'Carnaval de ladrones', cine maldito que es hoy un documento impagable de la Pamplona y los Sanfermines de 1966

La película tuvo un discreto paso por los cines y rara vez se emitió en televisión

El protagonista, conduciendo en la Plaza del Castillo de Pamplona
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El protagonista, conduciendo en la Plaza del Castillo de Pamplona
El protagonista, conduciendo en la Plaza del Castillo de Pamplona

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Diario de Navarra

Publicado el 09/10/2025 a las 05:00

Los Sanfermines de 1966 guardan un secreto cinematográfico que, pese a pasar casi inadvertido en su estreno, a día de hoy se ha convertido en un testimonio irrepetible de la Pamplona de hace casi sesenta años. Ese verano, el director estadounidense Russell Rouse rodó 'Carnaval de ladrones', una película que situaba a una banda internacional de atracadores en pleno corazón de las fiestas. Calles abarrotadas, encierros y procesiones sirvieron de escenario para una trama que mezclaba realidad, mito y ficción.

La historia se inspiraba en una novela del escritor estadounidense P. McGivern, maestro de la novela negra, quien convirtió los símbolos de los Sanfermines -toros, gigantes y procesiones- en piezas clave de la narración. En pantalla, Stephen Boyd, el inolvidable antagonista de Ben-Hur, bebía de una bota antes de lanzarse a correr el encierro, y los ladrones aprovechaban la confusión festiva para acceder al Banco de Crédito (en la Plaza del Castillo) y sustraer joyas vinculadas a imágenes religiosas.

Curiosamente, la acción no se rodó en Estafeta, sino en la calle Dormitalería, donde se recreó el encierro con la ayuda de vecinos y niños de Pamplona.

La película sorprendió al público local con escenas de encierros que se prolongaban hasta quince minutos, muy lejos de la duración real. Aunque se criticó su inverosimilitud, Rouse defendió esta exageración: en apenas tres minutos -lo que dura un encierro medio- resultaba imposible justificar el atraco subterráneo que sustentaba la trama.

No fue la única licencia. Para camuflar el estruendo de la dinamita usada en el robo, el guion llegó a inventar la existencia de un cañón en la Plaza de Toros cuyo disparo se confundía con el chupinazo final. El resultado, según Herrera, generaba un “humor obligado”, fruto de la tensión y el caos que representan los Sanfermines.

GIGANTES, PROCESIONES Y UNA PAMPLONA DESAPARECIDA

La cinta también recurrió a la comparsa de gigantes, para la cual se encargó en Valencia la fabricación de una nueva figura: una giganta que servía como tapadera para extraer las joyas robadas. El destino de esa figura en la vida real fue Legarda, con presencia habitual en sus fiestas.

Peter (Stephen Boyd) y su compañero, Francois, en la película 'Carnaval de ladrones'
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Peter (Stephen Boyd) y su compañero, Francois, en la película 'Carnaval de ladrones'ARCHIVO
Peter (Stephen Boyd) y su compañero, Francois, en la película 'Carnaval de ladrones'

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El final de la película mezclaba una procesión mariana con la salida completa de los gigantes. Varias imágenes de culto, como Santa María de la Real de Pamplona o la Virgen de Ochagavía, desfilaron ante la cámara en un montaje que transformaba la procesión de San Fermín en un rito inventado.

Además de Pamplona, algunas escenas interiores se filmaron en Hollywood, como la Casa de Baños -ya desaparecida-, utilizada como refugio de los atracadores.

OLVIDO Y REDESCUBRIMIENTO

Pese a su potencial visual, 'Carnaval de ladrones' pasó sin pena ni gloria por los cines y apenas fue emitida en televisión. El tiempo la relegó al olvido hasta que Ramón Herrera, convertido en divulgador e historiador del cine sanferminero, la rescató gracias a copias encontradas en internet.

Para él, se trata de “la película más delirante que se ha podido hacer sobre los Sanfermines”, tal y como recogía Diario de Navarra hace una década; un filme que combina ritos y mitos en clave fantástica y que hoy se valora como un documento impagable de la Pamplona de 1966.

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