La semejanza entre dos anillos romanos revela la conexión a ambos lados del Pirineo
La sortija que Aranzadi halló el verano pasado en Donazaharre (Baja Navarra) es muy parecido a la que se encontró en Burguete en 2018


Publicado el 27/05/2025 a las 05:00
El disgusto de un romano o una romana por perder su anillo se ha convertido, dos mil años después, en una alegría para los arqueólogos del proyecto transfronterizo Pirenaeus, impulsado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi y apoyado con fondos de la Eurorregión de Nueva Aquitania, Euskadi y Navarra.
El lugar del hallazgo es Donazaharre (Saint-Jean-leVieux, en francés), una pequeña localidad de la Baja Navarra muy cercana a San Juan de Pie de Puerto. El yacimiento romano de la localidad se descubrió en los años 60, pero el verano pasado se volvió a excavar utilizando una metodología y unas herramientas más modernas. Gracias a las prospecciones geofísicas, por ejemplo, se identificó un edificio que anteriormente no se conocía, y pocas semanas después dos voluntarios que trabajaban en el pavimento de esa edificación observaron algo que brillaba. Cuando lo limpiaron, advirtieron que se trataba de un anillo dorado.
Lo más curioso es que se parecía mucho a otra sortija hallada seis años antes, a menos de 40 kilómetros de distancia, en el yacimiento de Zaldua, entre las localidades navarras de Burguete y Espinal. Los arqueólogos creen que pertenecen a la misma época, a finales del siglo I e inicios del II, cuando esta zona montañosa era cruzada por una importante calzada romana. Los Pirineos, revelan los anillos, no separaban a los territorios de sus dos vertientes, sino todo lo contrario.
“Nos están hablando de dinámicas que compartían el lado sur y el lado norte, y esa conexión probablemente se realizaría a través de la calzada”, explica Oihane Mendizabal, arqueóloga y directora de los yacimientos.
La presentación del hallazgo tuvo lugar ayer en el Palacio del Condestable de Pamplona, con la presencia de los alcaldes de Burguete, Valcarlos y Donazaharre, y de Ana Ollo, vicepresidenta del Gobierno de Navarra, que actualmente ostenta la presidencia de la Eurorregión.
Ambos anillos son de oro y presentan una piedra azul grabada en el centro; la gema del anillo de Zaldua se determinó que es ónix, mientras que el de Donazaharre es de ágata. Los dos tienen una figura antropomorfa. El de Zaldua representa a la diosa Fortuna, mientras que el de Donazaharre es una figura simplificada de un soldado de pie, apoyado en la lanza, mirando a una espada que tiene en la otra mano y un escudo en el suelo. Eran motivos habituales teniendo en cuenta las modas de la época, similares a los que se han encontrado al norte de la Galia.


“Este lugar, que hoy nos parece montañoso y alejado, era un lugar de paso, un lugar importante, donde las personas que habitaban, o por lo menos cruzaban este entorno, tenían un gran poder adquisitivo”, explica Oihane Mendizabal.
La calzada transpirenaica conectaba la península ibérica con el resto del continente y del imperio. Para cruzar el Pirineo había tres pasos importantes y éste era el del extremo occidental. “Sería una autopista de la época”, expone Mendizabal. Por ella transitaban las personas, y también paraban. “Los viajes eran mucho más lentos y esas personas necesitarían descansar, alojarse, cambiar de caballos...”, apunta Mendizabal. El territorio estaba totalmente conectado con el resto de las regiones del imperio, y los arqueólogos creen que ambos anillos provendrían de los grandes talleres de orfebrería de otras regiones. “Encontrar dos objetos tan similares a los dos lados del Pirineo nos refuerza en la idea de que el Pirineo, más que una barrera, es un lugar compartido entre las dos vertientes y que esas relaciones serían muy fluidas”, añade Mendizabal.
Respecto a sus dueños poco se sabe. No se puede determinar si eran locales o foráneos; ni siquiera si eran hombres o mujeres, aunque la circunferencia en ambos casos es muy pequeña, con lo que no tendrían dedos muy rollizos. Sí que se entiende que ambos dueños pertenecerían a personas de la élite.
Tras la excavación del verano han estado el curso investigando el material, el contexto y el resto de piezas similares. El el primer anillo romano encontrado en el País vasco francés y el quinto si se tiene en cuenta también Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca.
Estos resultados son fruto de un proyecto que se puso en marcha en 2010-2011. Conscientes de la riqueza potencialidad de este montañoso territorio, Aranzadi amplió el equipo y tejió una red de municipios a los dos lados del Pirineo, más concretamente Burguete, Donazaharre y Valcarlos, y puso en marcha así el proyecto transfronterizo Pirenaeus, gracias a los fondos de Eurorregión. En él se han ido integrando trabajadores de ambos lados de la muga y han contado con la colaboración de depósitos y museos.
“Es un hito importante y la idea es seguir avanzando”, apunta Oihane Mendizabal.
Una zona rica en yacimientos
La calzada romana explica la cantidad de yacimientos de esta zona del Pirineo. Las termas de Artzi, los miliarios de Zandueta y Mugarriluze, el yacimiento romano de Zaldua, las fíbulas y monedas del barranco de Valcarlos son ejemplos de los últimos descubrimientos. Se suman a otros previos como las necrópolis de Ateabalsa u Otegi, el ara de Ibañeta y el yacimiento romano de Donazaharre, donde ha aparecido ahora el anillo. Aranzadi ha trabajado en la zona desde 2011, primero en la calzada y después en los yacimientos a su borde. “El yacimiento de Zaldua está a 900 metros de altitud con todas las trabas que supone, climatológicas, geográficas y demás, pero al mismo tiempo llegan materiales provenientes de Italia, de Germania, de la Galia... Todo ello enriquecería, había una mezcla de personas, de culturas, de lenguas, de objetos, que los arqueólogos percibimos a través de los objetos, pero que habría que extrapolar al resto de la sociedad”, expone Oihane Mendizabal.