Libro
¿Cómo se divertían los navarros hace un siglo?
En el primer tercio del siglo XX las formas de ocio cambian: las formas tradicionales, de la pelota al carnaval, se transforman y aparecen otras nuevas, como el cine. Un libro recorre cómo se divertían los navarros en ese tiempo


Publicado el 30/12/2025 a las 05:00
La diversión también tiene historia. Y en Navarra, como en buena parte de Europa, el primer tercio del siglo XX fue un tiempo especialmente fértil para observar cómo cambiaban las formas de ocio y sociabilidad. Esa curiosidad late por debajo de un libro coordinado por la historiadora María del Mar Larraza, impulsado desde la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca de la Universidad de Navarra, que se propone acercar al gran público una investigación académica sobre cómo se divertían los navarros entre 1900 y 1936.
El proyecto responde, en primer lugar, a una “vocación de extensión universitaria”. Como explica Larraza, la cátedra recibe una subvención del Gobierno de Navarra destinada precisamente a revertir a la sociedad parte del conocimiento que se genera en la universidad. Este libro se inscribe en esa línea: “Alta divulgación, accesible a cualquier lector, pero con aparato crítico para quien quiera profundizar”. Por otra parte, los ocho autores que participan en el volumen, -historiadores vinculados en su mayoría a la Universidad de Navarra-, comparten un interés por la vida cotidiana y los comportamientos culturales, más allá de los acontecimientos políticos. El ocio, subraya Larraza, es una vía privilegiada para entender una sociedad: “Cómo se divierte dice mucho de sus valores, sus aspiraciones, su manera de relacionarse y de pensarse a sí misma”.
La elección del periodo no es casual. Entre finales del siglo XIX y los inicios del XX confluyen en Europa la industrialización, el crecimiento urbano, el aumento de la alfabetización, la expansión de la prensa y los avances científicos y tecnológicos. También cambian las mentalidades, y llegan nuevas ideas sobre el cuerpo, la educación o la mejora social, que también aparecen en Navarra. La implantación de la jornada de ocho horas, el descanso dominical o cierta mejora de los salarios amplían el tiempo libre y permiten que el ocio se democratice. Al mismo tiempo, surgen nuevas formas de diversión y las ya existentes se transforman para atraer a públicos más amplios.
La pelota vasca. Abordada por Francisco Javier Caspistegui, catedrático de Historia de la UN, muestra cómo este deporte “pasa progresivamente de ser una práctica basada en la destreza y el desafío a convertirse en un espectáculo de masas, con apuestas, profesionalización y nuevos públicos”, dice Larraza. “Puede apreciarse la transformación de una sociedad que disponía de tiempo para dedicar al entretenimiento y, aunque escasos, también de recursos para entradas, apuestas, material o incluso, en algunos casos, para desplazamientos en pos de los grandes retos o las nacientes figuras del deporte de la pelota”, escribe Caspistegui.
El txistu, la gaita y las danzas. Karlos Sánchez Ekiza, profesor de la Universidad del País Pasco además de compositor e intérprete de txistu, analiza su politización y folclorización. “Sigue una serie de polémicas que hay en la prensa. La primera es el intento de llevar gaitas a las fiestas de Irurita, que deriva en una pugna identitaria. Lo mismo ocurre con la organización de un grupo de txistularis en Pamplona en los años 20. Se trata de ver sobre todo cómo se folclorizan algunos instrumentos y danzas, en el sentido de fijar algo que consideras propio y normativizarlo. Ocurre en una época de renacimiento vasco a finales del siglo XIX y comienzos del XX, donde viejas formas, como el txistu o las danzas, pasan a formar parte de distintas maneras de concebir el territorio vasco-navarro”, explica Larraza.


Juegos y canciones infantiles. El volumen también da espacio al mundo infantil. El etnógrafo David Mariezkurrena, miembro de los grupos Etniker y responsable de la editorial Lamiñarra, recupera canciones y juegos transmitidos por generaciones. “En unas jornadas previas al libro, la gente disfrutó escuchando a David y recordando canciones como Mambrú se fue a la guerra y tantas otras que hemos cantado de pequeños, y que él ha investigado sobre todo a través de la historia oral. Él dice que los niños, cuando cantan y juegan, reflejan en el mundo, lo que ven en casa”, recuerda Larraza.


El carnaval. Estudiado por Jesús María Usunariz, revela una doble cara: el carnaval urbano elegante de casinos y sociedades frente al callejero, “criticado por grosero”. Usunáriz, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Navarra, mantiene en el texto una tesis “a contrapelo” de otras interpretaciones actuales. “En el primer tercio del siglo XX asistimos a la construcción de un carnaval vernáculo, un ejemplo de tradición inventada”, escribe Usunáriz. “Mientras nadie echaba en falta el carnaval urbano, otros vieron en la recuperación (más bien invención) de un determinado carnaval rural la posibilidad de reeditar unas esencias que se estaban perdiendo”, sigue.
El Orfeón Pamplonés y Remigio Múgica. “El Orfeón Pamplonés jugó un papel esencial en la vida social y cultural de Navarra a finales del siglo XIX y principios del XX. Durante ese periodo, prácticamente toda Pamplona tuvo algún vínculo con el coro”, escribe Mikel Berraondo Piudo, doctor en historia y cantante barítono. “Sigue la trayectoria vital del que fue la persona más importante en el arranque del Orfeón y el que lo puso a la altura de los mejores de España, que fue Remigio Múgica”, explica María del Mar Larraza. “La gente cantaba mucho y cantar en público genera una solidaridad emocional tremenda. Al Orfeón le llamaban de todos los sitios, incluso cantó en la boda de Alfonso XIII. Recorrió toda España. Incorporó las voces femeninas. Pasó de ser un pequeño grupo para sacar a los obreros de la taberna a convertirse en todo un icono de Navarra”.


La irrupción del cine. Alberto Cañada, director hasta hace unos días de la Filmoteca de Navarra, relata una de las grandes novedades de la época, de cómo pasa “de atracción de feria a espectáculo estable en salas, con una rápida expansión por toda Navarra”, explica Larraza. Cañada detalla cuatro fases de la implantación del cine en Navarra: de 1896 a 1910 se da a conocer como un espectáculo ambulante en ferias y fiestas; entre 1911 y 1920 empiezan a instalarse proyectores fijos en teatros, casinos, salas...; de 1921 a 1930 se empiezan a levantar edificios destinado a cines, y aparecen los primeros empresarios del sector; y de 1931 a 1936, cuando el cine se consolida y mejora su oferta y sus técnicas.
El deporte. Dos capítulos del libro abordan asuntos deportivos, el dedicado al deporte infantil que escriben Paola Ruiz López y Francisco Javier Caspistegui, y el que relata la historia del Lawn Tennis Club, firmado por la propia María del Mar Larraza. “El deporte, tal como lo entendemos ahora, es una actividad con normas, reglas, disciplina y tiempos. Nace en las escuelas británicas de la aristocracia para llenar los tiempos libres de los jóvenes e inculcar valores como el esfuerzo, la iniciativa, la resistencia y valores como el compañerismo, la autodisciplina, saber ganar y perder. Luego se extendió a otros grupos sociales y al ejército. Logró un prestigio enorme porque poseía cualidades deseables para el hombre moderno: individualidad, iniciativa, resistencia y objetivos”, apunta María del Mar Larraza. En ese sentido, el deporte infantil fue una novedad, ya que fue en este tiempo cuando se hizo más consciente “la importancia de ese tiempo de la vida. Los pedagogos y higienistas promueven la educación deportiva para mejorar la raza desde sus raíces y formar a los hombres del futuro”. El Lawn Tennis Club, en cambio, representa un deporte entonces elitistas, “una actividad no solo deportiva, sino también social”, dice Larraza. . “Allí se reunía lo más granado de la sociedad. Me ha llamado la atención la importancia de los militares entre los primeros socios. Además, la mitad de las socias eran mujeres”, dice la historiadora sobre los orígenes de lo que hoy es el Club de Tenis.


'Tiempo de ocio y diversión: Navarra 1900-1936'
Coordinadora: María del Mar Larraza.
Autores: Mikel Berraondo, Alberto Cañada, Francisco Javier Caspistegui, David Mariezkurrena, Paola Ruiz, Karlos Sánchez y Jesús M. Usunáriz.
Edita: Cátedra de Lengua y Cultura Vasca de la Universidad de Navarra.
Diseño y distribución: Lamiñarra.
Páginas: 302.
Precio: 18 euros.