Museo de Navarra

Tafalla tenía 'dinero' en la Prehistoria

Lingotes de bronce pudieron servir para el comercio hace 3.500 años

La vitrina con las piezas de bronce halladas en el yacimiento de Tafalla. A la izquierda, la vasija donde estaban guardadas, con los lingotes agrupados de diez en diez.
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La vitrina con las piezas de bronce halladas en el yacimiento de Tafalla. A la izquierda, la vasija donde estaban guardadas, con los lingotes agrupados de diez en diez.Jesús Garzaron
La vitrina con las piezas de bronce halladas en el yacimiento de Tafalla. A la izquierda, la vasija donde estaban guardadas, con los lingotes agrupados de diez en diez.

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Jesús Rubio

Actualizado el 05/02/2026 a las 23:16

En Tafalla se ha dado un hallazgo arqueológico de valor internacional. Se encuentra apenas a 1.800 metros del centro urbano de la localidad, en el cerro de la Celada, donde ahora solo se ven un corral de ovejas y cultivos. Allí, hace 3.500 años, en torno al 1500 a.C., en la época del Bronce Medio, existió un poblado prehistórico al aire libre, un lugar donde las gentes vivían de la labranza y la ganadería. Allí mismo, hace unos pocos años, durante los trabajos para la construcción del Tren de Altas Prestaciones, se encontraron unos restos inesperados, con una sorpresa mayúscula: un grupo de lingotes de cobre, casi 200, atados en grupos de diez en diez, de formas homogéneas, que los expertos barruntan que pudieron servir como algo parecido al dinero en una época en que el dinero era poco más que un proyecto (como referencia, las primeras monedas conocidas en el mundo datan del 600 a.C., aunque el uso de metales preciosos para intercambios comerciales se remonta al 2500 a.C.). Es más, se ha visto que esas piezas de cobre están hechas de mineral llegado desde los Pirineos y desde los lejanos Alpes, de regiones que hoy son Austria, un indicio más de la “globalización de la Prehistoria”, como definió Mercedes Jover, directora del Museo de Navarra. Otro detalle. Piezas similares a esas se han encontrado en el sur de Francia, junto a la desembocadura del río Garona, otro argumento de que lingotes como esos circulaban por sitios diversos. 

Esos tesoros, que se han estudiado y cuidado por los distintos servicios del Gobierno de Navarra, con la colaboración de Adif, la empresa pública que gestiona la vías ferroviarias, se exponen desde este 5 de febrero en el Museo de Navarra, en una micromuestra temporal que se podrá ver de manera gratuita hasta el 6 de septiembre.

EN UN LADO DE LA VÍA

La historia reciente del cerro de la Celada comienza en 2019, en el examen de los terrenos destinados al paso del Tren de Altas Prestaciones. No exactamente por el trazado del ferrocarril, pero sí al lado, las excavaciones para las obras dejaron ver algo singular, unas manchas oscuras que contrastaban con las arenas y las gravas ocres. Había incluso restos de barro cocido y cerámica “inequívocamente prehistórica”, contaba el arqueólogo Javier Nuin Cabello, comisario de la exposición junto a Txaro Mateo. Hasta entonces nadie sospechaba que ese suelo podía esconder un yacimiento. En los registros nunca se se habían visto evidencias del pasado, algo que comprobaron después los arqueólogos. Los restos estaban ocultos bajo tierra y solo aparecieron cuando los trabajos dejaron a la vista el sustrato geológico.

Desde aquel 2019 hasta 2024 se desarrollaron cuatro campañas de excavación, en el que se fueron recuperando, retirando, catalogando, reconstruyendo en réplicas digitales... y aplicando todos los procedimientos a las piezas que iban apareciendo en ese lugar. “Supimos desde el primer momento que eran del Bronce medio, por los tipos de cerámica”, señalaba Javier Nuin. El arqueólogo explicaba que el del cerro de la Celada se define como un campo de hoyos, porque son las estructuras que aquellos hombres prehistóricos excavaron en el terreno las que han conseguido conservarse, mientras que el suelo que ellos pisaron ha desaparecido como consecuencia de la erosión y el tiempo. Aquellos agujeros, “pequeñas cápsulas del tiempo”, preservaron aquello que guardaron, que podían ser desde objetos de uso cotidiano a otros con un sentido ritual.

La excavación, que no ha abarcado toda la extensión del poblado, ha podido descubrir la existencia de dos cabañas, en torno a las cuales se han documentado cerca de un centenar de hoyos. En ellos, como es habitual en los yacimiento de la época en el Valle del Ebro, había enterramientos. En este caso dos. Uno responde a un ritual conocido, huesos quemados una vez la carne se ha descompuesto. El otro es más singular: un hombre joven tumbado boca abajo que tenía sobre su cabeza una piedra de unos 20 o 30 kilos. “Esto es algo peculiar. Habitualmente se relaciona con algo negativo”, apuntaba Nuin. También apareció una cesta de piedra frecuente en los enterramientos pero vacía. “Era simbólica”. Otros hoyos guardaban cerámicas. Se descubrió uno con 18 vasijas “perfectamente conservadas, enteras, completas y bien colocadas”, protegidas además por placas de barro . “Es un hallazgo excepcional.” En total, en la Celada se han recuperado 115 vasijas, 89 completas.

Arqueólogos y responsables del Gobierno foral, en el espacio de la microexposición
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Arqueólogos y responsables del Gobierno foral, en el espacio de la microexposiciónJesús Garzaron
Arqueólogos y responsables del Gobierno foral, en el espacio de la microexposición

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HACHUELAS Y SUELAS

De todos modos, el hallazgo más sorprendente fueron los lingotes, que han sido estudiados por investigadores de Valladolid, Madrid, Barcelona, Alemania... y a los que se les ha aplicado distintas técnicas para determinar su composición, su procedencia o el tratamiento que se les aplicó en su día.

Entre las 191 piezas, las había de dos tipos. A la mayoría, 183, los arqueólogos las llamaron hachuelas, “porque se parecen a las hachas planas de la misma cronología”. A las otras, más grandes, la denominaron suelas de zapatos. Todas están fabricadas en cobre en un 98 o 99%. Proceden de minas del Pirineo y de la región de los Alpes y “tienen cierta difusión”, ya que se han encontrado también una decena de piezas similares en Francia. “Estaban estandarizadas. Las hachuelas tienen un rango de peso de entre 18 y 22 gramos y una longitud de entre 10 y 12 centímetros. Todas seguían el mismo esquema”. La depositaron dentro de una vasija, metida a su vez en un hoyo, pero además estaban agrupadas de diez en diez, “de forma sistemática”. Y esos grupitos estaban atados con una fibra vegetal.

Aunque son lingotes de bronce, que servían para la fundición y elaborar armas, herramientas o adornos, el hecho de estar agrupados de forma tan clara, así como su forma y tamaño estándar, abre otra interpretación. Se podían contar con facilidad y podrían servir como algo parecido al dinero. “Estas piezas podrían haber sido utilizadas para transacciones, ya que tienen un valor prácticamente universal. Cualquier pueblo de esta zona, en cualquier lugar de Europa, sabría lo que es y para ellos tendrían valor. Además, están diseñadas para facilitar su transporte”, explicaba Nuin.

En lo que los arqueólogos dudan es en si los lingotes acabaron en un hoyo de modo intencionado o si aquel era un mero escondrijo, consecuencia de una situación inestable. “Están abiertas las dos opciones, sin prioridad de una sobre la otra. Cada uno en el equipo tiene una opinión”, señalaba el comisario de la exposición, que recalcaba que el hallazgo “es de suma importancia, no solo en el contexto regional de Navarra, del valle del Ebro o de la península ibérica. Tiene relevancia internacional. Es excepcional por la presencia de 6 kilos de mineral de cobre, que es mucho cobre. Su antigüedad es impresionante. Y si además ha sido utilizado como dinero, es un dinero muy antiguo”.

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