Peluquería
Mikel Luzea cumple treinta años siendo "pionero" en la peluquería: "O te aclimatas o te aclimatan. Es duro, pero es así"
El 19 de abril de 1996 fundó en Iturrama su primera peluquería, un negocio que después amplió con dos nuevos locales en el centro de Pamplona y en el que ha implementado numerosas formas de trabajar que aprendió en Londres


Publicado el 04/05/2026 a las 05:00
Cuando era pequeño, por su cabeza no pasaba ser peluquero, sino piloto, aunque "el mundo de la imagen y la moda" siempre había llamado la atención a Mikel Luzea Elduaien (Larraga, 29 de septiembre de 1967). Por eso quiso estudiar Decoración en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Pamplona, pero su solicitud fue rechazada, así que su entonces amigo Carlos Cayuelas Redín —socio fundador de MC Peluqueros, en Iturrama, y originario del mismo pueblo— le animó a cursar un grado en Peluquería. Lo hizo sin saber que definiría para siempre el destino laboral de Luzea, que el pasado 19 de abril celebró el 30 aniversario de la apertura de su primer local, en la calle del Pintor Crispín (también en Iturrama), un establecimiento que ya está cerrado pero que encontró réplicas que todavía viven en las calles de Tudela y de la Chapitela, en el centro de Pamplona.
En el tiempo que medió desde que obtuvo el título en la Academia Elizabeth, en la calle de las Comedias, hasta que arrancó el negocio de peluquerías que lleva su nombre y primer apellido, Luzea trabajó durante "unos meses" en la peluquería Soco, también en el barrio del sur de la capital navarra, y después se fue a Londres. "Es la capital de la peluquería mundial. Si quieres ser algo en esto, tienes que pasar por allí", asegura el empresario. Estuvo "casi cinco años" en la principal ciudad del Reino Unido, todo un punto de inflexión para un joven que residía en una localidad que a principios de los años noventa era "pequeña, de provincias, más conservadora". "Ahora se ha globalizado todo y está todo más igual, lo que ves en Londres lo puedes ver aquí, pero entonces, hace treinta y pico años, era un cambio radical en moda, en vanguardia, en peluquería... Para mí fue despertar, ver el mundo", sostiene.
Aunque no fue fácil. Luzea, casado con María Pérez de Ciriza Latorre (47 años) y padre de Jon (13) y Arlet (8), se marchó a Inglaterra sin saber inglés y sin conocer "absolutamente a nadie allí". "Me fui a la aventura, a buscarme la vida desde cero". Y se la buscó. Se apuntó a una academia y a los "seis o siete meses" comenzó a trabajar en una peluquería. "Había cogido un poco el idioma, pero seguía sin enterarme de nada. Me comunicaba con las clientas por señas", recuerda, aún dubitativo de cómo se atrevieron a contratarle. Pero, sea como fuere, así logró ser un peluquero más en el país donde se encuentran "los mejores del mundo", una experiencia que le permitió "madurar profesionalmente". Y no solo a nivel de técnicas —dice que los británicos "siempre han sido muy punteros en corte"—, sino también en cuanto a la gestión de una peluquería. "Allí se hacían cosas que aquí eran impensables".
MODELO BRITÁNICO
Una de ellas está relacionada con el escaparate. En 1996, cuando fundó su negocio (donde atiende a hombres y mujeres), sus competidores en la capital navarra tenían locales invisibles desde fuera. "No veías absolutamente nada de lo que pasaba dentro de las peluquerías. Si tenían escaparate, ponían una cortina", afirma. Sin embargo, él decidió que quería ser transparente, que los paseantes debían ver desde la acera su forma de trabajar porque "da más seguridad a la hora de entrar". "Es una de las cosas en las que nosotros fuimos pioneros aquí", reivindica. Y a aquellos clientes que se sintiesen incómodos por permanecer visibles mientras se les arreglaba el pelo les proponía una solución que hoy en día mantiene: ofrecerles el servicio en una zona reservada.
Luzea también tuvo claro desde el principio que él no debía ser el único en cortar el pelo, una tarea de la que habitualmente se encargaba el dueño de la peluquería. "Todas las oficialas de primera que entran, vienen a cortar y a hacer de todo, como yo". En este sentido, también adaptó su sistema de precios al inglés. "Aquí, tú pagabas lo mismo, te hiciese quien te hiciese. Allí pagabas dependiendo de la experiencia del profesional", explica. Por eso, en su negocio dispone de tres precios diferentes, en función de si el servicio lo da él, la persona responsable del salón o una estilista. Aunque, si bien otros negocios pamploneses siguieron su modelo de escaparate, "en el tema de precios se sigue funcionando igual" que cuando se sumergió en el sector, en 1996.
En abril de aquel año abrió su peluquería en Iturrama, que no era una al uso: también disponía de tienda de ropa. "En Londres conocí a muchos diseñadores, estaba metido en el mundo de la moda, y surgió la idea de poner una peluquería con sus diseños en Pamplona. Lo uní porque son dos negocios complementarios". Sin embargo, la parte textil no funcionó porque "era demasiado" para el público de la capital navarra, así que un año más tarde decidió que todo el local —diseñado por él mismo y por su hermano, Juan Antonio— debía estar dedicado a la peluquería. Y así le fue mejor. Tanto que en 2002 pudo ampliar su negocio con la apertura del establecimiento de la calle de Tudela, en 2006 hizo lo propio con el de la Chapitela y, entre tanto, dio trabajo durante veinte años en la administración del negocio a su hermana, Fabiola, fallecida hace dos años.
En el crecimiento de su marca también jugó un papel relevante la comunicación. "Es una de las cosas que aprendí en Londres", señala. Cuando fundó su negocio, las redes sociales eran asunto del futuro para la inmensa mayoría de su público, pero era consciente de que debía darse a conocer. Con ese objetivo inauguró en 1999 su primera página web, a través de la cual retransmitía sus trabajos en directo, y contrató una persona que le gestionase las relaciones públicas. "Se ocupaba de comunicar a la prensa todos mis logros y organizar eventos para que sonase el nombre", detalla. Su marca llegó incluso a la pequeña pantalla: en Gran Bretaña solía ver programas de cambios de look en directo, y decidió proponer a Pamplona Televisión un magacín del mismo estilo todos los miércoles por la tarde. "Empecé a salir ahí y aquello ya fue... Comenzó a llenarse la peluquería y empezamos a funcionar muy bien", recuerda.
Sin embargo, Luzea no escapó a la crisis financiera de 2008, que le obligó a apretarse el cinturón, y cuatro años más tarde recibió una noticia que puso en entredicho la estabilidad de su negocio —y también de sus competidores—: la subida del IVA de las peluquerías del 8% al 21%. "En plena crisis, que ya había bajado un montón la facturación, tener que subir un 13% los precios...", rememora el empresario, que optó por repercutir a los clientes ocho puntos porcentuales y asumir los cinco restantes. Aunque no fue la única medida que adoptó: también decidió prescindir del establecimiento de Iturrama.
LA RECETA DEL "ÉXITO"
Mantuvo, no obstante, los dos del centro de Pamplona, que están "muy consolidados" y dan empleo a ocho personas. Un "éxito" cuya receta desglosa el peluquero: "Es un 32% de tener claro lo que quieres y confiar en tu proyecto, otro 32% de trabajar muy duro por ello, otro 32% de constancia y un 4% de suerte". Este último apartado lo asocia, sobre todo, a "conocer a la gente adecuada en los momentos adecuados". "Lo del 'networking' funciona muy bien. Yo siempre he estado en todos los sitios", señala el presidente del Club Fígaro, "la asociación de peluquería más importante de España" (con "unas 135" marcas asociadas), y fundador de los Premios Fígaro, que ya acumulan dieciséis ediciones a sus espaldas, y de los International Hairdressing Awards, que este año se entregarán por octava vez.
Es precisamente esa habilidad para encontrarse con las personas precisas en el momento oportuno la que le ha permitido ampliar su negocio de productos para el cabello, fundado en 2005 —fue "una de las primerísimas tiendas online de productos de peluquería en España", y él fue "pionero" el mismo año al habilitar la reserva de cita para sus peluquerías a través de Internet—. En esta ocasión, Luzea ha decidido crear una gama de champús, geles, mascarilla, laca y acondicionador que comercializará desde este mes en 18 países europeos, incluida España. "Es una línea natural de verdad, hay algunos de los productos que tienen un 99,28% de ingredientes naturales. Es algo de lo que estoy muy orgulloso, porque en este sector hay mucho humo, mucho engaño".
Este es su último paso en treinta años "intensos" de carrera profesional, en los que "siempre" ha intentado "hacer algo más de lo que hacen los demás". "Si no te mueves, la gente se olvida de ti. Hay que mantenerse, hay que innovar". Una máxima que aplica tanto a lo manual —reconoce que es "muy perfeccionista" cuando trabaja sobre el pelo de sus clientes— como a lo digital —está comenzando a utilizar la inteligencia artificial para "pulir textos y hacer algún vídeo para redes sociales"—. "Hay que echar mano de todo si quieres que tu negocio siga funcionando", sentencia el peluquero. "O te aclimatas o te aclimatan. Es duro, pero es así".
“Lo antiguo y lo moderno” en la muñeca


Hace tres meses, Mikel Luzea fue a su pueblo, Larraga, y encontró en la antigua mesilla de su padre un reloj que no funcionaba y no tenía correa, aunque se pudo arreglar. "Es de cuando era joven, yo nunca se lo vi puesto", explica el peluquero, que desde que lo lleva puesto recibe la "energía positiva" de su progenitor, Juan Luzea Otamendi, ya fallecido. Junto a este reloj, al que calcula unos ochenta años de antigüedad, porta uno de última generación que tiene "de todo", pero no muestra la hora si no se aprieta un botón. "Son lo antiguo y lo moderno. Me gustó cómo quedaron los dos juntos y ahí los llevo —explica—. Me pregunta todo el mundo por los relojes".
Pide regular el sector para combatir el intrusismo y la “economía sumergida”
La disparidad de precios entre peluquerías es evidente. Por ejemplo, si un hombre quiere cortarse el pelo en el negocio de Mikel Luzea, debe pagar entre 34 y 42 euros, un servicio que puede encontrarse en otros lugares por menos de diez euros. Estos últimos suelen ser barberías de reciente creación, locales que "han surgido como setas" y donde se compensa, según el peluquero, la pérdida de calidad con precios muy bajos.
Es un tipo de negocio cuya viabilidad pone Luzea en duda, puesto que "no cuadra" que se cobre "diez euros, IVA incluido, por un trabajo de media hora". "No es bueno para el sector ni para la sociedad en general. Es empleo precario y economía sumergida", afirma el empresario, que cree que "algo tiene que pasar" a nivel legislativo con este modelo "en los próximos años".
Aunque no es el único reto que afronta el sector, puesto que este se encuentra "sin regular". "Cualquiera puede montar una peluquería, no te piden nada", asegura Luzea. En este sentido, a pesar de que existe titulación superior reglada en Navarra —en el CIP Burlada FP—, "no sirve para nada" porque "no hace falta". Es decir, existe vía libre para el intrusismo.
Por eso, el peluquero insiste en "marcar unas pautas" y en "exigir una formación" a quienes quieran abrir un negocio de este tipo, aunque reconoce que no se ha puesto en contacto con las Administraciones para intentar que se regule el sector. "Yo ya no me meto en esos berenjenales —concluye—. Ya tengo suficiente".