Dos extraños enterramientos en la antigua Pompaelo

Los arqueólogos han descubierto en Pamplona cadáveres de la época romana lanzados a fosas, como si se quisiera ocultar su muerte

Los restos del romano encontrado en las excavaciones del convento de las salesas.
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Los restos del romano encontrado en las excavaciones del convento de las salesas.
Los restos del romano encontrado en las excavaciones del convento de las salesas.

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Pedro del Guayo

Publicado el 10/05/2025 a las 10:17

Debido a las diferentes excavaciones arqueológicas que se han desarrollado en la capital navarra, muchos han sido los restos humanos que han vuelto a ver la luz del sol tras siglos bajo tierra. Y es que después de más de dos mil años de existencia es normal que bajo nuestros pies descanse el sueño eterno un generoso y variado número de viejos habitantes: visigodos, musulmanes, de época medieval, moderna… Pero de todos los restos que han salido a la claridad del día, hay unos ejemplos que por su singularidad bien merecen ser destacados.

Sirva como ejemplo el hallazgo de un curioso enterramiento durante las excavaciones arqueológicas realizadas en 2020 y en 2021 con motivo de las obras para convertir el antiguo convento de las salesas en la nueva sede de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona. Se trataba de un varón de unos 35 a 45 años, de 1,75 metros de altura y que se situó cronológicamente en el siglo III, en época del Imperio Romano. Presentaba ciertas peculiaridades que llamaron la atención desde el principio. Y es que tenía una considerable deformación de la columna, producto de una tuberculosis que debía de arrastrar desde hacía muchos años y que casi con certeza sería la causa de su fallecimiento. La colocación del cuerpo nos habla de una ausencia total de cuidado en el trato del cadáver, pues parece ser que habría sido arrojado a una fosa o zanja. Estaba colocado boca abajo, con el brazo izquierdo flexionado y su mano en el abdomen y el derecho hiperflexionado con la mano apoyada en el suelo y el puño cerrado con un hueco como si estuviese agarrando algo, pero no se ha encontrado nada pues lo que fuera se ha podido desintegrar con el paso de los años. Las piernas también estaban flexionadas y calzaba unas caligae, el clásico calzado romano usado por los legionarios con la suela reforzada con pequeños clavos.

El lugar donde se arrojó estaría alejado de los muros de Pompaelo, pero no de la calzada que salía de la ciudad y que, como en todas las vías latinas, estaría flanqueada por tumbas. También se encontraba aislado, sin otro enterramiento cerca, pareciendo como si se hubiesen querido deshacer de él, tirándolo a una fosa sin ningún miramiento.

El segundo hallazgo tuvo lugar en las excavaciones de la plaza del Castillo, relativamente cerca de donde hoy se encuentra la estatua de Carlos III. Allí se encontraron los restos de cinco hombres en una pequeña fosa. Observando a uno de ellos se pudo descubrir que había sido enterrado con las manos atadas a la espalda. La colocación de los esqueletos mostraba que tampoco se había tenido miramiento alguno en el trato de los muertos. Con total seguridad fueron ejecutados y arrojados, quedando uno al lado del otro y amontonados en un pequeño espacio.

Si nos preguntamos por el momento, tendríamos que situarlos entre el siglo II y el IV. Por entonces, el lugar era la parte exterior de la ciudad y en él se encontrarían unas termas, con lo que podemos decir que no fueron enterrados en un cementerio. Eso ha dado pie a establecer una teoría que intenta arrojar algo de luz a tan singular inhumación. Los cadáveres no presentaban indicios de tortura y fueron dejados en un sitio discreto, como queriendo los verdugos ocultar su obra por el motivo que fuese. Pudo tratarse de un turbio asesinato cuya causa se nos escapa: robo, ajuste de cuentas… O de una ejecución ordenada de forma oficial, pero siendo aplicada discretamente para que la población no se enterase. 

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