Concierto

Fito, señor del rock, se adueña del Arena con nostalgia de Robe

En torno a 12.000 personas llenan el pabellón en un concierto "difícil" para el bilbaíno por la reciente muerte del líder de Extremoduro

Concierto de Fito & Fitipaldis en el Navarra Arena

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Concierto de Fito & Fitipaldis en el Navarra ArenaSERGIO MARTÍN

Santi Echeverría

Publicado el 12/12/2025 a las 23:06

Cinco minutillos de cortesía ¡y ya! Sin más dilación comenzó el concierto de Fito en el Arena, el reencuentro, dos años largos después de su última visita, con llenazo de postín (se podían estimar 12.000 espectadores) y la gente haciendo con paciencia las colas de entrada  que se fueron moviendo con fluidez.

Un gran telón cubría todo el escenario de arriba abajo y sobre un círculo de luz se vieron la siluetas de Carlos Raya, de Fito y de Javi Alzola, el saxofonista de lujo y fiel escudero. Cayó ese telón y se lanzaron los siete del escenario con un buen tempo de puro rock and roll con el primer tema ‘A contraluz’, que   pertenece a su último disco ‘El monte de los aullidos’ en esta gira  que se llama precisamente ‘Aullidos’.

En ese rock and roll que se desarrolla a buen tempo sobre el escenario estaban los dos muchachotes de Fetén Fetén Jorge Arribas a los teclados/Hammond y Diego Galaz en guitarras y vibráfono, uniéndose a los habituales escuderos de los últimos años de Fito: Carlos Raya (guitarra), Javier Alzola (saxo), Alejandro Climent ‘Boli’ (bajo), y Eduardo Giménez ‘Coki’ (batería). Banda consolidada potente y de prestigio con la que ya empezaron a sacar chispas del respetable.

Fueron los momentos para unos de sus temas más venerables, ‘Un buen castigo’.  Fito aprovechó para hablar por primera vez y  comentar lo difícil que se le iba a hacer este concierto, en alusión clara y directa al fallecimiento de su amigo Robe Iniesta, con quien compartió conciertos y proyectos. Después de esa alusión emotiva,  tras la  que parte el público coreó el nombre de “Robe, Robe, Robe” llegó el momento de ‘Por la boca vive el pez’, con el pececito con gorra que estaba al final del escenario. La iluminación mezclaba los naranjas con los blancos dando espectáculo pero otorgando todo el protagonismo a esos músicos que casi siempre se movían en primera línea de escenario flanqueando a Fito. Las imágenes del concierto se veían en realización multicámara en sendas pantallas de proyección a ambos lados del escenario.

El  concierto bajó un poco el tempo para que sonara el reflexivo (y autobiográfico) ‘Me equivocaría otra vez’ con el menudo poeta de luciendo en estado puro “Ha sido divertido. Me equivocaría otra vez. Quisiera haber querido lo que no he sabido querer. Quieres bailar conmigo, puede que te pise los pies... Soñaré solo porque me he quedado dormido. No voy a despertarme porque salga el sol. Ya sé llorar una vez por cada vez que río, no sé restar. Tu mitad a mi corazón”.

El concierto continúo con ‘Los cuervos se lo pasan bien’, otra canción de su último álbum y con Fito y Carlos repartiéndose los riffs de guitarra y los solos mientras las siluetas de tres cuervos con grandes ojos parpadeantes lucían al fondo del escenario. Fito aprovechó el momento tras los aplausos para comentar: “Sois una bendición, Iruña”. Así llegó otro gran medio tiempo ‘Entre la espada y la pared’ con su “oxidado corazón”. Una espectacular combinación de hilera seriadas de proyectores LED a diferentes alturas del escenario y alrededor de él y en color naranja dio la bienvenida al tema ‘A quemarropa’. Mientras, la realización daba una espectacular imagen múltiple en todo el fondo del escenario con más de 30 imágenes clonadas de Fito y sus muchachos. “ A quemarropa me disparan y me dispararán".  El solo protagonizado por Carlos y Javi Alzola marcaba el punto álgido de la canción.

El sonido lucía con solemnidad y buena presencia con  todos los instrumentos en equilibrio. Llegó el tema que da título al último disco del bilbaino. ‘El monte de los aullidos’, un tempo sosegado para otra muy reflexiva (“La carga a la espalda y luego las manos a la cabeza, las cosas que nunca digo, la punta de la lengua”) y con un magnífico ‘rush’ final de guitarras disparadas.

A continuación el sonido de los teclados lanzó otro tempo tranquilo en ‘Volverá el espanto’ . La imagen de un primerísimo primer plano con el perfil de blanco y negro de Fito se hizo la dueña del recinto mientras la imagen de una ciudad en ruinas sobrevolada por un dron talla dio la talla de esta reflexión sobre la guerra: “Se cavaron zanjas, se prendió la mecha cuando nadie pudo ver. Una esperanza corta y una mente estrecha... El horizonte, una pared”. Tremendo.

A continuación la imagen cambió y un cielo plomizo y bastante tenebroso sobrevoló las cabezas de los siete músicos en el escenario. Era el momento de ‘Cielo hermético’ (“la vida se me va tan rápido”...). Los tonos naranjas y amarillos que habían protagonizado buena parte de los temas anteriores ahora se habían tornado a grises. El sonido de las guitarras distorsionadas llegaba ahora con un punto más grueso y más denso. Fue el momento en que Fito volvió a hablar para decir que le estaba “ resultando realmente duro cantar pero estoy muy contento de estar con vosotros”...

UNA TRADICIÓN RECUPERADA

Fito estaba anímicamente tocado pero vaya por delante la profesionalidad intachable de él y sus músicos, que tragaba saliva para poder cantar. Fue el momento de ‘Cada vez cadáver’. Carlos Raya se explayó en un solo marca de la casa luciendo el ‘slide’. El ‘in crescendo’ emocional hacia la fiesta del rock and roll se lanzó con ‘Whisky barato’ (“ya no queda nada entre tu y yo, ya no queda entre los dos”...),  maravillosa canción que redime. Y más que redimió el tremendo solo que hicieron a violín y acordeón los chicos de Fetén Fetén y un tremendo final en el que Fito, Carlos, Javi, Diego y Jorge bajaron del escenario a una plataforma colocada bastante más abajo.

Momento de apoteosis. Y para coronarlo Fito comentó al público que iban a recuperar una antigua tradición y así se vio un vídeo en el que todos los asistentes a su concierto anterior de Santiago de Compostela saludaron a Pamplona y se grabó el saludo desde la capital navarra al siguiente concierto, que será en Zaragoza.

A pesar de las circunstancias de la nostalgia la fiesta estaba echada y el pistón volvió a subir con ‘Como un ataúd’. Una intro de guitarras con mucha ‘rever’ y eco precedió a ‘Acabo de llegar’ (“Y yo, que siempre voy detrás del error”). El canto del artista humilde, el que para nada acostumbra a lucir ego, se hacía dueña y señor del Navarra Arena. Pero también momento de proyecciones de las imágenes del concierto realmente espectaculares y con toda la fuerza de la iluminación en blancos y en cegadoras. Las palmas del respetable en el Arena se hicieron unánimes, absolutas, al aire, al viento, quizá tras la estela de Robe... y terminó con un duelo/dúo de Carlos y Javi.

Era todo o nada y fue todo. Era la recta final. Y así llegó ‘Las nubes de tu pelo’. Fito a guitarra y voz en una clara dedicatoria a Robe. Emoción... Aprovechó para presentar a “esta maravillosa banda”, con momento especial para Carlos Raya con quien recordó lleva tocando ya 20 años.

Era el ‘rush’ final y así sonó a continuación ‘La casa por el tejado’ (“a coger el cielo con las manos... a coser mi alma rota... menos mal que fui un poco granuja y todo lo que se me lo enseñó una bruja”). Locura  que precedió al final con ‘Soldadito marinero’, otro ejemplo maravilloso cura de humildad (“Elegiste a la más guapa y a la menos buena y sin saber cómo ha venido te ha cogido la tormenta”). Las luces de los móviles se encendieron de luciérnagas el Arena. La gigantesca marca de Fito y los Fitipaldis que estuvo en muchos momentos por encima de las cabezas de los músicos se tornó blanca. “Después de un invierno malo y una mala primavera dime por qué estás buscando una lágrima en la arena”. Fito alzaba la mano señalando al cielo... todos sabíamos por quién. Pero de nuevo el rock and roll le dio la vuelta a la canción y de ahí hasta el final con Javi Alzola disparando la locura. El público les despidió con la letra de la canción y así se retiraron del escenario. Pero había regreso  por supuesto.. 

Fue enorme la ovación de vuelta. Y la tanda de bises comenzó con ‘La noche más perfecta’, también de su último álbum. “La voluntad es una vía demasiado larga. El miedo por vivir, la realidad de la locura. No pude distinguir mi travesía de mi, travesura” con Fito dando la medida de su tremenda talla de poeta y de la enormidad de su nostalgia. Continuaron con ‘Entre dos mares’ recordando a Fitografia y a esa canción de su época de Platero y Tú.

Fito volvió a comentar que había sido el concierto más difícil de su vida pero que había sido muy feliz. Preámbulo de la gran explosión final que llegó con  ‘Antes de que cuente diez’ y todos rodeando al batería en perfecta piña. Otro fantástico ejemplo de la poesía y el rock que van de la mano y han tenido y tienen a muchos insignes nombres en nuestro canto popular. Espero que las letras de Sabina se estudien en la asignatura de literatura en los coles y en los institutos. Y las de Robe y las de Antonio Vega... y por supuesto las de Fito.

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