Conciertos con memoria
Julio Iglesias llevó la apoteosis a Pamplona
El cantante madrileño llenó la plaza de toros en 1997, a pesar de que la lluvia obligó a posponer el concierto. Para explicarlo, él mismo llamó al director de 'Diario de Navarra'


Publicado el 25/05/2025 a las 10:54
No fue la única ni la última vez que Julio Iglesias cantó en Pamplona, pero probablemente fue la más apoteósica. Fue a finales de junio de 1997, cuando llenó la plaza de toros de la capital navarra, a la que acudieron cerca de 10.000 personas.
El concierto iba a celebrarse en domingo, pero llovió y tuvo que aplazarse 24 horas. Y Julio Iglesias quiso disculpar las molestias ante su público. Al mediodía del domingo el cantante llamó al director de 'Diario de Navarra' para agradecer que se hubiese publicado la noticia del aplazamiento y para decir que quería "complacer a ese público más que nunca". "Diga al público de Pamplona que lo va a pasar muy bien porque yo voy a echar el resto. Quiero salir a hombros de esa plaza y con ese público".
Llegó ese lunes en su avión privado, más allá de las dos del mediodía, y fue directo a comer, al restaurante Las Pocholas. Julio Iglesias degustó en Pamplona un menú típicamente navarro. Jamón y chistorra como entrantes; changurro, ajoarriero con langosta y solomillo a la plancha, con vinos navarros. A eso de las cinco de la tarde entró en la plaza de toros para preparar el recital. También para conocer a Miguel Induráin. "Esta tarde he tenido el privilegio de conocer por dentro y por fuera al más grande campeón que ha dado el pueblo español. Después de hablar con él entendí la galaxia de las gentes como Miguel", dijo desde el escenario.


Las crónicas del concierto, que comenzó a las 22.30 horas y se prolongó algo menos de dos horas, aseguran que "Julio Iglesias demostró sobre el escenario su actual estado de gracia y su sabiduría para provocar reacciones favorables de los espectadores. Mantiene gestos típicos, como la forma de coger el micrófono, colocarse la palma de la mano abierta sobre el vientre o mover las caderas en temas como 'Bamboleo' o 'Agua dulce, agua salá', que lograban arrancar gritos desde las gradas de "Guapo", "iBravo!",e incluso un "Macizo!", entonado desde el tendido por una voz masculina que arrancó sonrisas y aplausos.
