Juan Dávila estrena 'Castigo divino': "Buscaos al siguiente Leo Harlem porque yo no voy a serlo"
El actor y cómico protagoniza una comedia donde da vida al celador caradura de un hospital que recibe poderes para ayudar a la gente que lo necesita


Publicado el 14/02/2026 a las 05:00
Dice que acabó de policía local como podría haber sido funcionario en una biblioteca. "Buscaba una sensación de seguridad, tener algo para independizarme y salir de casa de mis padres", explica Juan Dávila (Madrid, 47 años). Tras seis años de desempeño en la comisaría de Alcobendas -"hacíamos puro apoyo y patrullaje al ciudadano; para las cosas importantes estaban los nacionales", aclara-, en 2012 decidió colgar el uniforme y probar suerte con el mundo del teatro y la interpretación, una disciplina en la que tenía un pie desde que con veinte años empezara a estudiar fisioterapia.
Con una mano delante y otra detrás, comenzó a recibir clases en el Estudio Corazza para el Actor, compaginando su labor como cómico con su aparición en series y películas en pequeños papeles, hasta que 'La capital del pecado', su espectáculo de improvisación, lo hizo extremadamente popular en redes y su suerte cambió hasta tal punto de que ha agotado entradas hasta noviembre de este mismo año. Adalid del humor negro y faltón, Dávila recupera su faceta de actor y estrena ahora en los cines 'Castigo divino', donde da vida al celador de un hospital muy caradura, que recibe poderes para hacer el bien.
Estará ya harto de que le pregunten por su salto del cuerpo de policía a la interpretación, pero es que es muy sorprendente.
Lejos de la imagen que se tiene, hay mucha gente en la Policía, o al menos yo conocía a muchos, que tiene inquietudes artísticas dentro del funcionariado, lo que pasa es que no se ve. A mí siempre me gustó ir al teatro y leer teatro.
Y de pronto se lanzó con una mano delante y otra detrás.
Sí, a los 31 años dije o me meto ahora en una escuela de interpretación, que era algo a lo que siempre había estado dándole vueltas, y pruebo o lo dejo para siempre, y cuando me quedaban dos años de escuela decidí dejar el cuerpo.
¿Se arrepintió en algún momento?
Sí, todas las semanas (risas). Pero es como vive la mayoría de la gente que se dedica al mundo del arte. Cantantes, pintores, artistas... Todos han pensado en decir: "No puedo más".
Su tabla de salvación fue 'La capital del pecado'. ¿Cómo surgió?
Teníamos una compañía de improvisación y en 2013 o 2014 creé un espectáculo que era una mezcla de teatro con comedia. O sea, tenía una parte más poética, una parte de comedia, y un 10% de improvisación. Y fue esa última parte la que fue creciendo hasta esto que hago ahora que es pura improvisación, de humor negro y dando visibilidad a gente que lo necesita.
Despelleja a todo el mundo: mujeres, hombres, colectivos desfavorecidos y los despellejados lo reciben con gusto... ¿Hubo algún momento en particular en el que dijera 'menudo filón he encontrado aquí'?
Qué va. Fue poco a poco creciendo. O sea, de repente vino un grupo, al siguiente una persona suelta con este tipo de problemas, y luego ya empezaron a venir en masa porque es un lugar donde les tratan como uno más.
Haber sido agente de la ley le habrá servido para poner orden en ese caos.
Sí, y sobre todo para observar a la gente y ver un poco por dónde puedo entrar con la comedia. Incluso la fisioterapia, que es la reeducación postural global y en la que se estudia mucho la postura corporal, también me ha ayudado mucho.
El suyo es un humor sin filtros. ¿Cree que le ha venido bien este cierto hartazgo con lo políticamente correcto?
Yo no creo que haya tenido que ver eso. Creo que ha tenido que ver la esencia y lo que el show produce en la gente. Lo que pasa es que a mí sí que es cierto que me ha pillado más preparado. A lo mejor este teatro hace cinco años, a mí no me pilla igual y no funciona tan bien, ni se me ocurren unos chistes tan graciosos o locos. Pero el humor negro siempre ha estado ahí y aquí lo importante está en cómo le ha llegado a la gente que realmente lo padece, que es lo que yo creo que ha marcado la diferencia.
¿Alguna vez se le ha venido en contra en el escenario?
No. Piensa que la gente lleva con las entradas un año, entonces vienen a disfrutar y al humor negro y a reírse de todo.
Trata a las personas con discapacidad sin paternalismos, a veces con chistes muy bestias. ¿Por qué cree que se le permite?
Porque si la persona supuestamente ofendida es la que más está disfrutando del chiste, ¿quién eres tú desde tu casa para ponerle un límite al humor ahí?
¿Cómo surgió la película?
Siempre he sido una persona de buscarme el trabajo y las habichuelas y llevaba tiempo queriendo levantar algo audiovisual. Dos amigos, Andreu Casanova y Rubén Tejerina, me pasaron el guion y aquí estamos.
¿Se ve más como actor o como cómico?
Yo creo que va dependiendo de la etapa de la vida, pero está bien diversificar la creatividad, creo que nutre bastante.
Su personaje recibe poderes, ¿qué poder le gustaría tener a usted?
El de sanar a la gente que me viene a ver. Que se rían y se vuelvan a su casa y ya sanados. Es lo que faltaba.
A estas alturas, ¿echa alguna vez de menos el cuerpo de policía?
Lo que es el cuerpo y el trabajo en sí no. A lo mejor puedo echar de menos alguna vez la tranquilidad del funcionariado de llegar allí y pasar unas horas sin tener que estar todo el rato pensando y levantando nuevas cosas (risas).
En la vida y en el día a día, ¿mejor con filtros o sin filtros?
Mejor sin filtros e intento llevarlo a rajatabla.
Hace humor con los defectos de la gente. ¿Cuáles son los suyos?
Buff, creo que tengo todos los que tienen los que vienen a verme y por eso me permiten que hagamos humor juntos. A lo mejor no tengo una discapacidad aparente, pero en el fondo está (risas).
-Se ve como el nuevo Leo Harlem? Él ha pasado de cómico a actor con mucho éxito.
Sí, lo sé, pero creo que son carreras diferentes. Yo no me haría tres películas al año. De hecho, ya me han llamado para hacer de divorciado y de nosequé. Buscaos al siguiente Leo Harlem porque yo no voy a serlo (risas).