Antonio Arias, cantante y bajista de Lagartija Nick: "En el rock faltan maestros y sobran gurús"
El grupo granadino de rock inicia este jueves 9 de octubre en Pamplona la gira de presentación de ‘Eternamente en vivo’, su primer álbum en directo después de 35 años de trayectoria. Será en Indara Club a las 20.30 horas


Publicado el 08/10/2025 a las 20:16
Cuando el año pasado terminaron la gira por sus 35 años de trayectoria, el cuarteto granadino de rock Lagartija Nick se arrepintió de no haber grabado esos conciertos. “Así que decidimos hacerlo una noche, en un sitio y a una sola carta”, recuerda su cantante y bajista, Antonio Arias. Grabado en el Teatro CajaGranada, el resultado fue 'Eternamente en vivo'. “Este disco en directo supone una inyección de oxígeno porque nos sitúa en nuestro ámbito”, afirma Arias. Lo presentan este jueves 9 de octubre (20.30 horas) en Indara Club de Pamplona, ciudad con la que comienzan la gira por este nuevo disco.
Si después de 35 años este es el primer disco que graban en directo, ¿significa que queda entonces margen para seguir sorprendiendo al público?
Uno no es buen crítico de sí mismo, y siempre retrasa la edición de algo en lo que cree que se puede mejorar. Pero viendo cómo han ido los últimos años con el grupo, el sonido nos parecía muy interesante, muy versátil; abarcamos muchísimos estilos, muchísimas fases de la banda... Creo que estamos con un sonido muy convencido y que podemos abarcar cualquier tipo de propuesta. En nuestro caso este disco en directo supone una inyección de oxígeno porque nos sitúa en nuestro ámbito.
¿El directo?
Totalmente. Empezamos a principios de los noventa, y, curiosamente, nuestro mánager, de Portugalete, nos estuvo girando por allí desde el principio, así que nos hemos criado, como quien dice, en Euskadi en directo. Y desde entonces hemos potenciado ese aspecto tan expresivo. Luego hemos desarrollado otros aspectos más experimentales en nuestros discos, de cambios de formación, de estilo.... Pero sí, tenemos una formación con la que podemos abarcar nuevos proyectos de manera muy sorprendente.
Y siendo su ámbito el directo, ¿por qué no habían grabado antes un disco así?, ¿algo les tiraba a no hacerlo?
Creo que, de broma y de veras, era el dinero. Cuando hemos tenido un presupuesto para el grupo, siempre hemos tenido alguna idea que desarrollar, alguna colaboración que plasmar y que cristalizar. Así que siempre hemos cogido esos presupuestos y lo hemos visto más interesante en desarrollar experimentaciones nuevas. Pero ahora había una necesidad: desarrollamos el año pasado una gira del 35 aniversario y nos arrepentimos de no haber grabado esos conciertos. Así que decidimos hacerlo una noche, en un sitio y a una sola carta. Tiene esa urgencia, esa necesidad de que salga bien, y creo que nos quedó bastante bien.
¿Y qué tal se sintieron con el experimento?
Habíamos estado grabando todos los conciertos, y en la última época, cuando editamos Buñuel ['El perro andaluz'] y 'Los cielos cabizbajos', con una escenografía especial, se grababan todos los conciertos. Todo eso está reflejado en el documental 'Generación Lagartija'. Eran discos conceptuales, una puesta en escena muy determinada, así que, a la hora de grabar el concierto, fue una liberación por repasar la discografía de una manera libre, con un público convencido que ya se conoce en gran parte el material. La complicidad con el público ha sido el elemento más necesario y que más hemos valorado al editar el disco: que esté la emoción de la gente, esa energía que ocurre en ese momento.
Al escuchar el disco, da la sensación de que se encuentran entre amigos. Al terminar de interpretar 'Fulcanelli' se le oye a usted decir: “Esto no os lo esperabais ninguno, ¿eh?”.
[ríe] Ten en cuenta que cuando la cosa salió bien, todo el mundo, no solo el grupo, estaba contento, y para cambiar un poco el pulso del concierto nos atrevimos con un tema extraño, porque es como una canción de un disco oculto, 'Lo imprevisto' [2004], que hacíamos como de broma en los ensayos porque JJ [Machuca], el teclista, empezó un día a jugar con arreglos tipo Pink Floyd, y nos divertíamos mucho. Pero no la tocábamos en directo, hasta ese día, que dije “vamos a hacerla”. No se la esperaba la gente ni prácticamente nosotros.
En 'Eternamente en vivo' se condensan 35 años, 15 álbumes. Al echar la vista atrás para hacer la selección de doce temas, ¿qué ha visto?
Nos hemos fijado en ese carácter expresivo de urgencia, lo más rockero, lo más punki, donde las letras son más reivindicativas. Nos basamos en épocas reivindicativas como 'Nuevo Harlem', no dejamos de lado nuestros tótem como Lorca o las canciones que hemos rescatado de mi hermano Jesús, el espíritu con Morente... Está todo en el disco, pero desde la faceta más expresiva de la banda. Hemos quitado un poco la parte más dramática o la superexperimental porque ya la habíamos desarrollado en el documental.
Se han fijado, entre otras cosas, en sus letras “más reivindicativas”. ¿Es momento este de ser precisamente muy reivindicativo?
Desde que editamos el disco 'Los cielos cabizbajos' en 2019, que era una reivindicación del arte del periodismo, un llanto por las ciudades bombardeadas... ya entonces nos cagábamos en Netanyahu a boca llena. Con el paso del tiempo decía “para la gente vamos a ser el grupo coñazo que está contra la guerra”... Y no somos nada premonitores, sino que resulta que el mundo siempre está en guerra, así que siempre es necesaria esa reivindicación y, lo más importante, ese activismo, que es lo más complicado: hacer que la gente tome una postura, que se levante del sofá. Nosotros venimos desarrollando ese espíritu de compasión de las víctimas, de poner también el foco sobre ellas, y eso, desgraciadamente, no pasa de moda.
¿Y cuál es el modo de activismo de un músico?, ¿aprovechar que está sobre un escenario para coger el micro y hablar?
Totalmente. En un escenario tenemos ese carácter de amplificación, tenemos la atención de la gente en ese momento. Nadie quiere oír hablar de eso, pero se trata de romper la barrera ideológica. Porque desde que los grandes festivales se instalaron en los conciertos hay una ideología absolutamente imperante: la de “no digas nada, cobra, coge el dinero y corre”. Pero tenemos que aprovechar el escenario, y es la pieza fundamental que nos distingue de otras artes. Puedes hacerlo con mucho volumen, con mucha distorsión y mover un poco el sentimiento de la gente, sobre todo cuando hay espacios dominados por los fondos israelíes donde se trata de que la música nunca tenga protagonismo, que sea de fondo. “Vuestra música tiene que ser de fondo, nunca puede ser algo para mover a la gente” es la base hoy.
Mover más allá de hacerla bailar...
Exactamente, cuando, sin embargo, con la música hay que mover los cuerpos, por supuesto, y remover las conciencias, las mentes.
En la nota de pensa de 'Eternamente en vivo' se dice que “recopila una trayectoria tan vibrante como en ocasiones incomprensible”. ¿Incomprensible?
Puede que sea incomprendida... [ríe] Incomprensible porque a veces, cuando das muchos giros en tu carrera, parece que estás abandonando a la gente que te está siguiendo, que lo haces a posta; mucha gente no puede comprender por qué te arrojas a una experiencia en la que te puedes quedar más solo. Pero eso no solo forma parte del compromiso como artista de investigarte en mundos donde no te conoces, sino que también forma parte de la diversión de ser artista. A veces ser incomprensible es mejor que ser incomprendido [ríe].
Esa nota de prensa dice también que, “contra todo pronóstico, la banda ha sobrevivido como escurridizo verso suelto en el panorama musical español”. ¿Para ustedes también ha sido “contra todo pronóstico”?
Sí. Nuestra experiencia siempre se ha basado en el día a día, en tener una motivación en ese momento para seguir juntos, para hacer conciertos, para desarrollar discos... Creo que esa obligación que tenemos es para con nosotros y para con la gente.
¿Cómo está la salud de Lagartija Nick?
Bien. Hay músculo, hay amistad, estamos en buena forma, hay buena relación personal, musical. Creo que estamos aprovechando ahora para que se transmita ese estado que tenemos por dentro. En un concierto está el corazón abierto, tanto de los que tocan como de los que lo reciben.
Usted, en un momento determinado, dijo: “Todo lo que sé de rock me lo enseñó un flamenco”.
Totalmente. En aquellos años, cuando editamos el disco ['Omega', con Enrique Morente, 1996], todo cambió con Morente. La gente fue muy beligerante contra nosotros, y cambiar la perspectiva de todo se debió a la experiencia con el maestro: ni el mundo de la música era como yo creía ni la manera de llevar el grupo era como yo creía. Todo eso cambió con Enrique porque teníamos un disco muy real, en el que habíamos invertido muchísimo y, sin embargo, fue vapuleado, ignorado... tardamos tres años en que a la gente le gustara. Fueron tres años en el vacío. En nosotros cambió que debes hacer los discos con una convicción plena de que eso te satisface, que no puedes fijarte en lo que te diga la gente, que quería que no siguiéramos con Enrique.
Un disco que el año que viene cumple 30 años...
A la gente le ha costado 30 años perdonar la vida de ese disco. Y un flamenco, porque Morente era mi maestro y porque nos quedamos más solos que la una, me enseñó todo lo que necesitaba saber para seguir en el mundo de la música. Y en el caso del rock, faltan maestros que enseñen cosas buenas y sobran gurús que enseñan cosas malas. En mi caso, tuve suerte de desarrollar aquel trabajo con el genial Enrique Morente, convivir con él y que modificase mi forma de pensar. Porque antes de Enrique todo era más servir, agradar a la compañía, al público, a todo el mundo. Y después de aquello fue “que les den morcillas". 'Omega' es un disco que tiene muchísima verdad, y eso le da una vigencia temporal.
¿Qué ha aprendido en este tiempo de usted con Lagartija Nick?
Supongo que lo que más me ha costado trabajar es medir los tiempos. Al principio, cuando tienes una prisa tremenda por sacar una cosa, luego otra..., se crea tanta confusión en ti como en la gente. Los tiempos es lo que más he aprendido a controlar. No obligar a que trabajen obras distintas en un mismo sistema. Medir los tiempos.