Música clásica

La batuta mágica del canadiense Yannick Nézet-Séguin en el tradicional Concierto de Año Nuevo

La Orquesta Sinfónica de Viena cumplió su cita anual incluyendo a dos mujeres compositoras

Yannick Nézet-Séguin
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El canadiense Yannick Nézet-Séguin dirige a la Orquesta Filarmónica de Viena durante el tradicional Concierto de Año NuevoEFE/Filarmónica de Viena/Dieter Nagl
Yannick Nézet-Séguin

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Agencia Colpisa

Publicado el 02/01/2026 a las 15:56

Bajo la batuta del canadiense Yannick Nézet-Séguin, los Strauss siguieron siendo los protagonistas del repertorio del tradicional Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, que este primero de enero de 2026 comenzó sobre las 11 horas con la obertura a la opereta 'Índigo y los cuarenta ladrones' de Johann Strauss y con varias piezas de la saga familiar, el padre, tres hijos y un nieto. 

Además de la alegría y la ruptura de etiqueta, se representaron cinco piezas inéditas en las 85 ediciones anteriores (comenzó a celebrarse en 1941 y esta es la gala número 86) y se incluyeron dos partituras de mujeres compositoras. Una de ellas, 'Canciones de sirenas' ('Polka mazurca, op. 13') de Josephine Weinlich fue uno de los momentos más recordados, junto a la pieza de Florence Price, 'Vals del arco iris'.

Hasta este año sólo se había tocado una obra de una mujer, el vals 'Ferdinandus-Walzer' de la austríaca Constanze Geiger. En la sala Dorada del Musikverein, o sociedad musical austríaca, se lució el director Nézet-Séguin, director de Orquesta de Filadelfia y la Orquesta Metropolitana de Montreal y director musical del Metropolitan Opera de Nueva York. 

En su primera vez en este rol, guio a sus músicos por temas contemporáneos que alternaban con los ya clásicos, como la Albertina, que cumplía 250 años de creada. Frente a un auditorio con aforo completo y unas 50 millones de personas tras las pantallas en 150 países, entre ellos España, el repertorio navegó por las composiciones de Carl Michael Ziehrer ('Cuentos del Danubio, Vals, op. 446'), Joseph Lanner ('Malapou-Galoppe, op. 148'), además de las escogidas de los Strauss. 

La tecnología ayudó a que algunas canciones fueran acompañadas de proyecciones de un vídeo de danza, como el que amenizaron la 'Obertura de la opereta La bella Galatea' de Franz von Suppè. Antecedió esta pieza el momento más reivindicativo, y quizás por eso el más solemne aunque corto, del inicio de año con la ejecución de la obra de Florence Price, una músico afroamericana que se abrió camino en la época cruda de los derechos civiles y segregación en Estados Unidos. 

El concierto, una institución en sí mismo, abría así espacio, aunque aún mínimo, a la igualdad, y pasaba su ecuador con la divertida pieza dedicada a los trenes del danés Hans Christian Lumbye ('Københavns Jernbane-Damp-Galop'), las notas de Johann Strauss II ('Rosas del Sur, Vals, op. 388' y 'Marcha Egipcia, op. 335') y Josef Strauss ('Palmas de la paz, Vals, op. 207'). 

Luego de las felicitaciones del Maestro, se abría el tramo final con el vals 'En el bello Danubio azul' de Johann Strauss hijo y el cierre con la 'Marcha Radetzky' (op. 228) de Johann Strauss padre, una pieza por la paz escrita en el declive del imperio austro-húngaro. Ovación para un director divertido e intenso, y bis. "La música puede unirnos", sentenció Nézet-Séguin antes del broche de oro con 'El Danubio azul' también de Johann Strauss. 

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