Rodajes en Navarra
'Las brujas de Zugarramurdi': el aquelarre que convirtió un pequeño pueblo en plató de cine
Zugarramurdi se volcó con Álex de la Iglesia durante el rodaje de su película más mágica y caótica: mil figurantes, noches sin dormir y hasta un marmitako improvisado


Publicado el 23/10/2025 a las 05:00
Zugarramurdi vivió en 2012 su propio aquelarre cinematográfico. El pequeño pueblo navarro, conocido por su historia de brujas y leyendas, se transformó durante trece intensos días en el epicentro del rodaje de 'Las brujas de Zugarramurdi', la película de Álex de la Iglesia que mezcló comedia, terror y acción… y que dejó una huella imborrable entre sus vecinos.
Desde el primer día, Zugarramurdi se volcó con el rodaje. Y el propio De la Iglesia, que había ganado el Goya al mejor director en 1995, lo reconoció después: "Nunca me he sentido tan arropado, ayudado y comprendido como en este rodaje".
El cásting de brujas se celebró en el auditorio del museo local. Acudieron mujeres de todas las edades y procedencias: Elizondo, Bera, Lesaka, Pamplona, Hondarribia, Irun, San Sebastián… incluso Bilbao.
Las jornadas se alargaban hasta la madrugada. Las figurantes pasaban por maquillaje y peluquería bajo una gran carpa antes de rodar el aquelarre. Las escenas se repetían una y otra vez, a veces por culpa de un perro que se coló en pleno rodaje o de una espectadora que aprovechó para sacar una foto a Mario Casas.
Los vecinos, lejos de quejarse, madrugaban para ver cómo su pueblo se convertía en escenario de una superproducción. Y aunque los rodajes fueron duros, la emoción compensó las pocas horas de sueño.
EL MARMITAKO DEL 16 DE AGOSTO
La anécdota más comentada del rodaje ocurrió un 16 de agosto, día de fiestas en el pueblo. De la Iglesia paseaba por las calles cuando se topó con la casa donde había vivido Graxiana Barrenetxea, una de las mujeres reales acusadas de brujería en 1610. El director pidió entrar, y los anfitriones le invitaron a comer marmitako. Aunque ya había almorzado, repitió encantado.
El equipo soñó con proyectar la película en la famosa cueva donde se grabó el aquelarre, pero la idea se frustró por falta de patrocinio. Aun así, el espíritu del rodaje sigue vivo entre sus habitantes. Y tenían razón: pocas veces un aquelarre fue tan real.