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Cristina Sánchez-Andrade construye en 'Vida insecta' un bestiario como espejo humano
Publicado por La Bella Varsovia, 'Vida Insecta' se abre con dos citas que son como columnas para adentrarse en su lectura


Actualizado el 24/05/2026 a las 10:10
Víboras, polillas, moscas, zánganos, abejas obreras, princesas o reinas, la escritora, crítica y traductora Cristina Sánchez-Andrade ha reunido todo un insecticiario en el poemario 'Vida insecta', una metáfora que funciona como espejo de la vida humana.
"Escribí insectos para comprender qué significa la vida, desde lo diminuto a lo más grande, y, de alguna manera tratar de comprenderme a mí misma", explica esta autora gallega, creadora de un universo muy personal, entre lo fantástico y lo lírico, con la naturaleza, los animales y las relaciones atávicas como fondo, y siempre con mujeres protagonistas.
"Muchos de estos poemas plantean cómo vivimos esperando un acontecimiento extraordinario que dé sentido a nuestra existencia, sin darnos cuenta de que ese 'algo' ya está ocurriendo: es la propia vida o el tiempo que se nos escurre como arena finas de las manos", sostiene la autora de títulos como 'Las invernas', 'El niño que comía lana', o 'Fámulas', entre otros.
Publicado por La Bella Varsovia, 'Vida Insecta' se abre con dos citas que son como columnas para adentrarse en su lectura. Una de William Blake, en la que este compara al ser humano con una simple mosca: "Ambos pueden morir de una manera accidental y repentina", y otra de Alejandra Pizarnik: 'Hay, en la espera, un rumor a lila rompiéndose'.
"Blake refleja la fragilidad de la vida humana, y compara al ser humano con una simple mosca, y los versos de Pizarnik transmiten la idea de que la espera no siempre es neutra, mientras se aguarda ese gran acontecimiento se va rompiendo la posibilidad de vivir el presente, porque la vida no se detiene", añade la autora.
Sánchez-Andrade toca temas como la fragilidad, el miedo o el dolor. "Hablar de nuestra fragilidad -dice- es importante. Creo que hay veces que la confesión de la debilidad, lejos de ser catastrófica, es la única vía posible para la empatía y el respeto a los demás".
La poeta, nacida en Santiago de Compostela, habla del miedo como de una tijereta que se introduce en el oído mientas duermes, "perfora el tímpano...como un pensamiento penetra, excava túneles, incuba huevos en el cerebro". Una idea inspirada en una creencia antigua, sin base científica, precisa la autora, "aunque perturbadora", añade.
Sin perder de vista a las mujeres y plagado de referencias literarias, como en todos sus libros, en 'Vida insecta' Sánchez Andrade está especialmente inspirada, dice, en Maurice Maeterlinck.
"Aquí la hembra (obreras, princesas, la reina) por contraposición al macho (los zánganos) es la que de verdad importa. De hecho, el zángano muere tras fertilizar a la reina, como si esa fuera su única función en esta compleja sociedad. También nacerán princesas que mantendrán discordias y luchas mortales por el trono y el futuro de la colmena".
Un complejo mundo de insectos que con sus rutinas y repeticiones reproducen la vida humana. "Nuestra vida no es tan distinta de la de los insectos. Está hecha de repeticiones, ciclos rutinas, y aburridas tareas", subraya.
Es difícil también no sentir el aroma de 'La Metamorfosis' de Kafka mientras se lee este libro. Su autora dice que la metamorfosis de los insectos es "mucho más elegante".
"Se trata de reconstruir desde la ruina: alas nuevas, ojos, extremidades. Cuando una larva rompe su prisión, lo hace con un cuerpo que no ha usado. La criatura que salió no recuerda la que entró". Y con las repeticiones y las rutinas, es decir, con el discurrir del tiempo, llega la vejez, que es la más cruel de las metamorfosis", concluye.