mínima parte”, apunta Sebastián. La idea era que Radix itinerara por mil municipios, y en cada uno de ellos permaneciera un año, es decir, una itinerancia de un milenio (cuarto y quinto elemento, espacio y tiempo). El sexto elemento era la acción. Se trataba de generar acción en cualquiera de los planos y formatos. “Incluso despreciar Radix, o destruirlo, sumaba”, expone Sebastián, que se considera impulsor del proyecto, no su autor.

Hoy, veinticinco años después, Sebastián considera que necesitaría al menos dos elementos más: el sentimiento -“en ese momento mi vocación racionalista exacerbada no le dio importancia”- y aquello de lo que no se puede hablar, lo inefable. “Mi colección de fracasos está surtido, pero Radix no lo considero un fracaso, sí que es un proyecto malogrado”, relata. Este año, de hecho, se ha incorporado un nuevo cubo. En el museo se pueden ver los 16 cubos (9 de alabastro y 7 de cristal óptico) y e la documentación del proyecto.

La exposición pretende visibilizarlo. Sebastián no podía venderlo al Museo porque no es su dueño; siguiendo el concepto de totalidad, pertenece a toda la humanidad, según dijo, de modo que se encontró la fórmula de que se quedara como depósito.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora