Eloy Moreno, escritor: "Si no lloro al escribir mis libros, es que no les he puesto emoción"
El autor de novelas como 'El bolígrafo de gel verde', 'El regalo', 'Diferente', 'Invisible', 'Tierra' o 'Redes' protagoniza este viernes por la tarde la última sesión de los Diálogos de Medianoche de este año


Actualizado el 11/12/2025 a las 23:41
Siempre llueve en las ocho novelas de Eloy Moreno (Castellón de la Plana, 1976). Por ejemplo, en uno de los momentos más emotivos de la última, Redes, cuando una adolescente influencer camina aislada del mundo hasta que varias chicas la reconocen. También llueve en la considerada su primera parte, Invisible, con lluvia hasta en la portada, que refleja la indefensión y la impotencia del personaje, que sufre acoso escolar. Moreno protagoniza este viernes por la tarde la última sesión de los Diálogos de Medianoche de este año.
Invisible, los monstruos, no, el chico avispa, cobarde, empollón, visible. ¿Qué le sugieren estas palabras? [son los títulos de Invisible]
Buah, todas juntas además... Es más un conjunto que palabras individuales. Me sugiere una época de la vida, me sugiere adolescencia.
En la última página del libro escribe que es una novela “para vosotros, para nosotros”. ¿Ha tenido que dar explicaciones por ese “para nosotros”?
Siempre he pensado que, aunque los libros hablen de personajes que parecen externos, estamos dentro de todos ellos. De hecho, creo que la característica de mis novelas, y quizás por eso gustan, es que, al leerlas, puedas estar dentro del libro, tú o un amigo tuyo o un vecino. Y por eso siempre digo que las historias son para vosotros, pero también para nosotros, porque, de alguna forma, el que la escribe transmite lo mismo al que la lee, o es por lo menos lo que intento. Me encanta cuando alguien me dice “he llorado en esta parte del libro”, justo en la misma en la que yo lloré cuando la escribí. Por eso creo que es bidireccional siempre.
¿Llora mucho cuando escribe? ¿Ha llorado escribiendo Invisible y Redes?
En todos los libros he llorado porque creo que me meto tantísimo en los personajes que vivo ahí dentro. Un poco en broma digo que, si no lloro con un libro mío, es que no le he puesto emoción. En algunos libros he llorado quizás más, en Invisible, un tema muy duro; en Diferente, que habla de las enfermedades raras...
¿Recuerda los momentos en que más lloró con Invisible y Redes?
Con Invisible fueron varios, como cuando el niño explica a su hermana pequeña por las noches lo que le está ocurriendo como si fuera otra persona la que lo está pasando mal porque la niña es muy pequeña y no se da cuenta. Ese momento me pareció brutal. Y en Redes fueron momentos, más que de emoción, de pena al ver cómo tu vida la manejan otros; al darte cuenta de que, a veces, y me incluyo, hacemos lo que nos dicen la gente en Internet: de repente se pone algo de moda y todo el mundo lo sigue, aunque no sepa por qué lo sigue. O cuando la niña manda una foto con no demasiada ropa y no es consciente de a dónde va esa foto.
En Redes hay una adolescente influencer que critica sobre sus padres que no preguntaron sobre querer ser objeto público. ¿Nos parece todo más inocente cuando difundimos por Internet?
En Redes hablamos de adolescentes, pero los adultos muchas veces no somos conscientes de que cualquier cosa que publiquemos se queda ahí toda la vida, sobre todo las fotos. ¿Cuántos adultos publican fotos de sus propios hijos sin saber dónde van a aparecer esas fotos el día de mañana? La sociedad no somos conscientes de que lo que está ahí lo está para siempre.
El protagonista de Invisible dice que le encantaría ser un superhéroe y tener superpoderes. ¿Qué significan para usted los superhéroes?
En la primera cita de libro, de una película de Batman, se dice que un superhéroe puede ser cualquiera que, cuando tienes frío, te pone un abrigo, y estoy muy de acuerdo. Creo que superhéroes son la gente, y conozco mucha, que te ayuda cuando lo necesitas.
¿Y un superpoder?
Que cuando estás mal, una persona se dé cuenta de que estás mal, y eso no es tan fácil.
¿Le gustaría para usted?
Creo que eso sí que soy capaz de hacerlo. Si tengo algo que me diferencia un poco en la escritura, es que tengo mucha empatía: cuando alguien me cuenta una historia, enseguida me meto en ella, aunque no me haya pasado a mí. De hecho, mucha gente me pregunta si mis novelas son autobiográficas. Yo prácticamente no he vivido nada de lo que escribo. En mis libros los protagonistas son una mujer, una niña, un hombre, un niño... personajes muy distintos que, evidentemente, no soy yo. Creo que esa capacidad de ser muy empático, de ponerme en la piel y meterme dentro de los sentimientos de quien me cuenta algo, sería mi superpoder.
En Invisible, el protagonista dice que es mejor ser mediocre, no destacar ni por arriba ni por abajo. Qué tristeza...
Qué tristeza y qué realidad, tristemente. Ojalá eso cambie.
¿Y hay mucho más miedo del que pensamos que tiene ese poder gasolina?
Sí. No sé quién dijo que las dos fuerzas más universales que mueven el mundo son el miedo y el amor. El amor deja hacer cosas impresionantes, y el miedo también. Mucha gente dice que toma decisiones siempre o por miedo a algo o por amor a algo. Si piensas qué has ido haciendo en tu vida, lo has ido haciendo o por amor o por miedo.
¿Tenemos muchos monstruos en esta sociedad?
Depende de qué hablemos. En el caso del bullying, muchísimos. Lo son, por ejemplo, no solamente quien agrede, sino cualquier persona que ve lo que está pasando y no hace nada. Y eso también lo podemos extrapolar a una relación de trabajo donde haya abuso de poder, a problemas de pareja...
Reflexiona en Invisible sobre que siempre actuamos como si todo lo que nos rodeara fuera a estar ahí, en lugar de vivir cada momento como si fuéramos a perderlo todo al día siguiente. ¿No sería muchísima intensidad esa?
Sí, claro [ríe], escrito queda muy bonito; después lo piensas y es más complicado de hacer. Pero, en cierta manera, te acuestas sin pensar que al día siguiente va a estar todo ahí: va a salir el sol, voy a estar en mi propia cama, voy a tener mi casa, va a estar la ciudad como toca... y a veces no pasa porque hay catástrofes y de repente cambia toda tu vida. Pero claro, no somos conscientes de eso, quizás porque sería un sinvivir. Pero sí creo que deberíamos ser conscientes, sobre todo para agradecer, para decir “estoy aquí, mañana seguramente tendré otro día más en el que saldrá el sol y en el que yo podré estar aquí”.
La faja de Redes lo presenta como “la esperadísima continuación de Invisible”. Pero pasaron seis años hasta que llegó Redes...
Sí, mucho tiempo, pero tampoco tuve la intención de hacer una segunda parte de Invisible. ¿Por qué sale Redes después? Por un cúmulo de circunstancias: estaba escribiendo Redes justo cuando rodábamos Invisible con Disney, y eso hizo que me empezara a dar cuenta de que había muchos personajes de Invisible que se habían quedado sin un final, que se habían quedado historias sin acabar. Y ahí creé las dos cosas: la escritura de Redes con sus propios personajes, como Xaxa, Alex... y los personajes de Invisible que no estaban finalizados. Por eso al final salió así Redes.
El mismo juego que con Invisible: ¿qué le sugieren las palabras redes, la primera foto, el corazón dorado, la verdad, Alex, la noche? [los títulos de los capítulos de Redes]
Destacaría una en negrita: la verdad. En redes creo que cada día es más difícil distinguir la verdad de la mentira, sobre todo con la IA. De hecho, creo que hay un momento en Redes donde también se cuestiona mucho si lo que está viendo un determinado personaje es real o no e incluso que tampoco le importe. Eso es lo más preocupante.
La novela habla de los peligros de las redes, de la alarma que se debería encender. ¿Son palabras que ya han perdido fuerza?
El libro 1984 decía —imagínate en quella época cuando lo escribió Orwell [1947 y 1948]— que en un futuro, en el que ya estamos, habrá cámaras por todos los sitios y te harán fotos por todos sitios. Lo único que ha cambiado es que las fotos no las hacemos nosotros mismos: no es que la gente nos esté haciendo fotos para publicarlas, somos nosotros los que estamos publicando nuestras fotos. Lo hemos hecho peor de lo que decía 1984. No hay un gran hermano que te esté fotografiando: eres tú mismo. Sin embargo, creo que le estamos dando un poco la vuelta: comienza a haber legislaciones nuevas, sobre todo para menores. No sé en qué país leí que se va a exigir que a los influencers que hablan de un determinado tema tengan alguna capacitación para hablarlo. Eso me parece que vamos un poco hacia ahí. Es una adicción que tenemos todos, no solo los adolescentes.
La parte que da más miedo es que la propia intimidad es de todos... Si la propia intimidad ya no es tuya, ¿qué nos queda?
No hay que olvidar que la intimidad no es nuestra porque nosotros mismos la compartimos. ¿Qué nos queda sin intimidad? Convertirnos en IAs nosotros también.
'El principito' tiene su continuación 80 años después
Este septiembre Eloy Moreno publicó en Salamandra 'El nuevo viaje de El principito', “un reto” al no tratarse de una novela sino “de una continuación de una obra que conoce prácticamente todo el mundo”. “Cuando me propusieron hacerla, me temblaron un poco las piernas al recordar la de gente fanática que tiene El principito”. Pero tuvo “la suerte”, añade, de que “todo venía de la mano de la Fundación Antoine de Saint-Exupéry pour la jeneusse”. “Es la primera continuación que se hace del libro en 80 años. Han tenido muchas propuestas y nunca se ha aceptado ninguna, hasta esta. Para mí es todo un orgullo que la propia familia, herederos del autor, haya dado el ok a esta edición. Estoy muy contento y, afortunadamente, las críticas son muy buenas. Hemos conseguido mantener el espíritu de El principito”.
Eloy Moreno había leído de pequeño “varias veces” esta novela, “que se lee a frases”, pero hacía años que ya no. Ahora, para escribir la segunda parte, casi se la ha “estudiado”. Y en esta otra lectura, más que redescubrir ha recordado. “Recuerdo haberla leído sobre todo en el colegio y en el instituto, quizás alguna vez cuando lo he regalado, y al leerlo ahora, que simples frases son metáforas que en su momento no pillé”. Y lo ejemplifica: “Cuando el principito habla de la rosa, te das cuenta de que simboliza el amor puro. Cuando lo lees por primera vez, a lo mejor solo ves la rosa como la compañera a la que tiene que cuidar, pero, al leerlo más veces, lo he interpretado como el amor puro por el que hace todo para salvarla. Y eso hago en la continuación: todo el viaje del principito es para salvar la rosa”.
¿Cómo se sintió metiéndose en la mente del principito? “Es la de un niño”, señala, “y estoy acostumbrado a meterme en mentes de gente más joven porque lo he hecho en alguno de mis libros, en Redes, Invisible o Diferente”. Asegura que intentó ser muy respetuoso con el autor. De hecho, es un homenaje a Saint-Exupéry porque la novela empieza con un accidente de avión que tuvo: era piloto, y se estrelló dos veces, una en el Sáhara, cuando escribió el libro, y después en el mar, por el que nunca encontraron su cuerpo, aunque sí el avión. “Quería hacer un homenaje al autor y por eso el libro empieza con un avión en el mar, por ese segundo accidente que tuvo. En ese momento vuelve a encontrarse con el principito, y empieza la nueva historia”.


En El nuevo viaje de El principito, el protagonista hace un viaje para salvar esa rosa y se detiene en diferentes planetas, donde se va encontrando con cosas o con personas que opinan o actúan de una manera, situaciones que trasladan al día de hoy: qué significa la información, qué estar aislado y pensar que aún y todo se es feliz o que todos queramos todo para nosotros mismos sin pensar en el resto, cuestiones que aparecen en las novelas de Moreno.
“El regalo podría ser un ejemplo: es el libro que más podría parecerse a las temáticas que se trataron en El principito. Lo que intentamos es actualizar las problemáticas que aparecen en el libro original. Así, mientras en el libro original hay un vendedor de píldoras, en el nuevo también hay un vendedor de píldoras para hacerte feliz, que todo el mundo puede interpretar que son antidepresivos. He intentado actualizar todas las problemáticas que tenía el libro original con las que tenemos ahora”, señala el autor castellonense.
¿Qué ha aprendido de él con El nuevo viaje de El principito? “A meterme en la mente de un niño curioso. Lo bonito del original, y que he intentado mantener en el nuevo, es que el principito no juzga nada. Durante todo el libro se sorprende de muchas cosas, pero no juzga. Ojalá todos tuviéramos eso”.