Numismática
La moneda que cuenta una historia: cuando Calahorra fue objeto de deseo del rey de Navarra
En el siglo XII, Alfonso VIII de Castilla, Alfonso II de Aragón y Sancho IV de Navarra tenían diferentes intereses en la ciudad


Publicado el 16/04/2026 a las 05:00
En el siglo XII, la ciudad de Calahorra no solo era una importante localidad dentro del reino de Castilla, sino un punto clave en la lucha por el control territorial entre los reinos cristianos del norte de la península. Así, las monedas acuñadas por Alfonso VIII en esta ciudad, hoy en día apreciadas piezas históricas y numismáticas, es testigo de un episodio clave en la historia medieval: el deseo del reino de Navarra por conquistar esta estratégica localidad.
Situada a orillas del río Ebro, Calahorra ha sido durante siglos un enclave crucial en la región, especialmente durante la Edad Media. Su cercanía a Navarra le confería un valor estratégico, tanto militar como comercial, lo que la convertía en un territorio muy codiciado. La ciudad se encontraba en la frontera entre los reinos de Navarra y Castilla, y a lo largo del reinado de Alfonso VIII, las tensiones entre ambos reinos marcaron la historia de la región.
En el contexto de esta disputa por el control de tierras clave, las monedas de Alfonso VIII, acuñadas en Calahorra, fueron más que un simple medio de intercambio. Eran un símbolo del poder de Castilla y de su intento por afirmar su autoridad sobre una ciudad que había sido objeto de deseo no solo de los reyes castellanos, sino también de los monarcas navarros.
La acuñación de monedas en ciudades como Calahorra era una manifestación de poder. Estas monedas no solo cumplían una función económica, sino también simbólica: reforzaban la legitimidad del rey ante sus súbditos y, sobre todo, ante sus rivales.
Pero, además, según se relata en un artículo de Blog Numismático, en la segunda mitad del siglo XII, "Calahorra pertenecía políticamente a Alfonso VIII de Castilla; eclesiásticamente dependían del arzobispado de Tarragona y, por tanto, estaban muy influenciados por Alfonso II de Aragón; militarmente era ansiada por Sancho IV de Navarra. Este juego a tres bandas permitía bastante independencia a Calahorra. Los nobles y obispos que conformaban el poder local eran plenamente conscientes de que el rey les necesitaba a ellos más que ellos al rey. En buena forma se podría decir que, a mediados del siglo XII, la ciudad real de Calahorra era una especie de ciudad-estado propia, capital de un extenso territorio y formada por hombres libres y un clero bastante independiente".
En ese contexto, "Alfonso VIII permitió la acuñación de monedas en un taller afincado en Calahorra (la marca de la ceca era un 'C'). Esto era todo un privilegio para una ciudad tan dinámica y geoestratégica para Castilla. La acuñación de moneda permitiría dinamizar la economía local y ayudaría a que los calagurritanos se mantuvieran contentos y leales a Castilla. También podría acabar siendo un taller vital para financiar un ejército, o una ciudad sitiada, en caso de guerra con Navarra", añade.
Y la guerra llegó: "en 1173, el rey Sancho IV de Navarra entró en La Rioja y conquistó zonas rurales; pero no pudo traspasar las murallas de Calahorra, que se defendió pues estaba muy cómoda en Castilla". Una historia que se refleja, todavía hoy, en aquellas monedas que quizá compraron la lealtad de una ciudad.